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lunes, 15 de octubre de 2007

Goethe. La soledad

"La soledad está muy bien cuando uno se siente en paz consigo mismo y tiene algo concreto que hacer"

J.W. Goethe a Charlotte von Stein (4 de marzo de 1779)

lunes, 1 de octubre de 2007

Vida y personalidad de Boccaccio


Vida
La vida de Boccaccio es menos importante para la historia de la cultura que la de Dante o Petrarca, aunque Boccaccio tiene más puntos en común con Dante que con Petrarca. Desafortunadamente, la fuente básica para conocer su vida no son los documentos sino sus propias obras, si bien hay que matizar y añadir que Boccaccio también tuvo en cuenta su fama, preparar la apreciación de la posteridad tal como la entendía Petrarca.
Parece seguro que fue hijo natural, que su nacimiento tuvo lugar en Certaldo y que pasó su infancia en Florencia.
En 1327 el padre (relacionado con la firma Bardi) se estableció en Nápoles. Allí Giovanni ejerció actividades mercantiles al tiempo que disfrutaba de una vida de relaciones mundanas que le pusieron en contacto con Fiammetta, hija natural del rey Roberto de Anjou. Conviene recordar que Fiammetta es el personaje o uno de los personajes de obras boccaccianas (incluido el Decamerón), pese a que su imagen permanece imprecisa hasta el punto de que se ha llegado a creer que se trataba no de una persona real sino de un senhal. En Nápoles, Boccaccio escribió cuatro obras menores e inició estudios de derecho canónico.
En 1340 volvió a Florencia para establecerse en la ciudad. De este periodo cabe destacar tres hechos: 1) la Peste Negra de 1348, que sería el marco del Decamerón; 2) la amistad con Petrarca, origen de una orientación prehumanista; y 3) un cambio de actitud mental (una vida con otros principios morales), que tuvo como causa o consecuencia la redacción del Corbaccio y, simultáneamente, un cambio de interés literario que le indujo a rechazar -en realidad, sólo aparentemente- las obras de creación y dedicarse a actividades eruditas, a la mitología y al dantismo. Añadamos que de estos años son sus misiones diplomáticas ante diversos señores y papas (de Aviñón y de Roma) -el cisma de Occidente acabó en 1375, cuando Boccaccio ya había muerto-, y que recibió órdenes menores. Él mismo redactó su epitafio: "studium fuit alma poesis" ('el estudio fue el alma de la poesía').
Personalidad
Salvo la literatura -lo que es bastante, o mucho- no hay nada extraordinario en Boccaccio, personalidad menos rica y completa que la de Petrarca, pero también menos unilateral que la de Dante. No leguió un ideal constante como a Dante ni fue egocéntrico como Petrarca y, a diferencia de éste, fue capaz de resolver (¿con mucha o poca facilidad?) la pugna entre pasión y vida moral.
La formación de Boccaccio fue básicamente autodidacta: primeros estudios que dejaron escasa huella y una cultura amplia, profunda incluso, pero llena de lagunas: la normal pasión medieval por la astrología, el interés por los clásicos -asimiló magníficamente a los latinos, realizando una mutatio petrarquesca; con el tiempo llegó a leer a los griegos- y, sobre todo, la aceptación de la literatura románica "moderna", que le impulsó a interesarse por imitar el lenguaje y el estrofismo popular (utilizando, por ejemplo, las octavas): la prueba más concluyente de ello es la admiración y difusión de las creaciones de Dante y Petrarca.
El pensamiento de Boccaccio es ecléctico. En política no le inquietó el dilema papa-imperio; fue italiano pero sin una localización precisa. En religión recibió órdenes menores, tenía fe pero le preocupaba escasamente la religión y resolvió de forma práctica su problema moral. En estética se manifestó defensor entusiasta de la poesía (latina y vulgar) que según él constituía el anima mundi; aun siguiendo teóricamente el canon medieval (verdad sub velamento, finalidad útil, arquitectura), la atención a la coetaneidad le llevó a romper con estas teorías y, tras los fracasados intentos juveniles, no pretendió ser ni alegórico ni útil ni doctrinal.
En resumen, Boccaccio es a la vez un medieval y un humanista. En él coexistieron o se sucedieron dos personalidades: la personalidad artística, la única que hoy se toma en consideración, y la personalidad erudita, que fue la clave de su éxito en su época y durante muchos siglos. De hecho, no tuvo ninguna (o, en todo caso, poca) ambiciones extra-artísticas o extra-intelectuales.

Texto:
DAVID ROMANO
Imagen:
Andrea del Castagno. Giovanni Boccaccio. c. 1450

domingo, 30 de septiembre de 2007

Erich Maria Remarque. Sin novedad en el frente


La noche del 10 de mayo de 1933 una multitud de estudiantes nazis se reunió en Berlín con el fin de quemar los libros de autores considerados enemigos del nuevo orden político. La gravedad de la escena no estaba exenta de cierta ridícula teatralidad. Los escritores prohibidos eran citados uno por uno y acusados de diversos crímenes contra la nación alemana. Judíos, marxistas, liberales o socialistas eran inculpados por igual. De este modo, las obras de Marx, Engels, Heine, Freud, Mann y un largo etcétera acabaron en las llamas. Entre los escritores condenados se encontraba Erich Maria Remarque, autor del libro más conocido sobre la Primera Guerra Mundial, Sin novedad en el frente, que había vendido millones de ejemplares en todo el mundo. Sin embargo, los nazis la consideraban una obra derrotista, lo que fue expresado con vigor por el estudiante que arrojó el libro al fuego:

Contra la traición al soldado de la Gran Guerra, por la educación del pueblo en el espíritu de la verdad. Entrego a las llamas los escritos de Erich Maria Remarque.

