sábado, 21 de abril de 2007

Los goliardos

Yo soy cosa ligera,
Cual la hoja que arrastra indiferente el huracán.

Como el esquife que boga sin piloto,
Como un pájaro errante por los caminos del aire,
No estoy fijado ni por el ancla ni por las cuerdas.

La belleza de las muchachas hirió mi pecho,
Aquellas a las que no puedo tocar, las poseo con toda mi alma.

En segundo lugar se me reprocha el juego,
pero tan pronto como el juego me deja desnudo y el cuerpo frío mi espíritu se enciende.
Es entonces cuando mi musa compone mis mejores canciones.

En tercer lugar hablemos de la taberna.

Quiero morir en la taberna,
Donde los vinos estén cerca de la boca del moribundo;
Luego los coros de los ángeles bajarán cantando:
"Que Dios sea clemente con este buen bebedor"

Más ávido de voluptuosidades que de la salvación eterna,
Con el alma muerta, solo me importa la carne.

¡Qué difícil es domeñar la naturaleza!
¡Y permanecer puro de espíritu ante la vista de una bella!
Los jóvenes no pueden obedecer una ley tan dura
y no hacer caso de la disposición de su cuerpo.