lunes, 15 de octubre de 2007

Goethe. La soledad

"La soledad está muy bien cuando uno se siente en paz consigo mismo y tiene algo concreto que hacer"

J.W. Goethe a Charlotte von Stein (4 de marzo de 1779)

domingo, 14 de octubre de 2007

Platón. La escritura

Pues eso es, Fedro, lo terrible que tiene la escritura y que es en verdad igual a lo que ocurre con la pintura. En efecto, los productos de ésta se yerguen como si estuvieran vivos, pero si se les pregunta algo, se callan con gran solemnidad. Lo mismo les pasa a las palabras escritas. Se creería que hablan como si pensaran, pero si se les pregunta con el afán de informarse sobre algo de lo dicho, expresan tan sólo una cosa que siempre es la misma. Por otra parte, basta con que algo se haya escrito una sola vez, para que el escrito circule por todas partes lo mismo entre los entendidos que entre aquellos a los que no les concierne en absoluto, sin que sepa decir a quiénes les debe interesar y a quiénes no. Y cuando es maltratado o reprobado injustamente, constantemente necesita de la ayuda de su padre, pues por sí solo no es capaz de deferenderse ni de socorrerse a sí mismo.

PLATÓN, Fedro

Definiciones de antropología: Cl. Lévi-Strauss

La antropología no se distingue de las otras ciencias humanas y sociales por un tema de estudio propio. La historia ha querido que comenzara interesándose en las sociedades llamadas "salvajes" o "primitivas" [...]. Pero este interés es compartido en forma creciente por otras disciplinas, en particular la demografía, la psicología social, la ciencia política y el derecho. [...] ¿Qué es entonces la antropología? Por el momento, limitémonos a decir que deriva de una cierta concepción del mundo o de una manera original de plantear los problemas, cosas ambas descubiertas con ocasión del estudio de fenómenos sociales que no necesariamente son más simples [...] que los que tienen por teatro la sociedad del observador, pero que -en razón de las grandes diferencias que presentan en comparación con estos últimos- ponen de manifiesto ciertas propiedades generales de la vida social que el antropólogo toma como objeto de estudio.

CLAUDE LÉVI-STRAUSS, "El lugar de la antropología" en Antropología estructural, 1960

sábado, 13 de octubre de 2007

Los diablos y la lectura

"Cuando estoy leyendo directamente del libro y sólo con el pensamiento, como suelo hacerlo, ellos [los diablos] me hacen leer en voz alta palabra por palabra, privándome de la comprensión interior de lo que leo y para que pueda penetrar tanto menos en la fuerza interior de la lectura cuánto más me vierto en el lenguaje externo."

RICHALM VOL SHÖNTHAL, Liber Revelationum de Insidiis et Versutiis Daemonum Adversus Homines, comienzos del siglo XIII

La oralidad y la escritura según Paul Valéry

"Por mucho, mucho tiempo, la voz humana fue la base y la condición de la literatura. [...] Todo el cuerpo humano, presente bajo la voz y apoyo, condición de equilibrio de la idea... Vino un día en que supimos leer con los ojos sin deletrear, sin oír, y la literatura cambió de cuajo."

PAUL VALÉRY, citado en GÉRARD GENETTE, Figuras II, 1969 (el subrayado es del autor)

viernes, 12 de octubre de 2007

Las relaciones entre el texto y el lector

Una diferencia evidente y significativa entre la lectura y todas las formas de interacción social es el hecho de que con la lectura no hay una situación cara a cara: un texto no puede adaptarse a cada lector con el que entra en contacto. En una interacción diádica, los participantes, pueden hacerse preguntas para averiguar hasta qué punto sus imágenes han llenado los vacíos creados por la no participación en las experiencias de uno y otro. El lector, no obstante, nunca puede saber cuán exactas o inexactas son las representaciones del texto que se ha hecho. Además, la interacción diádica sirve a propósitos específicos, de manera que la interacción siempre tiene un contexto regulador que funciona, frecuentemente, como un tertium comparationis, No existe tal marco de referencia que gobierne la relación texto-lector; por el contrario, los códigos que podrían regular esta interacción se encuentran fragmentados en el texto y se deben reunir o, en la mayoría de los casos, reestructurar antes de que pueda establecerse cualquier marco de referencia. Aquí, pues, en las condiciones y en la intención, encontramos dos diferencias básicas entre la relación texto-lector y la interacción social a dos. [...]
Por lo tanto, si la comunicación entre el texto y el lector va a tener éxito, está claro que la actividad del lector tiene que ser controlada de alguna manera por el texto. El control no puede ser tan específico como en una situación cara a cara y, del mismo modo, no puede ser tan determinado como un código social, que regula la interacción social. Sin embargo, los mecanismos de control qeu operan en el proceso de lectura tienen que iniciar la comunicación y controlarla. Dicho control no puede ser entendido como una entidad tangible que funciona con independencia del proceso de comunicación. Aunque utilizado por el texto, no está en el texto. [...] Lo que está ausente de las escenas aparentemente triviales, los vacíos emergiendo del diálogo, es lo que estimula al lector a llenar los blancos con proyecciones. Los sucesos lo atraen y le reclaman que supla lo denotado por lo que no está dicho. Lo dicho sólo parece tomarse en consideración en tanto que referencia a lo que no se dice; son las implicaciones y no las afirmaciones las que dan forma y amplitud al significado. Pero así como lo no dicho cobra vida en la imaginación del lector, así lo dicho se "expande" hasta adquirir más significación de lo que se pudiera suponer: incluso las escenas triviales pueden parecer sorprendentemente profundas.

Wolfang Iser


Luis Goytisolo. La realidad y las palabras

Resultado sorprendente. Por primera vez, al fijar las palabras en sus notas, tenía la sensación de estar creando algo y no -como el actor que una buena noche descubre el tedio de repetir por enésima vez su papel y se pregunta qué hace allí si nunca le ha interesado verdaderamente el teatro y si, en realidad, podría estar dedicándose a cualquier otra cosa menos monótona y repetitiva- la impresión de estar jugando un juego por jugarlo, no porque le interesara de veras. La sensación, en otros términos, de estar creando una realidad nueva en lugar de contar una historia más o menos acomodada a la forma de contar cualquier otra, el triunfo de una huelga que sea al mismo tiempo el triunfo de una toma de conciencia, o el vacío moral de quienes llevan una vida disoluta al margen de todo compromiso con la sociedad y demás cosas que se escriben, descripciones, diálogos, relato, monólogo interior, contrapuntos y puntualizaciones, los qué hay dijo Juan, los encenció un cirgarrillo, los ella soltó una carcajada, etcétera, tan pesados de leer como de escribir, incluso cuando se trata de un productivo medio de ganarse la vida.
¿Qué diferencia hay entre una flamencota que, entrevistada en la tele, habla con total desparpajo de su arte, y el escritor salido del anonimato por obra y gracia de algún premio literario, un maestro nacional o el secretario de un pequeño municipio, miope, con cara de rana, cuando se refiere al carácter intimista de su obra o a sus ideas sociales, y entonces, al dar lectura a alguna de sus cosas, sólo entonces descubre al maravillado espectador que bajo la feroz apariencia de aquella Bête que mantiene prisionera a la princesa late un corazón lleno de amor y que, tras aquella cara de rana, hay un hombre que ama y apostrofa, que habla de balcones sangrantes de geranios o del vigor que le alienta del pueblo soberano? No, nada parecido a eso. Al contrario, la sensación de estar configurando, con sólo palabras, una realidad mucho más intensa que la realidad de la que toda esa literatura pretende ser testimonio o réplica.
Más aún: era como si las palabras, una vez escritas, resultaran más precisas que su propósito previo y hasta le aclaran lo que, con anterioridad, sólo de un modo vago intuía que iba a escribir. Un libro que fuera, no referencia de la realidad sino, como la realidad, objeto de posibles referencias, mundo autónomo sobre el cual, teóricamente, un lector con impulsos creadores pudiera escribir a su vez una novela o un poema, liberador de tramas y de formas, creación de creaciones.
Se diría que así, como una célula humana fecundada contiene ya en germen todo lo que ha de ser la persona con cuyo nacimiento culminará su desarrollo, hay igualmente instantes en la vida del hombre que, por su fuerza metafórica, vienen a ser resumen o compendio de todas sus percepciones conscientes e inconscientes, la concentración, una dentro de otra, de toda experiencia implícita, instante y duración, un tiempo muy superior, en su elasticidad y amplitud, al tiempo cronológico. Y fijar ese instante, esa duración, supone un desarrollo centrífugo, círculos que se dilatan sucesivos, que se amplían como las ondas que se agrandan en torno a donde la piedra se hundió en el estanque o como una metáfora dentro de una metáfora supone un relato. El momento áureo, la sensación de que por medio de la palabra escrita, no sólo creaba algo autónomo, vivo por sí mismo, sino que en el curso de este proceso de objetivización por la escritura conseguía al mismo tiempo comprender el mundo a través de sí mismo y conocerse a sí mismo a través del mundo.
Más allá de las palabras, de su enuncidado escueto. Algo que no está en ellas sino en nosotros, aunque sean ellas, a su vez, las que nos dan realidad a nosotros.