Erich Maria Remarque nació en 1897 en Osnabrük (Westfalia). Desdendía de una familia de origen francés que había emigrado a Alemania en el siglo anterior. Tenía 17 años cuando estalló la guerra. Dos años depués, en 1916, fue llamado a filas junto con el resto de sus compañeros de estudios. Como casi todos los miembros de su generación participó del entusiasmo idealista de luchar por la patria. Pero toda la exaltación romántica se vino abajo cuando vio la realidad del frente. Suciedad, miseria, sangre... El horror que sus maestros les habían ocultado. Se sintió engañado y con sólo 20 años se veía viejo y hastiado.
Acabada la guerra aceptó un puesto como maestro en una escuela rural, pero pronto se cansó y se unió a una caravana de gitanos. Más tarde se empleó como organista en un asilo. Después montó un negocio de automóviles que fracasó, y con posterioridad se dedicó a diversos oficios (delineante, tenedor de libros, crítico teatral).
Los años pasaban y el recuerdo de la guerra, lejos de desvanecerse le atormentaba. Decidió escribir sobre el conflicto. La obra, que concluyó en apenas seis meses, comenzó a publicarse en 1928 en forma de folletín en el diario Wossische Zeitung. Un año después apareció en forma de libro. La novela tuvo un éxito sin precedentes. Sólo el primer año se vendieron un millón de ejemplares en Alemania y luego fue traducida a 15 idiomas. Remarque se convirtió en famoso y rico en poco tiempo, lo que le animó a escribir una continuación. Después, publicada en 1930 abordaba los problemas que debían resolver los soldados que, acabada la guerra, volvían a sus casas. El nuevo libro tuvo una discreta acogida.
Sin novedad en el frente (Im Westen Nicht Neues) fue desde su publicación una obra muy polémica que a nadie dejaba indiferente. De ahí en gran medida la causa de su éxito. La guerra aparece como una matanza sin sentido, donde miles de jóvenes inocentes pagan con sus vidas el orgullo y la mezquindad de padres y profesores, a los que critica con amargo desdén:
A veces nos burlábamos de ellos y les hacíamos pequeñas jugarretas, pero en el fondo teníamos fe en ellos. La noción de una autoridad, de la cual eran los representantes, comportaba, a nuestros ojos, una perspicacia mayor y un saber más humano. Ahora bien, el primer muerto que vimos aniquiló tal creencia. Hubimos de reconocer que nuestra generación era más honrada que la suya [...] A pesar de ello, no nos convertimos ni en revoltosos ni en desertores, ni en cobardes; amábamos a nuestra patria tanto como ellos y a cada ataque marchábamos valerosamente hacia adelante; pero ya habíamos comenzado a ver, de repente, y advertíamos que de su universo no quedaba en pie nada. Súbitamente nos encontramos espantosamente solos, y solos era como teníamos que salir del aprieto.

El combate en las trincheras es descrito con crudeza. El valor no es ninguna virtud, únicamente la lucha del animal humano que trata de vivir un día más. No hay héroes, sólo sufrimiento y deseperación:
Vemos seguir viviendo a hombres a quienes un proyectil ha arrancado el cráneo; vemos correr a soldados sin pies; sobre sus muñones deshechos se arrastran hasta el hoyo de granada más cercano; un soldado camina sobre sus manos dos kilómetros, arrastrando tras sí sus rodillas rotas; otro se dirige al puesto de socorro saliéndosele las entrañas por entre las manos; vemos hombres sin boca, sin mandíbula inferior, sin cara, nos encontramos a alguien que, durante dos horas, sujeta con los dientes las arterias de su brazo...

El personaje principal descubre durante un permiso que la población de las ciudades vivía de espaldas a la realidad del frente. El Gobierno y los periódicos mentían. Admás, la madre de un amigo muerto le reprocha, entre lágrimas, que él aún estuviera con vida:
¿Por qué sigues viviendo cuando mi hijo ha muerto? ¿A qué mandan allá a unos niños como vosotros? ¿Le viste? ¿Le viste por lo menos? ¿Cómo murió?

Remarque ve en los soldados enemigos a hombres honrados que sufren del mismo modo que el soldado alemán. No son las alimañas que describe la demagogia patriotera:
¿Por qué no nos dicen que también vosotros sois unos desdichados como nosotros, que vuestras madres se atormentan como las nuestras y que todos tenemos el mismo miedo a la muerte? Perdóname, camarada. ¿Cómo has podido ser mi enemigo? Si arrojásemos estas armas y este uniforme podrías ser mi hermano.

Nada parece tener el menor sentido. Los hombres y las naciones se matan entre sí sin saber la causa y si la cultura de miles de años no ha conseguido evitarlo, ¿para qué nos ha servido? La desesperanza se convierte en el único horizonte de una generación perdida:
¿Qué esperan de nosotros cuando llegue la época en que termine la guerra? Durante años enteros hemos estado ocupados en matar; tal ha sido nuestra primera profesión en la existencia. Nuestra ciencia de la vida se reduce a la muerte. ¿Qué sucederá después de esto? ¿Y qué será de nosotros?

La denuncia de Remarque contó con la simpatía de miles de personas, pero los sectores más conservadores y militaristas de la sociedad alemana no estaban dispuestos a perdonarlo. Lo acusaron de mentiroso y traidor. Y hasta llegaron a afirmar que nunca había estado en el frente.
Pero los enemigos del libro no pudieron impedir su gran éxito internacional. Los estudios Universal, de Hollywood, se interesaron por la novela y en 1930 el director Lewis Milestone la llevó a la pantalla. Su estreno en Alemania motivó manifestacione que degeneraron en choques violentos entre partidarios y detractores del filme. Remarque, desbordado por los acontecimientos, tomó la decisión de instalarse en la localidad suiza de Locarno, donde compró una villa en 1932. Al años siguiente, tras la toma del poder por los nazis, la voluntaria estancia en Suiza se convirtió en un exilio forzado.

