sábado, 24 de marzo de 2007

Sobre las formas de futuro en las lenguas romances


  • Latín clásico (sistema sintético): CANTABO > cantaré / DICAM > diré
  • Latín vulgar (sistema analítico): CANTARE + HABEO / DICERE + HABEO
El futuro sintético latino fue sustituido por las formas perifrásticas. En sus orígenes, el futuro analítico (verbo + HABEO) indicaba exclusivamente obligación. En las lenguas romances coexisten ambos modos del tiempo verbal futuro. Diversos autores han explicado las causas de la aparición del futuro perifrástico en el latín vulgar que luego heredaron sus diversos dialectos. Estas causas, según dichos autores, son, para unos, de naturaleza morfológica y, para otros, de naturaleza estilística o semántica. En el siguiente extracto de un artículo del lingüista Eugenio Cosseriu, se demuestra que ambas explicaciones son insuficientes para explicar la coexistencia de ambas formas de futuro, y añade una causa de naturaleza antropológica: un cambio de mentalidad.

Explicación morfológica: el futuro clásico se sustituyó por formas perifrásticas deido a la heterogeneidad y a las deficiencias materiales de las formas sintéticas; deficiencias que se volvieron intolerables sobre todo después de ciertos cambios fónicos ocurridos en el llamado "latín vulgar". El futuro sintético resultaba extraño, desde el punto de vista sistemático, por formarse de dos maneras distintas en las cuatro conjugaciones y por la coincidencia con el subjuntivo presente en la primera persona de las conjugaciones 3ª y 4ª. Por lo tanto, ya en el latín clásico, constituía un "punto débil" del sistema. Todo esto habría determinado la sustitución del futuro sintético por las perífrasis con habeo, debeo, volo, que resultaban inequívocas.

Explicación estilística-semántica: el futuro perifrástico se impuso debido al prevalecer de una particular actitud mental contrria a la idea meramente "temporal" del futuro y favorable, en cambio, a otros valores, modales y afectivos: lo determinante habría sido, pues, una necesidad expresiva para la que el futuro sintético del latín clásico resultaba inadecuado, no tanto por sus deficiencias formales como por su mismo contenido semántico.

Esta segunda causa ha sido defendida, sobre todo, por Karl Vossler, indicando que todo el concepto temporal del futuro era débil y se desvaneció, además que "el futuro nunca es muy corriente en el bajo pueblo. En la lengua popular el concepto de futuro se descuida, o se maltrata y oscurece de algún modo, pues el hombre común adopta frente a las cosas futuras una actitud de voluntad, de deseo, de esperanza o de temor, más bien que de contemplación, conocimiento o saber. Se necesita una conciencia siempre vigilante, una disposición filosófica y un hábito de pensar, para no dejar que la idea temporal del futuro se extravíe en los dominios modales del temor, de la esperanza, del deseo y de la incertidumbre. Estas condiciones habrían faltado en las grandes masas del pueblo romano. De esta manera, al desviarse tan fuertmente el sentido latino-vulgar del futuro hacia la dirección práctica de varios significados modales, las antiguas formas sintéticas se volvieron supérfluas, pues para esos significados modales, las antiguas formas sintéticas se volvieron superfluas, pues para esos significados existían otros modos expresivos más apropiados, que solo más tarde se habrían gramaticalizado, en parte, como nuevas formas de futuro, como sucedió con la construcción de infinitivo + habere en sardo, y con la de infinitivo + velle (lat. vulg. volere) en rumano.

Explicación según Cosseriu: La circunstancia históricamente determinada fue, sin duda, el cristianismo: un movimiento espiritual que, entre otras cosas, despertaba y acentuaba el sentido del a existencia e imprimía a la existencia misma una genuina orientación ética. El futuro latino-vulgar, en cuanto no significa "lo mismo" que el futuro clásico, refleja, efectivamente una nueva actitud mental: no es el futuro "exterior" e indiferente, sino el futuro "interior", encarado con consciente responsabilidad, como intención y obligación moral.

Que esta no es una simple ilación fundada apenas en la contemporaneidad entre el cristianismo y el latín "vulgar", lo demuestra el hecho de que, en efecto, el nuevo futuro es particularmente frecuente en los escritores cristianos. Y hay más aún: en un escritor cristiano que era también un gran filósofo -y, por lo tanto, era capaz de entender y revelar teóricamente esa neue Denkform que otros hablantes habrán adoptado de una manera espontánea e intuitiva- aparece en términos explícitos la idea de la "copresencia" de los momentos temporales. Se trata, naturalmente, de San Austín y de su famoso análisis del tiempo, tan distinto de todo lo que, sobre ese tema, no ha legado la antigüedad clásica. He aquí las palabras textuales del santo:

"Pero lo que ahora es claro y manifiesto es que no existen los pretéritos ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pretérito, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella ya no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación)...Luego no son aquellas sílabas, que ya no existen, las que mido, sino mido algo en mi memoria y que permanece en ella fijo." [SAN AGUSTIN: Confesiones, X1,20,26]

Este importante testimonio nos proporciona el necesario indicio extralingüístico de que la actitud de que se habla existía y era, precisamente, una actitud cristiana..

La renovación del futuro latino debe incluirse, pues, entre los muchos cambios lingüísticos motivados por las nuevas necesidades expresivas suscitadas por el cristianismo. De esta manera, al atribuirse la iniciativa del cambio a un movimiento espiritual históricamente determinado, se elimina también la vaguedad de todas aquellas explicaciones que lo atribuyen al modo de hablar del "pueblo". En general, el concepto de "pueblo" (cuando no equivale a 'comunidad hablante') es, en lingüística, un concepto ambiguo, cuyos límites nadie conoce. Pero, en el caso llamado "latín vulgar" se trata, además, de una petitio principii, pues significa dar por demostrado precisamente aquello que hay que demostrar. En efecto, un modo lingüístico cualquiera no es "popular" porque integra el 'latín vulgar' (que es, simplemente, el latín continuado sin interrupción por las lenguas romances), sino que, al contrario, el 'latín vulgar' es "popular" en la medida en que son "populares" los modos lingüísticos que lo integran.

Extraído de:
E. COSSERIU, Estudios de lingüística románica, Capítulo I