LUIS GOYTISOLO, Recuento, 1973

lunes, 1 de octubre de 2007

Vida y personalidad de Boccaccio


Vida
La vida de Boccaccio es menos importante para la historia de la cultura que la de Dante o Petrarca, aunque Boccaccio tiene más puntos en común con Dante que con Petrarca. Desafortunadamente, la fuente básica para conocer su vida no son los documentos sino sus propias obras, si bien hay que matizar y añadir que Boccaccio también tuvo en cuenta su fama, preparar la apreciación de la posteridad tal como la entendía Petrarca.
Parece seguro que fue hijo natural, que su nacimiento tuvo lugar en Certaldo y que pasó su infancia en Florencia.
En 1327 el padre (relacionado con la firma Bardi) se estableció en Nápoles. Allí Giovanni ejerció actividades mercantiles al tiempo que disfrutaba de una vida de relaciones mundanas que le pusieron en contacto con Fiammetta, hija natural del rey Roberto de Anjou. Conviene recordar que Fiammetta es el personaje o uno de los personajes de obras boccaccianas (incluido el Decamerón), pese a que su imagen permanece imprecisa hasta el punto de que se ha llegado a creer que se trataba no de una persona real sino de un senhal. En Nápoles, Boccaccio escribió cuatro obras menores e inició estudios de derecho canónico.
En 1340 volvió a Florencia para establecerse en la ciudad. De este periodo cabe destacar tres hechos: 1) la Peste Negra de 1348, que sería el marco del Decamerón; 2) la amistad con Petrarca, origen de una orientación prehumanista; y 3) un cambio de actitud mental (una vida con otros principios morales), que tuvo como causa o consecuencia la redacción del Corbaccio y, simultáneamente, un cambio de interés literario que le indujo a rechazar -en realidad, sólo aparentemente- las obras de creación y dedicarse a actividades eruditas, a la mitología y al dantismo. Añadamos que de estos años son sus misiones diplomáticas ante diversos señores y papas (de Aviñón y de Roma) -el cisma de Occidente acabó en 1375, cuando Boccaccio ya había muerto-, y que recibió órdenes menores. Él mismo redactó su epitafio: "studium fuit alma poesis" ('el estudio fue el alma de la poesía').
Personalidad
Salvo la literatura -lo que es bastante, o mucho- no hay nada extraordinario en Boccaccio, personalidad menos rica y completa que la de Petrarca, pero también menos unilateral que la de Dante. No leguió un ideal constante como a Dante ni fue egocéntrico como Petrarca y, a diferencia de éste, fue capaz de resolver (¿con mucha o poca facilidad?) la pugna entre pasión y vida moral.
La formación de Boccaccio fue básicamente autodidacta: primeros estudios que dejaron escasa huella y una cultura amplia, profunda incluso, pero llena de lagunas: la normal pasión medieval por la astrología, el interés por los clásicos -asimiló magníficamente a los latinos, realizando una mutatio petrarquesca; con el tiempo llegó a leer a los griegos- y, sobre todo, la aceptación de la literatura románica "moderna", que le impulsó a interesarse por imitar el lenguaje y el estrofismo popular (utilizando, por ejemplo, las octavas): la prueba más concluyente de ello es la admiración y difusión de las creaciones de Dante y Petrarca.
El pensamiento de Boccaccio es ecléctico. En política no le inquietó el dilema papa-imperio; fue italiano pero sin una localización precisa. En religión recibió órdenes menores, tenía fe pero le preocupaba escasamente la religión y resolvió de forma práctica su problema moral. En estética se manifestó defensor entusiasta de la poesía (latina y vulgar) que según él constituía el anima mundi; aun siguiendo teóricamente el canon medieval (verdad sub velamento, finalidad útil, arquitectura), la atención a la coetaneidad le llevó a romper con estas teorías y, tras los fracasados intentos juveniles, no pretendió ser ni alegórico ni útil ni doctrinal.
En resumen, Boccaccio es a la vez un medieval y un humanista. En él coexistieron o se sucedieron dos personalidades: la personalidad artística, la única que hoy se toma en consideración, y la personalidad erudita, que fue la clave de su éxito en su época y durante muchos siglos. De hecho, no tuvo ninguna (o, en todo caso, poca) ambiciones extra-artísticas o extra-intelectuales.

Texto:
DAVID ROMANO
Imagen:
Andrea del Castagno. Giovanni Boccaccio. c. 1450