Alejandor Vagas González

viernes, 28 de septiembre de 2007

28 de septiembre de 1973. Muere W.H. Auden


W.H. Auden, hombre de letras inglés nacido en 1907 en la ciudad de York, fue el heredero indiscutilbe del prestigio de T.S. Eliot, quien a su vez lo había heredado de W.B. Yeats. La fama le llegó muy pronto, inmediatamente después de la publicación de su primer libro, Poems, en el año 1928, cuando apenas contaba veintiún años. Poco antes de morir, había preparado la edición definitiva de su obra poética (poemas y pequeñas obras dramáticas en verso y prosa), que aparecieron cinco años después, en la Editorial Faber and Faber, editadas por su albacea literario, Edward Mendelson, con el título de Collected Poems. Este libro es su testamento literario.
Collected Poems es un libro ordenado cronológicamente, en el que se han desestimado muchos poemas, algunos de los cuales habían llegado a ser muy famosos, como es el caso de "Spain", que el poeta rechazó luego por razones morales, como veremos más adelante. En realidad, la revisión de su poesía (casi tan drástica como la que en su momento llevó a cabo Carner) fue el resultado de una razón ética más que estética: la convicción que un poema no puede expresar creencias que no sean las del poeta, por mucho que éste las juzgue retóricamente efectivas. Considero que este punto de importancia suficiente para dedicarle nuestra atención.
Según Auden, la poesía no puede estar exenta de las normas éticas, de las nociones de "lo verdadero" y "lo falso": un poema puede ser una mentira y, es más, una mentira poética puede resultar más persuasiva que una verdad expresada con poca elocuencia. Las palabras poseen en potencia la facultad de hacer un bien, o de causar daño, tanto si se trata de un discurso político como de las imágenes ordenadas de un poema. Para Auden, el efecto del lenguaje poético difiere esencialmente de la teoría moderna, que situaba la poesía y el mundo real en ámbitos diferentes y autónomos. Afirmaba Auden que un poema debe ser bello, es decir: una especie de paraíso terrenal verbal; pero también debe ser verdad, y que no se puede aceptar un buen poema si nos obliga a comulgar con ruedas de molino. Ésta es una de las razones por las que se decidió a eliminar "Spain" de su corpus poético. En dicho poema se nos dice que la "lucha" es más importante que sus consecuencias, y también que la bondad se identifica con la victoria final. Por decirlo con sus propias palabras: "He desestimado algunos poemas que escribí -y, por desgracia, publiqué- porque eran deshonestos [...]. Un poema es deshonesto cuando expresa -por muy bien que lo haga- sentimientos o creencias que nunca han sido los del autor [...]. Una vez escribí: 'La historia, por los derrotados / puede decir ¡qué lástima!, pero no puede hacer nada ni puede perdonar.' Esa afirmación significa equiparar bondad y éxito. Ya hubiese sido bastante malo creer en esta perversa doctrina, pero decirlo simplemente porque me parecía retóricamente efectivo, me parece inexcusable".
También eliminó de la primera versión de "En memoria de W.B. Yeats" las estrofas en las que decía: "El tiempo, que es intolerante con los valientes y los inocentes, e indiferente [...] a un físico agraciado, adora el lenguaje y perdona a todo el que vive de él; perdona la cobardía y la presunción, y pone sus honores a los pies de quienes han dedicado la vida al lenguaje". Y continúa diciendo:

Time that with this strange excuse
Pardon Kipling and his views,
And will pardon Paul Claudel
Pardons him for writing well.

[El tiempo, que con esta extraña excusa / perdona a Kipling y sus opiniones, /y perdonará a Paul Claudel, / le perdona [a Yeats] por escribir bien]

Esto suponía que las ideas de la gente de izquierdas, como las del mismo Auden en aquel momento, así como las de sus lectores, estaban en la supuesta "buena dirección" de la historia y que, por lo tanto, no necesitarían ninguna clase de perdón. Auden comprendió pronto que creer semejante proposición implicaba una autocomplacencia en cierto modo peligrosa (por no decir de un dogmatismo inaceptable), por lo que en el momento de revisar su obra se mostró menos dispuesto a alentar a sus lectores a una complacencia de este orden. Cuestionar en esas fechas la apropiación, por parte de un grupo u otro, la dirección de la historia, revela su compromiso con la verdad, así como un grado extremo de lucidez.

Salvador Oliva

martes, 25 de septiembre de 2007

Un retrato de Voltaire


Poseemos una extensa iconografía de Voltaire. Sus coetáneos lo pintaron, dibujaron y esculpieron. Y él, tan satisfecho de sí mismo y tan aficionado a travestirse en cien papeles, disfrutó con ello de lo lindo. Tal vez el retrato más representativo sea el que realizó en 1736 Maurice Quentin de La Tour (imagen). Ahí está plasmada la quintaesencia del volterianismo: delgado, nervioso, con su agresiva nariz y su barbilla prominente, amplia frente, mirada cáustica: el retrato se concentra por entero en sus fuerzas mentales y vitales, sin entretenerse en los signos externos o en la parafernalia exterior. Voltaire en su plenitud intelctual.
Tan variada iconografía es el reflejo de una doble realidad de Voltaire. Primero, su desequilibrio emocional; aparece y desaparece, pasa a la acción y en un visto y no visto huye convencido de que existe una conspiración en su contra; es paranoico y algo hipocondríaco pero acaba alcanzando una de las más estruendosas glorias en vida que recuerda la historia de la literatura: su mala salud de hierro le llevó hasta los ochenta y cuatro años. Segunda realidad: su sentido del juego es exhibicionista; sin embargo, recurre al pseudónimo "Monsieur de Voltaire" y gusta de esconderse bajo la larga lista de personajes a través de los cuales habla y bajo ingenuos juegos referidos a la autoría de muchos de sus textos más polémicos. Son juegos propios de un tiempo en que la libertad de expresión emerge con fuerza y empieza a romper las barreras de la intolerancia.
Este factor, el tiempo de Voltaire, es un aspecto no desdeñable. Voltaire vivió tres cuartas partes del siglo XVIII. Y las vivió intensamente: en Francia, en los Países Bajos, en Inglaterra -donde hizo amistades políticas e intelectuales, como el poeta Edward Young, pero también enemigos, como Maupertius- ySuiza. La Ilustración representa la fase de desencanto del mundo: ruptura del universo teocrático, aceptación de las capacidades del hombre, tanto para conocer -la ciencia- como para gobernarse -economía y política-, lo que acarrea la dismitificación del mundo: la razón contra el milagro y la superstición. Voltaire es partidario de implantar estos valores sin contemplaciones. No fue demócrata, sino partidario de la monarquía ilustrada, del despotismo ilustrado, si se me apura. El mundo de Voltaire fue el de la monarquía que, después del siglo de Luis XIV, que Voltaire glosará, vive el preludio de la revolución, entre la presión de las nuevas fuerzas y el peso de la tradición nobiliaria y eclesiástica; la libertad de pensamiento se fortalece lentamente y Voltaire continúa confiando en el Príncipe, el buen Príncipe, el Príncipe ilustrado, capaz de conducir al pueblo por el camino del progreso y de la modernidad.
Otro contexto es la situación familiar. Hijo del notario Arouet, Voltaire perdió a su madre a los siete años. El escaso afecto que sentía por su padre le llevó a decir que era hijo de un escritor de canciones llamado Rochebrune. De su padre únicamente le interesaba la herencia. Tuvo numerosos conflictos con su hermano Armand, fanático jansenista. Sus afectos familiares se concentraron en su hermana Marguerita y en las dos hijas de ésta. La pequeña, Madame Denis, fue su amante durante un largo periodo de su vida. Algunos atribuyen a esta estructura familiar sus altibajos de espíritu y su agresiva naturaleza.
Entre estos dos contextos, Voltaire trazó su carrera literaria como un juego consistente en mostrarse siempre a través de intermediarios. El diálogo es un recurso permanente que le permite confiar sus opiniones a través de un personaje interpuesto. "Il faut donner à son âme toutes les formes possibles" ('hay que dar a su alma todas las formas posibles'), afirmaba en una carta de 1737. Y se lo tomó al pie de la letra.

