sábado, 4 de agosto de 2007

Descifrar lenguas desaparecidas


Los pueblos de la antigüedad hablaban lenguas diferentes de las actuales. Los sistemas para representarlas gráficamente, mediante la escritura, era muy variados y no siempre intuitivos. Podían consistir en sistemas fonéticos, como nuestro alfabeto, donde cada símbolo representa un sonido (un fonema); sistemas silábicos, en el que cada símbolo representa una sílaba; sistemas logográficos, es decir, donde cada símbolo se corresponde con una palabra o con un concepto; sistemas semasiográficos, formados por dibujos que representan el concepto cifrado... Incluso podía ser que los signos no se correspondieran con la manera de hablar.
Algunas de estas lenguas han evolucionado dando paso a las lenguas actuales, que conservan algunas características de las ancestrales. Eso nos pude dar algunas pistas sobre como interpretarlas. Pero la mayoría de ellas se extinguieron y llegaron a nosotros únicamente en forma de documentos escritos, que ya nadie sabía leer. Frente a un mensaje escrito en una lengua extinguida, ¿cómo se ha de abordar su interpretación? ¿Cómo se puede conseguir descifrarla?
En primer lugar, es necesario distinguir entre descifrar la escritura y descifrar la lengua. Cuando se descifra la escritura se trata de averiguar cómo se leían los mensajes escritos, es decir, a qué sonidos hablados correspondían los símbolos escritos, etc. Eso permite leer la lengua en voz alta, pero no significa que entendamos lo que se dice. Descifrar la lengua, entonces, corresponde al trabajo de entender el significado de los símbolos y la gramática que siguen, con el objetivo de comprender los mensajes que encierran. Existen lenguas, como el ibérico, cuya escritura se ha podido descifrar, pero poco se sabe del significado que ocultan sus textos.
Cuando se está delante de un documento escrito en una lengua desconocida y lo queremos descifrar, lo primero que se hará será aventurarse a suponer cuál deberá ser el sistema de representación gráfica que seguirá: ¿fonético, como el nuestro?, ¿logográfico?, ¿una combinación de ambos? Si se da una equivocación en la predicción del investigador, no podrá llegar a ningún sitio. Eso es lo que pasó durante muchos tiempo con los jeroglíficos egipcios. Los investigadores estaban convencidos de que se tenía que tratar de un sistema semasiográfico, donde los dibujos deberían representar precisamente eso que la imagen mostraba. Asimismo, Champollion, en el siglo XIX, apostó por un sistema mixto fonético y logográfico y acertó.
¿Hay alguna cosa que pueda hacer que el investigador se decante por un sistema u otro? Se pueden contar cuántos símbolos diferentes se utilizan. Si hay pocos, entre 20 y 40, probablemente se trate de un sistema fonético o silábico. Si hay muchísimos más, probablemente se trate de un sistema logográfico, como el chino.
Una buena estrategia para comenzar a descifrar es partir de los nombres propios. Los nombres propios (de reyes, faraones, de lugares) suelen pronunciarse de formas muy parecidas en las diferentes lenguas. Si podemos contar con documentos bilingües que contengan nombres propios podremos comenzar a descifrar los primeros símbolos. O bien, los podemos encontrar en monedas, inscripciones funerarias, etc. Una vez obtenidos los primeros símbolos descifrados, el resto del proceso suele seguir una "reacción en cadena", puesto que unos signos llevan a otros, y así sucesivamente.
Finalmente, es necesario interpretar la lengua, entender aquello que dice. Los textos bilingües resultan de gran ayuda en esta labor. Por otro lado, si resulta que al descifrar la escritura descubrimos que la lengua está emparentada con alguna otra, podemos partir de sus similitudes. Si no se cuenta con ninguna de estas opciones, podemos acudir a otras estrategias más originales. Así y todo, todavía quedan lenguas, como la maya o la minoica, que se resisten a desvelar los secretos que esconden.

Extraido de diferentes notas
Imagen: El disco de Festos