lunes, 30 de julio de 2007

Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo. 1


Desde el siglo XII, en Toledo, convertida en capital cultural del reino castellano, la Escuela de Traductores había emprendido la tarea de trasladar al latín el inmenso patrimonio cultural transmitido a través de la cultura árabe. La ciencia oriental, la astronomía, las matemáticas, la física, la alquimia, la botánica, así como el pensamiento clásico aristotélico, olvidado durante siglos, consiguieron penetrar en el mundo hispano y, a través de él, (re)introducirse en occidente y modificar profundamente sus presupuestos culturales. Sería difícil entender los caminos del pensamiento filosófico europeo, de la escolástica, sin tener en cuenta esa tarea previa de adaptación. Aristóteles fue conocido en Europa a través de las interpretaciones que de su pensamiento se habían realizado en el mundo musulmán (de la mano de los hispanomusulmanes Avenpace y Averroes). Y las escuelas cristianas tuvieron que proceder a una paciente tarea de glosa y exégesis, no siempre libre de prejuicios, para intentar dilucidar qué aspectos de los textos podían ser atribuidos a su autor, y cuáles eran debidos a su adaptador musulmán. Se desarrolló, como consecuencia de ello, un peculiar método de análisis y de adaptación a los propios presupuestos culturales, de cristianización, de los textos transmitidos a través del mundo árabe y del pensamiento islámico, que posibilitó la obra de Tomás de Aquino.
Los cambios socioculturales del siglo XIII supusieron, como ya hemos visto, la irrupción del romance como lengua de cultura. Y la Escuela de Traductores no podía ser ajena a los cambios genrales que se estaban operando en su tiempo. Es posible que la influencia de los judíos, hostiles a la utilización del latín, desempeñara un papel decisivo en ese cambio. Pero, a pesar de la influencia de los intelectuales judíos en la Escuela de Traductores, probablemente el cambio no habría alcanzado tal magnitud si no se hubieran dado, simultáneamente, las condiciones socioculturales necesarias para ello y la voluntad política de convertir el romance castellano en vehículo de intercomunicación entre los hablantes de las extensas zonas de la corona de Castilla.

Texto extraído de:
COLOMA LLEAL,
La formación de las lenguas romances peninsulares, 1990
Imagen de Averroes (Ibn Rushd o Avén Rushd) (1126-1198)