Extraído de:
JOSEP RAMONEDA, "Voltaire" en JORDI LLOVET (Ed.), Lecciones de literatura universal, Cátedra

jueves, 6 de septiembre de 2007

Edgard Allan Poe


Pocas figuras de la literatura han sido tan susceptibles de las más variadas interpretaciones e hipótesis, como lo ha sido Poe. Pocas figuras como la suya han fascinado a tantas generaciones de lectores y de mitómanos. Su persona misma, y diría que casi con independencia de su obra, no ha dejado de despertar en el público una gran fascinación.
Nadie queda indiferente después de la lectura de "Los asesinatos de la calle Morgue" o "La carta robada"; y esto es así porque la imaginación del lector se ve asaltada por un cierto malestar no exento de placer, difícil de definir. Sus narraciones afectan a la sensibilidad en lo que ésta tiene de más instintivo e inconsciente; y afecta de una manera negativa, es decir, que no induce a la acción ni a la afirmación de nada, ni a los placeres más inmediatos de nuestra imaginación, sino precisamente a todo lo contrario: a una especie de momentánea suspensión de la vitalidad y a una reflexión sobre el poder que ejerce sobre nosotros lo desconocido o lo que rebasa los límites de lo cognoscible.
A primera vista, los cuentos de terror de Poe son idénticos a los cuentos de terror clásicos: el héroe se encuentra aislado en un viejo castillo, encerrado en una celda o perdido en medio de un bosque. Sin embargo, Poe nunca describe estos lugares: describe la angustia y la incomodidad que supone encontrarse en ellos. Se trata menos de un lugar que de un ser, menos de un objeto que de una sensación.
Así empieza "La caída de la casa Usher", en la traducción de Julio Cortázar:

Durante todo un día de otoño, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher. No sé
cómo fue, pero a la primera mirada que eché al edificio invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable tristeza. [...] Era una frialdad, un abatimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia forma alguna de lo sublime. ¿Qué era -me detuve a pensar-, qué era lo que así me desalentaba en la contemplación de la Casa Usher? Misterio insoluble.


La descripción es voluntariamente vaga; ningún detalle posee un perfil definido y concreto. No se trata de una escenografía, como en los cuentos clásicos de terror, sino que su propósito consiste en sugerir un estado de ánimo. El lector queda absorto paulatinamente en la lectura, que siempre empieza de forma lenta y persuasiva, a fin de permitir que el lector se adentre en la dimensión psicológica; porque el universo de Poe no se sitúa ni en el mundo real ni en el mundo sobrenatural, sino que se trata de un mundo mental constuido a expensas de la realidad objetiva. El autor no pretende convencernos de la realidad de este universo, sino hacernos partícipes del estado de ánimo de una persona cuya conciencia se halla profundamente alterada.

Antoni Marí

sábado, 1 de septiembre de 2007

DÁMASO ALONSO, Mujer con alcuza


"Conocemos la historia personal que generó uno de los poemas más impresionantes de las letras hispánicas del siglo XX: los Alonso contrataron en los primeros días de postguerra los servicios de una criada que los dejó, un tiempo después, para acudir a Murcia donde la reclamaba una antigua ama; supieron más tarde que, por culpa de un fútil descuido, la sirviente había sido despedida y que moriría al poco en un miserable asilo. En realidad, para eso se había ganado la guerra: para que todo fuera como antes y para que las criadas fueran poco más que un enser doméstico y los obreros saludaran quitándose ceremoniosamente la gorra... Nuestra criada, sin embargo, ha sido dotada por el poeta del atributo evangélico de las vírgenes prudentes (Mateo, 25) que es la alcuza con su buena provisión de aceite, o quizá de la lámpara de Diógenes, o quien sabe si de una luz parecida a la que viene del dramático quinqué que un brazo femenino aporta al apocalipsis en el Guernica de Picasso. Y el caso es que avanza -a medias entre la realidad y la escenografía simbólica- por un paisaje que pertenece, sin duda, a la guerra civil: "Entre zanjas abiertas a un lado y a otro, / entre caballones de tierra, / de dos metros de longitud, / con ese tamaño preciso / de nuestra ternura de cuerpos humanos."

Extraído de:
JOSÉ-CARLOS MAINER, Tramas, libros, nombres. Para entender la literatura española, 1944-2000, Anagrama, 2005.
Imagen:
A. Bouys. La fregadora


Mujer con alcuza
A Leopoldo Panero

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.

Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
...aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

...No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

...Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

miércoles, 29 de agosto de 2007

Wolfgang von Goethe y el conocimiento

"A quien el mundo no le revela inmediatamente qué relación tiene con él, a quien su corazón no le dice qué se debe a sí mismo y qué a los demás, le será muy difícil aprenderlo en los libros, que en realidad sólo sirven para dar nombre a nuestros errores"
WILHELM MEISTER


"Aquí encontramos su grandeza... No aprendemos nada cuando lo leemos, pero nos transformamos en alguna otra cosa" [refiriéndose a un libro de Winckelmann sobre la imitación de las obras de arte griegas]
Conversación del 16 de febrero de 1827 con Johann Peter Eckermann

"Sí, justamente es eso. La coincidencia nos deja en reposo, pero es la contradicción lo que nos hace productivos" [esta es la contestación a Eckermann quien comenta que encuentra contradicciones en el ensayo del profesor Hinrichs La esencia de la tragedia griega]
Conversación del 28 de marzo de 1827 con J. P. E.


