martes, 1 de mayo de 2007

Esparta. 4


Finalmente, Esparta no tuvo más elección que tomar un camino radicalmente distinto al de cualquier otro estado. El momento decisivo llegó en la llamada segunda guerra mesenia, que, dice la tración, duró diecisiete años y que hay que fechar probablemente en el tercer cuarto del siglo VII. Mesenia se rebeló y los espartanos se vieron muy apurados para sofocar el alzamiento, principalmente, a lo que parece por Tirteo, a causa del descontento, desorden y casi rebelión en sus propias filas.
Durante este conflicto Tirteo abogó por la eunomía, "obediencia a las leyes", que iba a ser, según la opinión de algunos griegos, la mayor virtud espartana en época clásica. (Vale la pena señalar que en todas sus exhortaciones al patriotismo y eunomía, Tirteo nunca mencionó al legislador Licurgo.) Y una vez que los mesenios fueron sometidos de nuevo, los espartanos se dedicaron a elaborar una solución común a sus problemas más apremiantes, la eliminación de stasis en casa y el mantenimiento de un dominio seguro sobre los hilotas que sobrepasaban grandemente en número a los hombres libres. No podemos seguir con precisión los pasos por los que la solución (un comproniso entre diversos grupos y peticiones contradictorios) fue lograda. No hay acuerdo entre los estudiosos, por ejemplo, respecto a la fecha o el significado exacto de un documento clave, la llamada Gran Retra, conservada por Plutarco ene un texto corrupto dentro de un contexto confuso. Según alguna interpretación, este breve texto, que distribuye el poder decisorio entre los reyes, el consejo de ancianos y la asamblea de todos los iguales, señala la primera vez en la historia griega en que la asamblea popular recibe fomalmente poderes, aunque restringidos, en una fecha probablemente anterior a la segunda guerra mesenia. La Retra no hace referencia a los éforos que ya existían y que más tarde, a mediados del siglo VI, se convirtieron en el poder ejecutivo más importante del gobierno espartano. Tanto la medida de nuestra ignorancia como el valor de la evolución en las instituciones espartanas, que hemos de tener en cuenta, están suficientemente ejemplificadas en este texto único.
La eunomía fue terminada, según Heródoto en el reinado de León y Agasides, esto es, a principios del siglo sexto. "Mucho antes -escribe- se gobernaban con las peores leyes de toda Grecia, tanto en lo interno como con los extranjeros, con quienes no tenían comercio." Si esto tiene algún fundamento, significa que dos generaciones después de la segunda guerra mesenia se vio el resultado de la harto compleja estructura de la sociedad espartana en época histórica. Los Espartiatas varones, los Iguales, se convirtieron en un cuerpo militar en régimen de jornada completa. Sus vidas, en principio, estaban enteramente moldeadas por el estado y enteramente dedicdas a él. Incluso para decidir si se permitía sobrevivir o no a un niño se dejaba a un lado a los padres y se encargaban de ello los oficiales públicos. Este era uno de los sistemas que servían, simbólicamente y también en la práctica, para minimizar los lazos de parentesco y reducir, por tanto, una importante fuente de lealtades contradictorias. A los siete años un niño era entregado al estado para su educación, que se concentraba en la audacia física, la habilidad militar y las virtudes de la obediencia. En la niñez y adolescencia se desarrollaba a través de agrupaciones íntimas con gente de su edad; cuando era adulto su principal asociación era con su regimiento militar y su comida en común. Diversos ritos reforzaban el sistema en las etapas fijadas de crecimiento del hombre.
La concentración en un solo objetivo de la vida de los Espartiatas se veía fortalecida por su abandono de todas las preocupaciones y actividades económicas. Esto incumbía a los hilotas y periecos que, de distintas maneras, producían la comida y las armas y se ocupaban del comercio. Los hilotas trabajaban por pura coacción, pero los periecos eran los beneficiarios de una situación de monopolio, libre de competencia tanto por parte de los mismos espartanos como de los extranjeros. A los Espartiatas incluso se les prohibía el uso de la moneda acuñada, y los de fuera no tenían permiso para accedera la economía salvo por mediación de los periecos o del estado. Esta situación probablemente ayuda a explicar por qué oímos hablar poco de desórdenes por parte de los periecos, pese a su carencia de autonomía y su contribución militar obligatoria. También explica el fracaso de Esparta en desarrollarse dentro de una comunidad urbana.
Desde la niñez, también, a los espartanos se les fomentaba la competición recíproca, no en realizaciones intelectuales o para el provecho económico, sino en proezas y resistencias físicas. Los premios eran honoríficos más que materiales en cierto sentido, pero entre ellos había puestos de autoridad y liderazgo. A los dieciocho años ya se podía ver uno recompensado por la admisión por la admisión en un cuerpo juvenil de élite llamado hippeis, cuyas funciones eran servir de escolta personal a los reyes y llevar a cabo misiones gubernamentales secretas. Luego venía la posibilidad de conseguir una jefatura en el ejército y finalmente un puesto en el gobierno.

FINLEY, M.I., La Grecia primitiva: Edad del Bronce y Era Arcaica, Crítica-Grijalbo, 1987