jueves, 26 de abril de 2007

Esparta. 1


Ideales y costumbres espartanos
"Contrarias también al resto de los griegos son estas costumbres que instituyó Licurgo en Esparta. Pues, en el resto de ciudades, evidenemente, todos se enriquecen todo lo que pueden: uno trabaja la tierra, otro tiene barcos, otro comercia, otros viven de sus oficios. Ahora bien, En Esparta, Ligurgo prohibió a los hombres libres que se dedicaran a cualquier tipo de comercio y les impuso solo aquellas obras que procuran libertad a las ciudades; solo estas consideraron como propias de ellos mismos. Pero claro, en realidad ¿para qué se habría de desear en Esparta la riqueza, precisamante allí, donde, habiendo él ordenado contribuir por igual en todo lo necesario y tener un mismo género de vida, consiguió que que no desearan el dinero por debilidad? Ahora bien, es que ni para los vestidos necesitan dinero: pues no se adornan con la riqueza de los vestidos, sino con la buena forma física de sus cuerpos. Y es que no necesitaban tener riqueza ni para gastársela con los compañeros: pues consideró que era mucho más digno de aplauso servir a los amigos con el esfuerzo que con gastos [...] E, incluso, pudiéndose enriquecer por medios no muy justos prohibió también eso a los espartanos [...] El oro y la plata son buscados, y si se descubre alguna cosa en algún lugar, es multado aquel que lo tiene. ¿Para qué, pues, se desearía allí la ganancia, donde la poseción de la riqueza comporta más problemas que alegrías proporciona su beneficio?"
JENOFONTE, República de los lacedemonios, 7

Diferencias entre la monumentalización de Atenas y Esparta
"Si Esparta fuera destruida y solo se tuvieran que salvar los templos, a partir de sus ruinas las generaciones futuras podrían poner en duda que su pasada consideración correspondiera a su fama [...] Bien al contrario, en Atenas se le atribuiría una fama doble de la real."
TUCÍDIDES, Guerra del Peloponeso, 1, 10

La educación de los jóvenes espartanos
"Los hijos no se criaban según la voluntad del padre, sino que les eran quitados y llevados a un lugar llamado lesche, donde los ancianos de las tribus examinaban el bebé oficialmente, y si este tenía una buena constitución física y era resistente, los ancianos ordenaban al padre que lo criara y le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra. Ahora bien, si, por el contrario, era enfermizo o deforme, los enviaban a un lugar llamado Apotetes, un enclave situado al pie del monte Taíget [...]. En cuanto tenían la edad de siete años -los sanos-, Licurgo ordenó que fueran quitados a los padres y enrolados en compañías, en las que se los sometía a la misma dieta y disciplina, y así, se acostumbraban a compartir los unos con los otros los deportes y los estudios."
PLUTARCO, Vidas paralelas. "Vida de Licurgo", 16

"[Los jóvenes espartanos] roban, también, de la comida lo que pueden, aprendiendo a ingeniárselas para asaltar a los que duermen o guardan sus propiedades con negligencia. Aquel que es atrapado es condenado un castigo consistente en recibir latigazos y pasar hambre. La ración que cada joven recibe es mínima, para que, obligándolos a saciar la necesidad por sus propios medios se vean en la obligación de ser arriesgados y astutos."
PLUTARCO, Vidas paralelas. "Vida de Licurgo", 17, 4-6

"Los espartanos se organizaban en compañías de quince, más o menos, y cada uno de los compañeros de mesa contribuía mensualmente con una medida de cebada, ocho galones de vino, cinco libras de queso, dos libras y media de higos, y a eso se añadía una pequeña cantidad de dinero para delicadezas, como, por ejemplo, carne o pescado [...]. Los jóvenes también acudían normalmente a estas mesas públicas como si estuvieran participando en competiciones de sobriedad; allí podían escuchar discusiones políticas y observar modelos instructivos de educación liberal."
PLUTARCO, Vidas paralelas. "Vida de Licurgo", 12