"Ay, he estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología , todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. Y aquí me veo, pobre loco, sin saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos nada. Esto consume mi corazón. Claro está que soy más sabio que todos esos necios doctores, licenciados, escribanos y frailes; no me atormentan ni los escrúpulos ni las dudas, ni temo al infierno ni al demonio. Pero me he visto privado de toda alegría; no creo saber nada con sentido ni me jacto de poder enseñar algo que mejore la vida de los hombres y cambie su rumbo."
Fragmento del primero monólogo (Nacht) de la primera parte de Fausto.

Textos extraídos de:
JOHANN WOLFGANG VON GOETHE, Fausto, Ed. Cátedra
JOHANN PETER ECKERMANN, Conversaciones con Goethe: en los últimos años de su vida, Ed. El Acantilado
JORDI JANÉ I CARBÓ, Literatura alemanya moderna, Universitat Rovira i Virgili, Servei Lingüístic




viernes, 3 de agosto de 2007

La maestría en la narración según Mario Vargas LLosa

[el triunfo de la técnica novelesca es] "alcanzar la invisibilidad, ser tan eficaz en la construcción de la historia a la que ha dotado de color, dramatismo, sutileza, belleza, sugestión, que ya ningún lector se percate ni siquiera de su existencia, pues, ganado por el hechizo de aquella artesanía, no tiene la sensación de estar leyendo, sino viviendo una ficción que, por un rato al menos, en lo que al lector concierne, suplantar la vida."

MARIO VARGAS LLOSA, Cartas a un novelista, 1997

domingo, 29 de julio de 2007

Chrétien de Troyes. Perceval o el Cuento del Graal


La obra cumbre de Chrétien de Troyes es su Perceval o Cuento del Graal, escrito entre 1180 y 1190 e inacabado por la muerte de su autor. Perceval (en las versiones alemanas Parsifal) es la figura más perfecta de cuantas imaginó Chrétien, y el obsesionante misterio del graal una de las ficciones literarias más poéticas de todos los tiempos. Se inicia con una escena delicadísima por su ternura y sentido: el niño Perceval vive como un salvaje en un bosque, junto a su madre, que lo retiene apartado de la convivencia humana para que no sepa qué es la caballería, ya que tanto su esposo como sus otros hijos murieron ejerciéndola. El pequeño salvaje ve llega a un grupo de caballeros y queda extasiado ante la belleza de sus vestidos y de sus armas y sostiene con ellos un ingenuo diálogo. La fuerza de la sangre hace que Perceval decida irrevocablemente ir a la corte del rey Artús para ser armado caballero, y a pesar de los ruegos de su madre, allí se encamina. En seguida realiza una notable hazaña, y tras recibir enseñanzas de un viejo caballero, se convierte en el mejor de los del rey Artús.
Sus amores con la hermosa Blancafort, mezcla de ingenuidad y sensualismo, dan sentido a las empresas de Perceval; pero éste está destinado a la más alta y misteriosa de las aventuras. Cierto día se encuentra en un castillo que ha surgido como por encanto ante su vista: es el castillo del rey Pescador, que acoge amablemente a Perceval y lo sienta a su lado en una lujosa sala. Por una puerta entra un paje que lleva una lanza de la que gotea sangre, y tras él, una doncella que lleva el graal, cuya luminosidad eclipsa las antorchas. Perceval no se atreve a preguntar el significado de estos dos objetos, y éste es su gran error. Al día siguiente el castillo está desierto de habitantes y al salir Perceval de él desaparece tan misteriosamente como había surgido. Perceval se enterará luego de que, si hubiese preguntado el significado de la lanza y qué era el graal, el rey Tullido, padre del Pescador, hubiera sanado y se hubiera desencantado. Este rey Tullido, sabe luego, era un tío suyo que vivía sin tomar comida alguna, alimentado solamente por una hostia que hay en el graal. Perceval y otros caballeros del rey Artús emprenden la busca del castillo del graal, sin dar con él: Chrétien deja inacabada la novela sin que sepamos exactamente qué sentido quería dar al relato.
El Cuento del graal es una novela que impresiona por cierto tono de misterio y por su impenetrable simbolismo. De hecho es una especie de arte de caballería en el que el autor ha tomado como punto de partida un hombre en estado salvaje e inculto y lo ha hecho ascender gradualmente al conocimiento del manejo de las armas, lo ha hecho educar en el espíritu caballeresco y cortés, le ha hecho conocer el amor y luego el misterio de la fe. Parece totalmente demostrado que la lanza y el graal (nombre que se daba a los recipientes que se empleaban en la mesa y que tenían forma de copa con pie muy largo) son dos elementos capitales de la Pasión de Jesucristo; la lanza con la que fue herido en el costado (por el soldado ciego Longinos, según una viejísima tradición) y el vaso sagrado en el que se recogió su preciosísima sangre, ya que la doncella que lleva el graal es un símbolo de la Iglesia nueva o cristiana que, en oposición a la Sinagoga, se representa en manifestaciones plásticas de la época de Chrétien y antes aún. El graal es, pues, un vaso sagrado cristiano en el que se lleva una sagrada forma al rey Tullido, el cual con este solo alimento mantiene su vida, al estilo de los tan sabidos casos, antiguos e incluso actuales, de personas que milagrosamente viven de la Eucaristía. Lo que no sabemos, por haber dejado Chrétien su obra inacabada, es qué hubiera ocurrido si Perceval hubiese formulado las preguntas al presenciar el cortejo de los dos símbolos. Es posible que este misterioso castillo, en el que hay reyes sin fuerza ni poderío, uno de ellos paralítico, pero asistido por la Iglesia misma, confortado por la Eucaristía y la lanza de la Pasión, sea un trasunto del reino cristiano de Jerusalén, en plena decadencia bajo Baldovinos IV, el rey leproso y que en 1187 caía bajo el dominio de Saladino. Chrétien, con esta ficción novelesca, especie de alegoría de un hecho contemporáneo, hubiera escrito en pro de la tercera Cruzada. Lo cierto es que Chrétien de Troyes murió sin acabar su maravillosa e intrigante novela y se llevó el misterio de la lanza y del graal del mismo modo que el marinero del romance castellano del conde Arnaldos se hace a la mar sin decir su canción.
En el Cuento del graal hay una escena de sorprendente belleza, la de Perceval absorto ante tres gotas de sangre de alondra caídas sobre la nieve. El héroe se extasía en su contemplación, en la que el rojo de la sangre y el blanco de la nieve le sugieren el color de la carne de enamorada Blancafort. Chrétien insiste en un largo pasaje de un intacto e irreal sentido poético y se complace en la minuciosa descripción de esta escena, uno de sus mayores aciertos del artista. Otra escena inolvidable es la que tiene lugar entra Gauvain, el sobrino del rey Artús, y la Pucele as Petites Manches (la doncella de las mangas pequeñas), niña de pocos años, ingenuamente encariñada con el caballero. Chrétien ha sabido recoger delicadas notas de ternura infantil, tan raras en los escritores medievales, al dar un ligero y marginal papel a esta simpática figura.
Chrétien de Troyes es un maestro de la narración. La conduce con gran seguridad y sin tropezones. Cuando el interés de la acción está en su punto más elevado, acostumbra interrumpirla y pasar a otro tema (por ejemplo las aventuras de un caballero distinto), para luego ir reuniendo hábilmente los diversos asuntos. Este procedimiento, que se hará normal en la novela, está tomado de los consejos de los preceptistas retóricos y lejanamente deriva de la Poética de Aristóteles. Son notables sus atisbos psicológicos, principalmente en los personajes sujetos al amor; describe su pasión, sus ilógicas reacciones, sus noche de insomnio, su timidez y sus angustias con detallada detención y siguiendo más o menos las enseñanzas de las obras teóricas de Ovidio sobre el amor que tradujo en su juventud. Es prolijo en la descripción de combates, aspecto de primordial interés para el público de cortesanos para quien escribe, y también en la de adornos y vestidos femeninos, concesión a las damas que escuchaban sus novelas, principalmente las que hoy llamaríamos "provincianas", que así se enteraban de las modas de la corte. Su estilo es sencillo y conciso, con notas personales muy características; y por encima de todo Chrétien de Troyes es el gran creador de personajes literarios que han llegado hasta nosotros con toda su emoción.

