domingo, 13 de mayo de 2007

El 2% restante.

No hace falta haber estudidado antropología para saber que todas las sociedades, en sus inicios, se han caracterizado por creer en fuerzas superiores que dirigían sus destinos. La hostilidad de la naturaleza, el dolor, la lejanía de las estrellas, hacen comprensible que buscaran una causa por la cual la subsistencia se les hacía tan difícil y finalmente, imposible, al menos a título individual. Estamos en los inicios del siglo XXI y las cosas no han cambiado tanto. Seguimos teniendo los mismos miedos a pesar de los avances tecnológicos, así que no es tan difícil de entender que el 98% de la población mundial siga creyendo en una fuerza superior y que el 50% la llame Dios.

Incluirme en el 2% restante se puede tomar como el deseo de formar parte de una minoría, y las minorías siempre se han relacionado con el concepto de élite. Mi caso no es este, ni tampoco un furibundo positivismo, ni siquiera se debe un rechazo a la espiritualidad. Tampoco me caracterizo por el escepticismo exacerbado. Mis conocimientos de ciencia y de teología son casi nulos, pero a pesar de mi ignorancia en esos temas me he formado una opinión con respecto a la existencia de Dios, dioses o el panteísmo.

Creo que la única fuerza que determina nuestra existencia, y la existencia de cualquier elemento, ya sea orgánico o no, es el azar. Una de las razones que me han dado más a menudo sobre la creencia de algo superior es el mecanismo de la propia naturaleza: la naturaleza es sabia y tiene que existir un plan superior que la dirige o una mano divina que está dentro y fuera de ella de manera omnipresente y omnipotente. Pero yo a esto me pregunto ¿en base a qué se dice que la naturaleza es sabia? ¿simplemente porque tenemos cabida en ella? No creo que los dinosaurios estuvieran de acuerdo con esta afirmación: la naturaleza no tenía cabida para ellos, sencillamente desaparecieron del planeta y no les debió parece una sabia decisión natural (en el caso de que a un dinosaurio le pudiera "parecer" algo). Creo que han exisistido más formas de vida que se extinguieron de las que existen en la actualidad. Y a mí eso me hace pensar que muchas formas de vida no eran perfectas puesto que no se pudieron adaptar al medio. Esto me recuerda más a las prácticas de un científico que no ha aprobado con buenas notas la carrera que a la inteligencia de la naturaleza. Churchill decía algo así como que los norteamericanos siempre aciertan pero después de haber agotado todas las soluciones equivocadas. Esta afirmación (que creo se puede aplicar a todas las naciones, no solo a los EEUU) se ajusta, más o menos, la opinión que yo tengo de la naturaleza.

Quizá nuestra existencia se deba sencillamente a que se dio la circunstancia de que dos o más elementos (células, átomos o lo que sea) se cruzaron en el momento oportuno, por lo visto en el océano, y surgió la vida de la que nosotros derivamos. ¿Por qué ese encuentro tiene que formar parte de un plan? Yo opino que existe un alto porcentaje de probabilidades a que ese nacimiento de la vida como nosotros la entendemos podría no haberse dado. A lo mejor existen planetas con las mismas características que la Tierra y sin embargo, no existe la vida. O planetas con características muy distintas, que harían imposible nuestra existencia en ellos, y sin embargo está habitado por seres muy distintos a nosotros. Todo esto me suena más a fruto del azar: un encuentro, una forma de vida; un desencuentro, una vida en potencia que no existe.

Otra de las razones que me han dado para la existencia de un ser trascendental es que nuestra vida no tendría sentido si estamos en este valle de lágrimas por casualidad y nos vamos de él sin saber por qué ni a dónde. Y no me explico por qué no puede ser así. A lo mejor no hay ningún sentido. Claro que esto es bastante angustioso y parecería un chiste absurdo (si no fuera porque cuesta un poco reírnos de nuestra propia muerte) sufrir tanto por algunas cosas sin importancia (casi todas) si al fin y al cabo, irremediablemente, pasaremos a ser nada, al menos nada "pensante". Creo que los existencialistas, abrumados por esta angustia, fue cuando empezaron a hablar de "la nada" y de "la náusea". Quevedo tampoco convivía cómodamente con el asunto de dejar de ser ("polvo sin sosiego"; "Fué sueño ayer, mañana será tierra;/poco antes nada, y poco después humo"). Debe ser un gran consuelo creer que nuestros actos terrenos tendrán una u otra consecuencia en un más allá, a ser posible, paradisíaco. Creo que también debe ser bastante tranquilizador (no tanto como lo del paraíso) creer que formamos parte de una plan trascendente que da un sentido a nuestra efímera existencia. Yo opino que no existimos por necesidad, sino por casualidad, y que lo único que tenemos es a nosotros mismos y a nuestras circunstancias (perdón por el tópico) y que por eso, a pesar de que el ser humano es un ser político, estamos abocados a la soledad y a la perplejidad que nos produce estar dentro de un universo infinito que se expande ciego, sordo e indiferente.