jueves, 27 de septiembre de 2007

El teatro profano en la Edad Media

Nacido de la liturgia y al servicio de la fe en sus más antiguas manifestaciones en lengua moderna, el teatro decididamente profano aparece como el resultado de un proceso de secularización del religioso, proceso cuyas etapas hemos podido seguir. El mismo Rutebeuf, autor del Milagro de Teófilo, escribió hacia 1260 un monólogo cómico, Dit de l'herberie (Decir de la herboristería), puesto en boca de un médico que acaba de llegar de Oriente y pondera comercialmente las virtudes de sus plantas curativas. La farsa se inicia con la pieza titulada El mozo y el ciego (Le garçon et l'aveugle), escrita entre 1266 y 1282, en la cual el muchacho que acompaña a un ciego le hace objeto de burlas y pillerías, crueles para nuestra sensibilidad pero divertidas para el público medieval. Esta farsa desarrolla elementos que alcanzarán su máxima expresión artística en el Lazarillo de Tormes castellano. En el teatro profano francés aparece en la segunda mitad del siglo XIII la figura del estudiante universitario Adam le Bossu, llamado también de la Halle, natural de Arrás. Su Jeu de la Feullée (Representación de la glorieta), que se fecha hacia 1277, es una obra singular y personalísima, pues en ella aparecen en escena Adam, el propio autor, su padre y su mujer, sus vecinos y sus amigos, y todos ellos son objeto de una satírica caricatura en la que se manifiestan sus defectos y vicios. El elemento fantástico, personalizado en tres hadas que toman parte en la acción, tiene también cabida en esta desconcertante, humana y divertida obra que termina con pintorescas escenas en una taberna, donde un clérigo es desplumado por sus compañeros de juego. Adam le Bossu es también el autor del Jeu de Robin et Marion, representado entre 1285 y 1289 en la corte italiana de Carlos de Anjou, que es fundamentalmente una pastorela escenificada en el transcurso de cuya acción hay fragmentos cantados.
Primera escena de la divertida farsa titulada Maistre Pierre Pathelin (anónima y escrita hacia 1464), según los expresivos grabados de la edición de P. Levet (París, hacia 1489). Pathelin, abogado sin pleitos, se lamenta con Guillemette, la cual se queja de que no puede comprarse ricas telas para sus vestidos. Pathelin recurrirá a una argucia para contentar a su mujer.

La graciosa escena del juicio en la farsa de Maistre Pierre Pathelin. El abogado Pathelin defiende a un pastor que es acusado de comerse los carneros de su amo, y como es un personaje rústico que en sus declaraciones se confundirá, Pathelin le aconseja que conteste "¡Bee!" a cuanto le pregunte el juez. La acción se complica porque el amo del pastor es el drapero a quien Pathelin ha engañado llevándose sin pagar telas para su mujer Guillemette. Como sea que Pathelin y el drapero van discutiendo sobre la estafa de las telas al mismo tiempo que se ventila el pleito de los carneros, y ello produce una cómica confusión, el juez, para centrar el pleito, dice "Revenons à ces moutons" ('Volvamos a estos carneros'), frase que se ha hecho proverbial en francés. Grabado de la edición de la farsa impresa hacia 1489.

Martín de Riquer