domingo, 29 de abril de 2007

La poesía lírica medieval: Guilhem de Peitieu


El primer trovador conocido, o sea el primer poeta de lengua romance cuyo nombre sabemos es Guilhem de Peitieu (Guillermo, nacido en el año 1071, VII conde de Poitiers y IX duque de Aquitania desde 1086; muerto en 1126), soberano que poseía más tierras que el propio rey de Francia y que pertenecía a una dinastía ilustre por la cultura y las aficiones literarias de sus príncipes. Gracias a su elevada categoría feudal tenemos datos preciosos sobre su vida y su temperamento, que impresionó vivamente a los cronistas contemporáneos. Estos nos relatan una serie de curiosas y pintorescas anécdotas referentes a este soberano con pocos escrúpulos, adversaro de la Iglesia, que hubo de excomulgarlo, cruzado en una expedición desastrosa a Jerusalén, participante en España en la guerra contra los almorávides y esposo de dos damas que, repudiadas por él, se recluyeron en un mismo monasterio, una de las fundaciones de Robert d'Abrissel. Hombre cínico, burlón y sensual, Guilhem de Peitieu nos aparece en el breve cancionero de sus composiciones tan pronto desenvuelto y obsceno, dirigiéndose juglarescamente a sus compañeros de armas y de diversión, como nostálgico y enamorado cortés, rindiendo vasallaje a una dama, o bien vencido por la pesadumbre y la desgracia, lamentando su juventud y abandonando "la alegría, el regocijo, los veros, el gris y el armiño", es decir las ropas ducales de su rango. Estas variaciones de acento, de tono y de actitud son una transparente imagen de su vital personalidad, de sus dudas, de la repercusión que hallan en su espíritu los acontecimientos de su agitada vida. Aunque es muy posible que existieran otros trovadores anteriores a él, cuya obra se habrá perdido, en la poesía de Ghilhem de Peitieu sorprendemos una actitud y un sentido del arte nuevos. En sus versos ha desaparecido el sentido didáctico de la poesía de los clérigos medievales y ha nacido el concepto moderno del arte secularizado. Asombra advertir que hacia el años 1100 este singular personaje sea capaz de liberarse de la anécdota y traducir su experiencia íntima y dudosa en versos de un sorprendente automatismo como los siguienes:

Farai un vers de dreyt nien:
non er de mi ni d'autra gen,
non er d'amor ni de joven,
ni de ren au,
qu'enans fo trobatz en durmen
sobre chevau.

["Haré un verso sobre absulutamente nada: no será sobre mí ni sobre otra gente, no será de amor ni de juventud, ni de nada más. sino que fue compuesto durmiendo sobre un caballo"]
Y sigue diciendo que no sabe en qué hora nació, si está alegre o triste y que no es arisco ni sociable

qu'enaissi fuy de nueitz fadatz
sobr'un pueg au.

["porque así fui hechizado de noche sobre una alta montaña"]
Y a continuación, en una estrofa impresionante afirma que jamás fio a la mujer que ama, ni sabe dónde vive, si en el monte o en el llano... La atmósfera de misterio y de vaguedad, acentuada por la idea de una dama desconocida, hace de esta una de las composiciones más cargadas de poesía de la lírica medieval. Lo admirable es que en los versos de Guilhem de Peitieu la lengua romance es sometida, por primera vez que sepamos, a la elaboración poética culta, y a pesar de ello tanto los recursos técnicos de versificacion y rima, como la aplicación de la retórica y el empleo del idioma vulgar ofrecen una sorprendente perfección y revelan un consciente y delicado trabajo de artista. Sin tanteos ni inicios primerizos conocidos nos hallamos, repentinamente, ante una poesía de forma acabada y correctísima y que encierra un mensaje poético y una vital experiencia. En Guilhem de Peitieu ya parecen diseñados los cánones del amor cortés extramatrimonial, y el poeta, poderoso soberano, afirma que su dama (evidentemente de categoría mucho menos elevada que la suya) lo puede inscribir en el padrón de sus siervos.

Martín de Riquer