domingo, 6 de mayo de 2007

6 de mayo de 1937. Incendio del "Hindenburg"


El eterno sueño de la humanidad ha sido siempre volar.; la obsesión de los hermanos Montgolfier. Los inventores del globo esférico de aire caliente (1783) dieron las primeras pistas para que a principios del siglo XX naciera el globo dirigible. Popularizado simplemente como "dirigible", en sus inicios este aerostato tenía un vuelo muy errático, un defecto que con el tiempo se fue corrigiendo. Gracias a la invención de una estructura más rígida para contrarrestar la resistencia del aire y la incorporación de un motor, el dirigible se convirtió en el primer artefacto volador capaz de ser controlado en un vuelo de larga distancia. Autopropulsado y gobernado libremente como cualquier aeronave, el dirigible era, hace cien años, un icono del progreso técnico que se paseaba por el cielo de todo el mundo.
La época dorada del dirigible se tiene que situar entre el 1900 y la década de los treinta, no solo por sus usos militares (sobre todo durante la Primera Guerra Mundial) sinó también como medio de transporte de pasajeros. De vuelo silencioso, con una gran autonomía y poco contaminante, el dirigible podía transportar grandes cargas y aterrizar en cualquier lugar, sin necesidad de una gran infraestructura. Pero, por contra, estos enormes aparatos eran muy vulnerables a las inclemencias del tiempo y dependían para ascender, de un gas que fuera más ligero que el aire, y la mayoría de estos gases son tóxicos e inflamables. Dos inconvenientes que fueron causantes de más de una catástrofe.
El primer dirigible totalmente operativo a cielo abierto fue construido por Renard y Krebs en 1884 para el ejército francés. Le France, tal como fue bautizado, tenía 51,8 mts de lontigud y consiguió un vuelo de 8 kms en 23 minutos gracias a un motor eléctrico de 8,5 CV. Cerca ya del siglo XX, el brasileño Alberto Santos-Dumont también empezó a hacer carrera en este campo. En 1898 diseñó su primer dirigible, inflado con hidrógeno, que llamó Número 1. Al cabo de un año lo probó con suerte el 2 y el 3 respectivamente y a partir de entonces su trayectoria no se detuvo hasta llegar secuencialmente al Número 22 y al avión 14-bis, al principio acoplado a un dirigible.
Otro nombre propio que se ha de tener presente es el del conde Ferdinand von Zeppelin, propietario de la compañía de dirigibles que llevaba su nombre. Fue el encargado de iniciar una época de esplendor cuando el julio de 1900 bautizó su Luftschiff Zeppelin (LZ1), uno de los aparatos más famosos de la historia. De hecho, sin tener nada que ver con la fábrica Zeppelin, los dirigibles que posteriormente utilizaron su tecnología (algunos de los cuales, construidos en el Reino Unido y en EEUU entre 1920 y 1930) se pasaron a llamar zepelines. De estos dirigibles alemanes se usaron más de cien en la Gran Guerra como arma ideal para combatir la superioridad naval británica. Pero, a la hora de la verdad, resultaron ineficaces y, además, los ingleses también fabricaron los suyos: más de 225 no rígidos, algunos de los cuales vendieron a Rusia, Francia y EEUU. Mientras tanto, en España, Leonardo Torres Quevedo, que había trabajado en los dirigibles desde 1902, en 1928 diseñaba el dirigible trasatlántico Hispania, un proyecto que fracasó por la falta de financiación.
Durante el período de entre guerras, diversos países aprovecharon para perfeccionar sus dirigibles. En Norteamérica, construyeron el primer dirigible rígido, el USS Shenandoah (ZR-1). Se estrenó en 1923 y era el primero que volaba inflado con helio, muy raro en aquel tiempo. De hecho, el dirigible alemán que se estaba construyendo entonces, el Graft Zeppelin (LZ127), funcionaba con gas azul, similar al propano. Pensado para el transporte de pasajeros, este último voló más de dos millones de kilómetros, incluyendo la primera circunnavegación del planeta, sin tener ningún accidente. Pero esta no fue la tendencia general de aquel período. El USS Shenandoah se estrelló en 1925 en una tormenta y hubieron 14 víctimas mortales. Ocho años después, una fuerte ráfaga de viento provocó que el USS Akron cayera al mar y murieran 73 personas. Y de este hecho solo habían pasado dos años cuando el USS Macon también se accidentó y perdieron la vida dos personas. Ninguno de estos accidentes superó la espectacularidad del incendio del dirigible alemán Hindenburg (LZ 129), en 1937.
Como consecuencia de esta último incidente, la confianza en los dirigibles quedó gravemente afectada. No solo como transporte comercial sino también para usos militares. Aunque los norteamericanos, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, continuaron con su programa de construcción de dirigibles. En 1941, Los EEUU tenían operativos diez dirigibles no rígidos.
Pero acabada esta guerra, gradualmente los dirigibles fueron desapareciendo del paisaje aéreo. No fue hasta hace poco que compañías como la Zeppelin, que en 1997 hizo el vuelo inaugural del Zeppelin NT para transporte de pasajeros, recuperaron el negocio de los dirigibles. La posibilidad de transportar carga o utilizarlos como satélites, además de usos publicitarios y fotográficos, son puertas que se vuelven a abrir para estas máquinas.


Hingenburg 248 mts
Boeing 747 70,7 mts
Titanic 267 mts






Extraído del Suplemento Presència del 13 de abril de 2007