martes, 5 de junio de 2007

Federico García Lorca, nacido el 5 de junio de 1898


El momento histórico que les ha tocado vivir a algunos poetas los ha transformado en iconos de un ideal y su obra permanece ensombrecida por su trayectoria vital y por los diferentes siginificados que le damos a ésta según avanzan los años. Federico García Lorca es un ejemplo de poeta del que se conoce más algunas características de su vida (y su muerte) que su obra. Pero esto no es extraño debido a que su personalidad era brillante, como lo atestigua un retrato en prosa que hizo Alberti sobre su época en la Residencia de Estudiantes: inteligente, ingenioso, alegre, elegante... Su muerte, que parece una escena trágica sacada de ese mundo de pasiones oscuras que tan bien refleja su obra La casa de Bernarda Alba, es otro elemento de su biografía que sobresale (inevitablente) y relega el conocimiento de su trabajo intelectual. Poque García Lorca no solamente fue poeta y dramaturgo, también fue un intelectual comprometido con la tarea de acercar al gran público la cultura. A pesar de no haber participado activamente en la política, su trabajo con "La barraca" formó parte del proyecto cultural de la Segunda República.
Deleitarse con la lectura de su poesía o con sus obras de teatro es fácil. Tiene la característica de los clásicos: nos habla de nosotros, de nuestro mundo. Los deseos, temores, prejuicios, pasiones y sentimientos que determinan y torturan a sus personajes, podemos encontrarlos en nosotros, ciudadanos del siglo XXI. Lo que no suele ser frecuente es que un texto en la que se habla de la propia poética sea en sí mismo poesía, como el texto que sigue a estas líneas y que se publicó en el libro de Gerardo Diego titulado Poesía española contemporánea, cuya primera edición es del año 1932.
De viva voz a Gerardo Diego
¿Pero qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.
Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.
En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema.