lunes, 1 de octubre de 2007

Vida y personalidad de Boccaccio


Vida
La vida de Boccaccio es menos importante para la historia de la cultura que la de Dante o Petrarca, aunque Boccaccio tiene más puntos en común con Dante que con Petrarca. Desafortunadamente, la fuente básica para conocer su vida no son los documentos sino sus propias obras, si bien hay que matizar y añadir que Boccaccio también tuvo en cuenta su fama, preparar la apreciación de la posteridad tal como la entendía Petrarca.
Parece seguro que fue hijo natural, que su nacimiento tuvo lugar en Certaldo y que pasó su infancia en Florencia.
En 1327 el padre (relacionado con la firma Bardi) se estableció en Nápoles. Allí Giovanni ejerció actividades mercantiles al tiempo que disfrutaba de una vida de relaciones mundanas que le pusieron en contacto con Fiammetta, hija natural del rey Roberto de Anjou. Conviene recordar que Fiammetta es el personaje o uno de los personajes de obras boccaccianas (incluido el Decamerón), pese a que su imagen permanece imprecisa hasta el punto de que se ha llegado a creer que se trataba no de una persona real sino de un senhal. En Nápoles, Boccaccio escribió cuatro obras menores e inició estudios de derecho canónico.
En 1340 volvió a Florencia para establecerse en la ciudad. De este periodo cabe destacar tres hechos: 1) la Peste Negra de 1348, que sería el marco del Decamerón; 2) la amistad con Petrarca, origen de una orientación prehumanista; y 3) un cambio de actitud mental (una vida con otros principios morales), que tuvo como causa o consecuencia la redacción del Corbaccio y, simultáneamente, un cambio de interés literario que le indujo a rechazar -en realidad, sólo aparentemente- las obras de creación y dedicarse a actividades eruditas, a la mitología y al dantismo. Añadamos que de estos años son sus misiones diplomáticas ante diversos señores y papas (de Aviñón y de Roma) -el cisma de Occidente acabó en 1375, cuando Boccaccio ya había muerto-, y que recibió órdenes menores. Él mismo redactó su epitafio: "studium fuit alma poesis" ('el estudio fue el alma de la poesía').
Personalidad
Salvo la literatura -lo que es bastante, o mucho- no hay nada extraordinario en Boccaccio, personalidad menos rica y completa que la de Petrarca, pero también menos unilateral que la de Dante. No leguió un ideal constante como a Dante ni fue egocéntrico como Petrarca y, a diferencia de éste, fue capaz de resolver (¿con mucha o poca facilidad?) la pugna entre pasión y vida moral.
La formación de Boccaccio fue básicamente autodidacta: primeros estudios que dejaron escasa huella y una cultura amplia, profunda incluso, pero llena de lagunas: la normal pasión medieval por la astrología, el interés por los clásicos -asimiló magníficamente a los latinos, realizando una mutatio petrarquesca; con el tiempo llegó a leer a los griegos- y, sobre todo, la aceptación de la literatura románica "moderna", que le impulsó a interesarse por imitar el lenguaje y el estrofismo popular (utilizando, por ejemplo, las octavas): la prueba más concluyente de ello es la admiración y difusión de las creaciones de Dante y Petrarca.
El pensamiento de Boccaccio es ecléctico. En política no le inquietó el dilema papa-imperio; fue italiano pero sin una localización precisa. En religión recibió órdenes menores, tenía fe pero le preocupaba escasamente la religión y resolvió de forma práctica su problema moral. En estética se manifestó defensor entusiasta de la poesía (latina y vulgar) que según él constituía el anima mundi; aun siguiendo teóricamente el canon medieval (verdad sub velamento, finalidad útil, arquitectura), la atención a la coetaneidad le llevó a romper con estas teorías y, tras los fracasados intentos juveniles, no pretendió ser ni alegórico ni útil ni doctrinal.
En resumen, Boccaccio es a la vez un medieval y un humanista. En él coexistieron o se sucedieron dos personalidades: la personalidad artística, la única que hoy se toma en consideración, y la personalidad erudita, que fue la clave de su éxito en su época y durante muchos siglos. De hecho, no tuvo ninguna (o, en todo caso, poca) ambiciones extra-artísticas o extra-intelectuales.

Texto:
DAVID ROMANO
Imagen:
Andrea del Castagno. Giovanni Boccaccio. c. 1450