lunes, 27 de agosto de 2007

INGMAR BERGMAN, Secretos de un matrimonio

"MARIANNE: ¿Recuerdas lo que tuvimos que aprender de niños? Toda esa cantinela sobre que el amor corporal es lo más bonito que existe. Que el cuerpo era un templo y que una no podía perderse en pequeñeces. O algo igual de estúpido. Acostarse con alguien era casi un acto sacramental. Todo era tan bonito, sensible y especial que nos entraban grandes temblores cuando teníamos que ponernos manos a la obra y llevarlo a la práctica. Por otro lado estaba la pornografía, con enormes coitos, colosales aparatos y orgasmos ininterrumpidos. Eso también era bastante desconsolador. (Pausa) ¿En qué piensas, Joahn? Pareces muy pensativo."

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"MARIANNE: A veces siento pena por no haber amado nunca a nadie. Tampoco creo que haya sido amada. Eso me entristece.
JOHAN: Ahora creo que estás exagerando.
MARIANNE (sonríe): ¿Te parece?
JOHAN: Sólo puedo responder de mí mismo. Y pienso que te quiero a mi manera incompleta y bastante egoísta. Y a veces creo que tú me quieres a tu manera peleona y emocionalmente transtornada. Creo que tú y yo nos queremos. De una manera terrenal e imperfecta.
MARIANNE: ¿Crees que eso es verdad?
JOHAN: Tienes demasiadas pretensiones.
MARIANNE: Sí, las tengo.
JOHAN: Pero aquí, con toda sencillez, en mitad de la noche, en una casa oscura, en algún lugar del mundo, estoy sentado y te abrazo. Y tú me abrazas. No puedo asegurar que sienta alguna empatía o humanitarismo.
MARIANNE: No puedes, no.
JOHAN: Mi amor es como es. No puedo describirlo y no suelo sentirlo.
MARIANNE: ¿Y tú crees que yo también te quiero?
JOHAN: Sí, quizá. Pero si nos sermoneamos mucho sobre el particular, el amor se desvanecerá."

INGMAR BERGMAN, Secretos de un matrimonio y Saraband, 1973 y 2003