lunes, 10 de septiembre de 2007

Algernon Charles Swinburne

Nadie lo ha visto, nadie,
por encima de otros dioses y de las formas de las cosas,
raudo sin pies y volando sin alas,
insoportable, no revestido ni de muerte ni de vida,
insaciable, no conocido ni por la noche ni por el día,
el amo del amor y del odio y de la contienda,
que da una estrella y se lleva el sol,
que moldea el alma y la convierte en esposa estéril
del cuerpo terrenal, deplorable producto de arcilla,
que convierte las enormes ramas en llamitas
y limita el gran océano con un poco de arena;
que hace el deseo y decapita el deseo con la vergüenza;
que sacude el firmamento en su mano como si fuesen cenizas;
que viendo que la luz y la sombra son lo mismo
insta al día a que consuma la noche mientras el fuego devora un tizón,
golpea sin espada, flagela sin látigo,
Dios, ese mal supremo.

ALGERNON CHARLES SWINBURNE, extracto de Atalanta in Calydon