Martín de Riquer
Imagen: GABRIEL DANTE ROSSETTI, El Santo Grial. 1860

Juan Benet o la novela pertenece al terreno de la estética, no al de la denuncia social


"Para quien no está obligado por su oficio a conocer toda la producción de una determinada rama de la cultura, tarde o temprano aquellos artículos que se conforman con su gusto se van imponiendo a aquellos que gozan de menos predilección. De esa suerte, el gusto -formado a partir de una selección de los conocimientos primeros- se convierte en una determinante principal del conocimiento, que acostumbra a progresar en cuanto aquél, no estando saturado, pueda presentar una vía abierta a la incitación. Me resulta incómodo opinar sobre una corriente literaria [la literatura comprometida política y socialmente] que, por aparejarse muy mal a mi gusto, sólo conocí muy superficialmente: quiero suponer que su mejor justificación está en el hecho de que en aquellos años apenas se podía hacer otra cosa. La situación cultural se hallaba dominada totalmente por la política, de suerte que el más tímido intento de independizar la cultura de la política había de empezar por las zonas fronterizas entre ambas, esto es -y por decirlo así-, las zonas propiamente menos cultas de la cultura. Así, pues, para buscar la independencia de juicio y de gusto era menester pasar a la oposición tanto de la literatura patriótica como de la neutra -fuera blanca, rosa o de acentuado color local-, para lo cual el cúmulo de iniquidades, arbitrariedad e injusticia de la vida social española ofrecía un campo inagotable. La desgracia de esa literatura fiscal es que ni siquiera podía hablar de la tragedia en toda su extensión; estaba casi amordazada, y lo que se leía en las novelas de la acusación era un pálido remedo de lo que pasaba en el país. En cuanto a información, suministraba mucha menos que lo que el hombre despierto podía recoger en la calle, y en cuanto al estilo, había hecho renuncia voluntaria de toda dificultad en gracia de la severidad y la sequedad de las sentencias. Y si bien me parece de poca utilidad establecer el balance cultural ateniéndose a cánones que entonces no eran posibles, es forzoso reconocer que el esfuerzo de aquellos hombres que alzaron su protesta colaboró no poco a una mayor independencia de la cultura y fue el acicate para una reacción que para ser duraredera ha de basarse en algo más que en la oposición a la primera tendencia.

Extraído de: Cuadernos para el diálogo, suplemento nº 19, "Literatura y política (en torno al realismo español), 1971

Algo de Juan Benet
Javier Marías habla de Juan Benet

domingo, 22 de julio de 2007

Cortázar. La literatura como juego


"Digo juego con la gravedad con que lo dicen los niños. Toda poesía que merezca ese nombre es un juego, y sólo una tradición romántica ya inoperante persistirá en atribuir a una inspiración mal definible y a un privilegio mesiánico del poeta, productos en los que las técnicas y las fatalidades de la mentalidad mágica y lúdica se aplican naturalmente (como lo hace el niño cuando juega) a una ruptura del condicionamiento corriente, a una asimilación o reconquista o descubrimiento de todo lo que está al otro lado de la Gran Costumbre. El poeta no es menos "importante" visto a la luz de su verdadera actividad (o función, para los que insistan en esa importancia), porque jugar poesía es jugar a pleno, echar hasta el último centavo sobre el tapete para arruinarse o hacer saltar la banca. Nada más riguroso que un juego; los niños respetan las leyes del barrilete o las esquinitas con un ahínco que no ponen en la gramática"

JULIO CORTÁZAR, Último round.

