domingo, 29 de julio de 2007

La leyenda de cómo se conocieron John Ford y John Wayne.


John Wayne había adquirido una cierta fama como jugador de rugby, una práctia que tuvo que abandonar como consecuencia de una lesión. También tuvo que abandonar la Universidad de Southern California, conde jugaba su equipo de rugby, porque la lesión le hizo perder la beca deportiva. Eso le llevó, a finales de los años veinte, a buscar trabajo en Hollywood. Coincidió con John Ford en los estudios de la Fox, cuando el director ya había dirigido unas cuantas películas. El director hizo broma sobre su condición de jugador de rugby y lo invitó a hacerle un placaje. El joven Wayne no lo dudó y lo hizo caer al suelo. Todos los presentes temían la reacción de Ford, pero a éste le encantó el placaje y se levantó con una sonrisa. Dicen que este fue el inicio de una gran amistad.
Hay otra versión, u otra pequeña leyenda, de cómo los dos John se hicieron amigos. O quizá es un complemento que apunta al refuerzo de su amistad. Wayne, que a veces hacía pequeños papeles en films de Tom Mix, se encargaba de cosas del attrezzo en el rodaje de Mother Machree (1928), de Ford. En ese trabajo se le escaparon unas ocas que provocó la interrupción del rodaje de una secuencia. También todo el mundo estaba espectante ante la posible de enojo de Ford, pero este sonrió. Años después, Wayne puso el nombre de "Oca Salvaje" a su barco. Pero desde que se conocieron, hasta la gran oportunidad de La diligencia (1939) pasaron más de diez años. Ford creía que Wayne tenía que luchar con pequeños papeles e incluso con algunos grandes, como el que tuvo en The Big Trail (1930), que narra el viaje de unos colonos desde el río Mississipi hacia el Oeste. El mismo Ford recomendó a Wayne al director William Wyler, pero todavía tardó unos años hasta que le ofreció protagonizar una película suya. Desde La diligencia, con la cual el western da un giro y adquiere prestigio, hasta La taverna del irlandés (1963), Wayne trabajó con su amigo Ford en catorce películas que revelan su capacidad para interpretar intencionadamente una diversidad de personajes a veces contradictorios, no siempre transparentes, a menudo marcados por heridas amargas, definitivamente sentimentales ocultos tras corazas que mezclan dureza con ironía distante.

Resumen de un artículo publicado en el suplemento Presència, número 1839
Foto de Corbis