domingo, 16 de septiembre de 2007

Literatura y lengua vasca en los años previos a la Guerra Civil: el Eusko Ikaskuntza y la Euskaltzaindia

La derogación de los fueros en 1876 supuso una toma de conciencia de la necesidad de salvaguardar elementos culturales diferenciadores como la lengua vasca.
Los movimientos políticos de los últimos años del siglo XIX, bajo el reinado de Alfonso XII, atrajeron reivindicaciones internacionales como el movimiento socialista, con la fundación del PSOE en 1879 y su posterior arraigo en Vizcaya, sin duda el territorio más industrializado de la Península y polo de atracción de la incipiente clase obrera.
Por otro lado, una parte del movimiento fuerista se había ido convirtiendo en nacionalista y comenzaba a reivindicar la independencia de los territorios vascos, al igual que lo estaban haciendo en otras partes de Europa, incluida Cataluña. Sabino Arana fundó el PNV en 1895 en Vizcaya, bajo el lema "Jaun-goikua eta Lagi-Zarra" (Dios y Fueros), que extendió al resto de territorios vascos, a los que dio el nombre de Euzkadi, y comenzó a concurrir a convocatorias electorales.
El nuevo panorama político provocó la intestabilidad de los diferentes gobiernos españoles bajo el reinado de Alfonos XIII, hasta que en 1923 llegó el golpe de estado y posterior período dictatorial de Primo de Rivera, en el que todas las reivindicaciones del Partido Nacionalista Vasco, para entonces devenido en autonomista, fueron rechazadas.
Sin embargo, con la proclamación de la II República en 1931, los nacionalistas vascos, que habían ganado en el País Vasco las elecciones a Cortes gracias a su coalición con los fueristas (a pesar de que en el resto del Estado se habían impuesto los republicanos-socialistas), volvieron a poner sobre la mesa la cuestión autonomista.
Tras largas discusiones el Estatuto de Autonomía para el País Vasco no se haría realidad hasta octubre de 1936, cuando, una vez iniciada la Guerra Civil, el gobierno republicano ofreció a los nacionalistas participar en el mismo. El Gobierno vasco, presidido por José Antonio Aguirre, y debido al aislamiento con el frente de Madrid, funcionó como si de un estado independiente se tratara, dotado de ejército, policía y moneda propios. Tras la caída de Bilbao en junio de 1937, el Gobierno vasco se trasladó a Santander, en donde finalmente firmó el pacto de Santoña y pasó al exilio.
En el aspecto socio-cultural, la prosperidad económica proporcionada por al minería, la siderurgia y la construcción naval facilitó el desarrollo de iniciativas culturales diversas, entre las que cabe destacar la celebración del I Congreso de Estudios Vascos en 1918 y la fundación ese año, como consecuencia del mismo, de la Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, y de la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, cuyo primer presidente fue precisamente Resurrección María de Azkue.
Eusko Ikaskuntza desarrollaría su labor en un amplio abanico de disciplinas sociales, desde las ciencias sociales y políticas hasta las bellas artes, pasando por la enseñanza, la lengua, etc. La difusión de dichas actividades se haría mediante la Revista Internacional de Estudios Vascos, RIEV, fundada en 1907 y convertida en la publicación oficial de Eusko Ikaskuntza a partir de 1921.
Euskaltaindia, por su parte, pronto acometería tareas como una cierta unificación de la lengua que tomó como base el dialecto guipuzcoano, y propuso algunas normas ortográficas, todo ello de la mano de Azkue.
El diario nacionalista Euzkadi, fundado en 1913 y que se dejó de publicar en 1937, además de ser un órgano expresivo del PNV, sirvió de base para la publicación por entregas de obras literarias, originales y traducidas en sus páginas en euskera.
Las letras vascas, a partir de 1930 conocieron un desarrollo sin precedentes en lo que se ha llamado el renacimiento literario, o Pizkundea, con autores y obras qeu situaron a la literatura vasca, especialmente a la lírica, en el camino de la modernidad.

Extraído de:
JOSÉ MANUEL LÓPEZ GASENI, Historia de la literatura vasca