domingo, 11 de marzo de 2007

ANÓNIMO, Romance de la doncella guerrera

En Sevilla a un sevillano
siete hijas le dio Dios:
todas siete fueron hembras
y ninguna fue varón.
A la más chiquitita de ellas
le llevó la inclinación
de ir a servir a la guerra
vestidita de varón.
Y al montar en el caballo
la espada se le cayó;
por decir "maldita sea"
dijo "maldita sea yo".
El rey, que lo estaba oyendo,
de amores se cautivó:
- Madre, los ojos de Marcos
son de hembra y no de varón.-
- Convídala tú, hijo mío,
a los ríos a nadar,
que si ella fuera hembra
no se querrá desnudar.-
Toditos los caballeros
se empiezan a desnudar,
y el caballero don Marcos
se ha retirado a llorar.
- ¿Por qué llora usted, don Marcos?-
- Porque debo de llorar,
por un falso testimonio
que me quieren levantar.-
- No llores, alma querida,
no llores, mi corazón:
que eso que tú tanto sientes,
eso lo deseo yo.