domingo, 24 de junio de 2007

Josefa Massanés de González. Finísima ironía


En 1841 aparecía el libro Poesía, de Josefa Massanés de González, ilustre poeta catalana nacida en Tarragona el año 1911. De esta escritora se ocuparon muchos estudiosos, prueba de que llegó a ser conocida en su tiempo, refrendada, además, por las diversas traducciones de sus obras y por el título de Académica Honoraria de las Buenas Letras de Barcelona. Pero el hecho de que una señora -incluso admitiendo su talento- escribiera unas poesías no sería importante si no supusiera esta obra, especialmente el prefacio de la misma, por una parte, un inequívoco canto feminista; por otra, la irónica recopilación de las ideas reinantes sobre la mujer y su instrucción.
El libro incluye, además de otros poemas, La resolución (poema XXI del citado libro) no es sólo la decisión irrevocable de no volver a "poner la pluma sobre el papel", simboliza también la resignación a la ignorancia y es un divertido canto a esa "Emancipación puramente intelectual" de la que habla la autora. Escrito en julio del 37, es mucho más que el reflejo de un día caluroso: es el resumen de todo un siglo, de las aspiraciones femeninas, y es, sobre todo, la confirmación razonadade que la mujer virtuosa y madre, ideal del XIX, será mucho más honesta si se instruye.
Uno de los puntos clave que trata Massanés es la igualdad de la educación, ya que, "cada cual, sea varón o hembra, deben impulsar la gran máquina de los humanos conocimientos con los esfuerzos de su aplicación y talento", y es conveniente enseñar "a cada niña (al paso que aprenda las labores anexas a su sexo) los mismos rudimentos de las buenas letras y las bellas artes que a los niños". De este modo la mujer podrá seguir sus inclinaciones, si bien a veces para sobrevivir deberá ocultar sus conocimientos, ya que por principio se le niega la educación:

Se niega a esta preciosa mitad del género humano la aptitud para los trabajos intelectuales, y en caso de concedérsela, en caso de reconocer en la mujer las dotes de una brillante inteligencia, se la amenaza con el desprecio si intenta aprovecharse de tan inestimable don, pretextando que el saber la perjudica (...) Si por irresistible inclinación se entrega a los estudios, oculta los inocentes frutos de sus desvelos como un crimen punible a los ojos de los hombres.

La mujer ignorante es esposa de un hombre por instinto, como los pájaros: "por instinto lo eligió y el mismo instinto pudiera llamarla hacia otro". Si tiene instrucción será mucho más cuidadosa con sus hijos, ya que "la mujer acostumbrada a meditar y saber distinguir lo bueno de lo malo" puede guiar mejor a los hijos, cuidará mejor de su hogar porque será menos perezosa y "cuanto más ilustrada más afable y sencilla será". Esa educación es, además, "la savaguarda de su honor, la garantía de las virtudes de las inocentes criaturas confiadas a sus cuidados". Tal vez, la más interesante sea la preocupación por las clases bajas a las que deben ser educadas según sus necesidades, también opina que deben conocer lo mínimo indispensable para apartar así la superstición y el fanatismo.


La resolución

¿Qué yo escriba? No por cierto,
no me dé Dios tal manía;
antes una pulmonía,
primero irme a un desierto.

Antes que componer, quiero
tener por esposo un rudo,
mal nacido, testarudo,
avariento y pendenciero;

Educar una chiquilla
mimada, traviesa y boba;
oír vecina a mi alcoba
la Giralda de Sevilla.

Si yo compongo, mi rima
censure el dómine necio,
lea el sabio con desprecio,
y un zallo cajista imprima;

Un muchacho la recite
con monótona cadencia,
la destroce en mi presencia,
y ponga frases y quite...

¡Oh! No habrá quien me convenza,
bien puede usted argüir:
¡una mujer escribir
en España! ¡Qué vergüenza!

¿Pues no se viera en mal hora
que la necia bachillera
hasta francés aprendiera?
¿Ha de ir de embajadora?

Antes, señor, las muchachas
no estudiaban, ni leían...
Pero en cambio, ¡cuál fregaban!
¡Barían con un primor!

Hilaban como la araña,
amasaban pan, cernían,
y apuesto que no sabían
si el godo invadió o no España.

¿Qué le importa a la mujer
de dó se exporta el cacao,
si es pesca o no el bacalao,
como lo sepa cocer?...

¡Cual quedara mi persona,
mordida por tanta boca!
Me llamaran necia, loca,
visionaria, doctorona.

Sin amor ni compasión,
alguno, con tono ambiguo,
dice que de escrito antiguo
es copia mi concepción.

Sin ase la loquilla,
siempre a vueltas con Cervantes,
recitando consonantes
de Calderón o Zorrilla.

¿Cómo podrá gobernar
bien su casa? ¡Es imposible!
¡Cual si fuera incompatible
coser y raciocinar!

Anatema al escribir,
al meditar y leer;
amigo, sólo coser
y murmurar, o dormir.

Extraído de:
ESTRELLA DE DIEGO, La mujer y la pintura del XIX español, Cátedra, 1987