viernes, 20 de julio de 2007

Los escritores "enseñas" de algunos países según J.L.Borges

"Es curioso -no creo que esto haya sido observado hasta ahora- que los países hayan elegido individuos que no se parecen demasiado a ellos. Uno piensa, por ejemplo, que Inglaterra hubiera elegido al Dr. Johnson como representante; pero no, Inglaterra ha elegido a Shakespeare, y Shakespeare es -digámoslo así- el menos inglés de los escritores ingleses. Lo típico de Inglaterra es el understatement, es decir un poco menos de las cosas. En cambio, Shakespeare tendía a la hipérbole en la metáfora, y no nos sorprendería nada que Shakespeare hubiera sido italiano o judío, por ejemplo.
Otro caso es el de Alemania; un país admirable, tan fácilmente fanático, elige precisamente a un hombre tolerante, que no es fanático, y a quien no le importa demasiado el concepto de patria; elige a Goethe. Alemania está representada por Goethe.
En Francia no se ha elegido un autor, pero se tiende a Hugo. Desde luego, siento una gran admiración por Hugo, pero Hugo no es típicamente francés. Hugo es extranjero en Francia; Hugo, con esas grandes decoraciones, con esas vastas metáforas, no es típico de Francia.
Otro caso aún más curioso es el de España. España podría haber sido representada por Lope, por Calderón, por Quevedo. Pues no, España está representada por Miguel de Cervantes. Cervantes es un hombre contemporáneo a la Inquisición, pero es tolerante, es un hombre que no tiene ni las virtudes ni los vicios de los españoles.
Es como si cada país pensara que tiene que ser representado por alguien distinto, por alguien que puede ser, un poco, una suerte de remedio, una suerte de triaca, una suerte de contraveneno de sus defectos."

JORGE LUIS BORGES, Borges oral.

20 de julio de 2007. Muere Roberto Fontanarrosa


Roberto Fontanarrosa

miércoles, 18 de julio de 2007

La hijiénica << J >> y la blanducha << G >>. Por supuesto, Juan Ramón Jiménez

"Se me pide que esplique porqué escribo yo con la jota las palagras en "ge, gi"; porqué suprimo las "b", las "p", etc; porqué uso "sc" en vez de "x" en palabras como escelentísimo, etc.
Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante [...].
Mi jota es más hijiénica que la blanducha "g", y yo me llamo Juan Jiménez, y Jiménez viene de Eximenes, en donde la "x" se ha transformado en jota, para mayor abundamiento. En fin, escribo así porque soy muy testarudo, porque me divierte ir contra la Academia y para que los críticos se molesten conmigo."

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Mis ideas ortográficas, en Política poética.

martes, 17 de julio de 2007

RAFAEL ALBERTI. La arboleda perdida.



"Yo no podía dormir, me dolían las raíces del pelo y de las uñas, derramándose en bilis amarilla, mordiendo de punzantes dolores la almohada. ¡Cuántas cosas reales, en claroscuro, me habían ido empujando hasta caer, como un rayo crujiente, en aquel hondo precipicio! El amor imposible, el golpeado y traicionado en las mejores horas de entrega y confianza; los celos más rabiosos, capaces de tramar en el desvelo de la noche el frío crimen calculado; la triste sombra del amigo suicida, como un badajo mudo repicando en mi frente; la envidia y el odio incofensados, luchando por salir, por reventar como una bomba subterránea sin escape; los bolsillos vacíos, inservibles ni para calentarse las manos; las caminatas infinitas, sin rumbo fijo, bajo el viento, la lluvia y los calores; la familia indiferente o silenciosa ante esta tremenda batalla que asomaba a mi rostro, a todo mi ser, que se caía, sonámbulo, por los pasillos de la casa, por los bancos de los paseos; los miedos infantiles que me invadían en ráfagas que me traían aún, remordimientos, dudas, temores del infierno, ecos umbríos de aquel colegio jesuita que amé y sufrí en mi bahía gaditana; el descontento de mi obra anterior, mi prisa, algo que me impelía incansablemente a no pararme en nada, a no darme un instante de respiro; todo esto, y muchas cosas más, contradictorias, inexplicables, laberínticas. ¿Qué hacer, cómo hablar, cómo gritar, cómo dar forma a esa maraña en que me debatía, cómo erguirme de nuevo de aquella sima de catástrofes en que estaba sumido? Sumergiéndome, enterrándome cada vez más en mis propias ruinas, tapándome con mis escombros, con las entrañas rotas, astillados los huesos.
Y se me rebelaron entonces los ángeles, no como los cristianos, corpóreos, de los bellos cuadros o estampas, sino como irresistibles fuerzas del espíritu, moldeables a los estados más turbios y secretos de mi naturaleza. Y los solté en bandadas por el mundo, ciegas reencarnaciones de todo lo cruento, lo desolado, lo agónico, lo terrible y a veces lo bueno que había en mí y me cercaba."

[ El estado de ánimo de Alberti, en medio del cual fraguó Sobre los ángeles]

domingo, 24 de junio de 2007

JAIME GIL DE BIEDMA, No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Poemas póstumos, 1968

Nabokov opina sobre Dostoievski

"Mi posición con respecto a Dostoyevski es curiosa y difícil. En todos mis cursos abordo la literatura desde el único punto de vista en que la literatura me interesa, esto es, el punto de vista del arte perdurable y el genio indi­vidual. Desde ese punto de vista, Dostoyevski no es un gran escritor, sino un escritor bastante mediocre; con destellos de excelente humor, separados, desgraciadamente, por desiertos de vulgaridad literaria.En Crimen y castigo Raskólnikov, no se sabe por qué, asesina a una anciana prestamista y su hermana. La justicia, en forma de comisario de policia in­exorable, le va cercando lentamente hasta conducirle al fi­nal a una confesión pública, y a través del amor de una noble prostituta se ve llevado a una regeneración espiritual que no parecía tan increíblemente banal en 1866, cuando se escribió el libro, como en nuestros tiempos, en que los lectores experimentados tienden a acoger a las prostitutas nobles con cierto cinismo. Mi dificultad, sin em­bargo, está en que no todos los lectores a quienes me dirijo en esta u otras clases son experimentados. Por lo menos en su tercera parte, me atrevería a decir, no saben distinguir entre literatura auténtica y pseudoliteratura, y para estos lectores Dostoyevski puede parecer más importante y más artístico que esas estupideces que son nuestras novelas históricas americanas o cosas tituladas De aquí a la eternidad y demás majaderías.
Ahora bien, yo voy a hablar con detenimiento de una serie de artistas verdaderamente grandes; y es en este nivel elevado donde hay que criticar a Dostoyevski. Tengo demasiado poco de profesor académico para dar clase sobre temas que no me gusten. Estoy deseoso de desmitificar a Dostoyevski. Pero me doy cuenta de que el sistema de valores que ello implica puede desconcertar a los lectores que no hayan leído mucho."
[...]
"Yo detesto el entrometimiento en las preciosas vidas de los grandes escritores, y detesto el asomarse a fisgar en esas vidas; detesto la vulgaridad del "elemento humano", detesto el frú-frú de faldas y risillas por los pasadizos del tiempo, y ningún biógrafo conseguirá jamás tener un atisbo de mi vida privada; pero una cosa sí he de decir. La refocilada compasión de Dostoyevski por el pueblo, su compasión hacia los humildes y los humillados, esa compasión era puramente emocional, y su personal y lúgubre manera de entender la fe cristiana no le impidió llevar una vida muy alejada de lo que predicaba. León Tolstói, en cambio, como su representante Liovin, era visceralmente incapaz de tolerar que su conciencia pactara con su naturaleza animal, y sufría mucho cada vez que esta última triunfaba por momentos sobre el lado positivo de su personalidad."

VLADIMIR NABOKOV, Curso de Literatura Rusa, Bruguera, B., 1984.

Josefa Massanés de González. Finísima ironía


En 1841 aparecía el libro Poesía, de Josefa Massanés de González, ilustre poeta catalana nacida en Tarragona el año 1911. De esta escritora se ocuparon muchos estudiosos, prueba de que llegó a ser conocida en su tiempo, refrendada, además, por las diversas traducciones de sus obras y por el título de Académica Honoraria de las Buenas Letras de Barcelona. Pero el hecho de que una señora -incluso admitiendo su talento- escribiera unas poesías no sería importante si no supusiera esta obra, especialmente el prefacio de la misma, por una parte, un inequívoco canto feminista; por otra, la irónica recopilación de las ideas reinantes sobre la mujer y su instrucción.
El libro incluye, además de otros poemas, La resolución (poema XXI del citado libro) no es sólo la decisión irrevocable de no volver a "poner la pluma sobre el papel", simboliza también la resignación a la ignorancia y es un divertido canto a esa "Emancipación puramente intelectual" de la que habla la autora. Escrito en julio del 37, es mucho más que el reflejo de un día caluroso: es el resumen de todo un siglo, de las aspiraciones femeninas, y es, sobre todo, la confirmación razonadade que la mujer virtuosa y madre, ideal del XIX, será mucho más honesta si se instruye.
Uno de los puntos clave que trata Massanés es la igualdad de la educación, ya que, "cada cual, sea varón o hembra, deben impulsar la gran máquina de los humanos conocimientos con los esfuerzos de su aplicación y talento", y es conveniente enseñar "a cada niña (al paso que aprenda las labores anexas a su sexo) los mismos rudimentos de las buenas letras y las bellas artes que a los niños". De este modo la mujer podrá seguir sus inclinaciones, si bien a veces para sobrevivir deberá ocultar sus conocimientos, ya que por principio se le niega la educación:

Se niega a esta preciosa mitad del género humano la aptitud para los trabajos intelectuales, y en caso de concedérsela, en caso de reconocer en la mujer las dotes de una brillante inteligencia, se la amenaza con el desprecio si intenta aprovecharse de tan inestimable don, pretextando que el saber la perjudica (...) Si por irresistible inclinación se entrega a los estudios, oculta los inocentes frutos de sus desvelos como un crimen punible a los ojos de los hombres.

La mujer ignorante es esposa de un hombre por instinto, como los pájaros: "por instinto lo eligió y el mismo instinto pudiera llamarla hacia otro". Si tiene instrucción será mucho más cuidadosa con sus hijos, ya que "la mujer acostumbrada a meditar y saber distinguir lo bueno de lo malo" puede guiar mejor a los hijos, cuidará mejor de su hogar porque será menos perezosa y "cuanto más ilustrada más afable y sencilla será". Esa educación es, además, "la savaguarda de su honor, la garantía de las virtudes de las inocentes criaturas confiadas a sus cuidados". Tal vez, la más interesante sea la preocupación por las clases bajas a las que deben ser educadas según sus necesidades, también opina que deben conocer lo mínimo indispensable para apartar así la superstición y el fanatismo.


La resolución

¿Qué yo escriba? No por cierto,
no me dé Dios tal manía;
antes una pulmonía,
primero irme a un desierto.

Antes que componer, quiero
tener por esposo un rudo,
mal nacido, testarudo,
avariento y pendenciero;

Educar una chiquilla
mimada, traviesa y boba;
oír vecina a mi alcoba
la Giralda de Sevilla.

Si yo compongo, mi rima
censure el dómine necio,
lea el sabio con desprecio,
y un zallo cajista imprima;

Un muchacho la recite
con monótona cadencia,
la destroce en mi presencia,
y ponga frases y quite...

¡Oh! No habrá quien me convenza,
bien puede usted argüir:
¡una mujer escribir
en España! ¡Qué vergüenza!

¿Pues no se viera en mal hora
que la necia bachillera
hasta francés aprendiera?
¿Ha de ir de embajadora?

Antes, señor, las muchachas
no estudiaban, ni leían...
Pero en cambio, ¡cuál fregaban!
¡Barían con un primor!

Hilaban como la araña,
amasaban pan, cernían,
y apuesto que no sabían
si el godo invadió o no España.

¿Qué le importa a la mujer
de dó se exporta el cacao,
si es pesca o no el bacalao,
como lo sepa cocer?...

¡Cual quedara mi persona,
mordida por tanta boca!
Me llamaran necia, loca,
visionaria, doctorona.

Sin amor ni compasión,
alguno, con tono ambiguo,
dice que de escrito antiguo
es copia mi concepción.

Sin ase la loquilla,
siempre a vueltas con Cervantes,
recitando consonantes
de Calderón o Zorrilla.

¿Cómo podrá gobernar
bien su casa? ¡Es imposible!
¡Cual si fuera incompatible
coser y raciocinar!

Anatema al escribir,
al meditar y leer;
amigo, sólo coser
y murmurar, o dormir.

Extraído de:
ESTRELLA DE DIEGO, La mujer y la pintura del XIX español, Cátedra, 1987

domingo, 17 de junio de 2007