Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2007

Literatura y lengua vasca en los años previos a la Guerra Civil: el Eusko Ikaskuntza y la Euskaltzaindia

La derogación de los fueros en 1876 supuso una toma de conciencia de la necesidad de salvaguardar elementos culturales diferenciadores como la lengua vasca.
Los movimientos políticos de los últimos años del siglo XIX, bajo el reinado de Alfonso XII, atrajeron reivindicaciones internacionales como el movimiento socialista, con la fundación del PSOE en 1879 y su posterior arraigo en Vizcaya, sin duda el territorio más industrializado de la Península y polo de atracción de la incipiente clase obrera.
Por otro lado, una parte del movimiento fuerista se había ido convirtiendo en nacionalista y comenzaba a reivindicar la independencia de los territorios vascos, al igual que lo estaban haciendo en otras partes de Europa, incluida Cataluña. Sabino Arana fundó el PNV en 1895 en Vizcaya, bajo el lema "Jaun-goikua eta Lagi-Zarra" (Dios y Fueros), que extendió al resto de territorios vascos, a los que dio el nombre de Euzkadi, y comenzó a concurrir a convocatorias electorales.
El nuevo panorama político provocó la intestabilidad de los diferentes gobiernos españoles bajo el reinado de Alfonos XIII, hasta que en 1923 llegó el golpe de estado y posterior período dictatorial de Primo de Rivera, en el que todas las reivindicaciones del Partido Nacionalista Vasco, para entonces devenido en autonomista, fueron rechazadas.
Sin embargo, con la proclamación de la II República en 1931, los nacionalistas vascos, que habían ganado en el País Vasco las elecciones a Cortes gracias a su coalición con los fueristas (a pesar de que en el resto del Estado se habían impuesto los republicanos-socialistas), volvieron a poner sobre la mesa la cuestión autonomista.
Tras largas discusiones el Estatuto de Autonomía para el País Vasco no se haría realidad hasta octubre de 1936, cuando, una vez iniciada la Guerra Civil, el gobierno republicano ofreció a los nacionalistas participar en el mismo. El Gobierno vasco, presidido por José Antonio Aguirre, y debido al aislamiento con el frente de Madrid, funcionó como si de un estado independiente se tratara, dotado de ejército, policía y moneda propios. Tras la caída de Bilbao en junio de 1937, el Gobierno vasco se trasladó a Santander, en donde finalmente firmó el pacto de Santoña y pasó al exilio.
En el aspecto socio-cultural, la prosperidad económica proporcionada por al minería, la siderurgia y la construcción naval facilitó el desarrollo de iniciativas culturales diversas, entre las que cabe destacar la celebración del I Congreso de Estudios Vascos en 1918 y la fundación ese año, como consecuencia del mismo, de la Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, y de la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, cuyo primer presidente fue precisamente Resurrección María de Azkue.
Eusko Ikaskuntza desarrollaría su labor en un amplio abanico de disciplinas sociales, desde las ciencias sociales y políticas hasta las bellas artes, pasando por la enseñanza, la lengua, etc. La difusión de dichas actividades se haría mediante la Revista Internacional de Estudios Vascos, RIEV, fundada en 1907 y convertida en la publicación oficial de Eusko Ikaskuntza a partir de 1921.
Euskaltaindia, por su parte, pronto acometería tareas como una cierta unificación de la lengua que tomó como base el dialecto guipuzcoano, y propuso algunas normas ortográficas, todo ello de la mano de Azkue.
El diario nacionalista Euzkadi, fundado en 1913 y que se dejó de publicar en 1937, además de ser un órgano expresivo del PNV, sirvió de base para la publicación por entregas de obras literarias, originales y traducidas en sus páginas en euskera.
Las letras vascas, a partir de 1930 conocieron un desarrollo sin precedentes en lo que se ha llamado el renacimiento literario, o Pizkundea, con autores y obras qeu situaron a la literatura vasca, especialmente a la lírica, en el camino de la modernidad.

Extraído de:
JOSÉ MANUEL LÓPEZ GASENI, Historia de la literatura vasca

domingo, 2 de septiembre de 2007

Fernández de Oviedo, uno de los primeros cronistas de las Indias

El primero entre los cronistas en intentar una visión de conjunto, una recopilación enciclopédica de todo lo visto y conocido entonces en América, es Gonzalo Fernández de Oviedo y Valés (1478-1557). Este hidalgo madrileño, letrado y humanista con formación italiana, llegó a América con la expedición de Pedrarias Dávila en 1514, como funcionario del Rey. Aunque, desde entonces, viajará continuamente entre España y América, su experiencia indiana es el aspecto fundamental de su vida. Esa experiencia gira alrededor de sus diversos cargos y responsabilidades en el Darién, el Caribe y Nicaragua, y de sus constantes pugnas con el implacable Pedrarias Dávila; su contacto con la cultura y la naturaleza de esa área geográfica, es visible en una obra que, en realidad, desborda tales límites. Hombre ambicioso y dado a buscar reconocimientos, dividió su tiempo entre las actividades administrativas y la preparación de sus crónicas, que le permitirían asegurarse los favores a los que creía tener derecho. Prueba de eso es que, cuando en 1532, Carlos V le otorga el cargo puramente honorífico de cronista de Indias, él lo toma como un nombramiento de cronista oficial, designación que sigue atribuyéndosele.
La obra escrita del autor es muy vasta y variada, pues va desde la traducción de una novela de caballerías (Claribalte, 1519) hasta obras moralizantes y genealógicas; sólo parte de su obra histórica tiene relación con América. Las dos piezas fundamentales de esa porción son el Sumario de la natural historia de las Indias, publicado en Toledo en 1526, y la vastísima Historia general de las Indias. El autor siguió escribiendo la obra en Santo Domingo. Sin duda, por influencia de Las Casas, la publicación del resto (Libros del XXI al L) no fue permitida; la primera edición completa de la obra sólo apareció entre 1851 y 1855. En realidad, el Sumario... es el anuncio o adelanto de la Historia general, escrito para satisfacer la curiosidad de Carlos V. Si ésta es una especie de enciclopedia o miscelánea sobre la realidad americana, el Sumario es su catálogo o índice.
Ambas obras prueban que, más que en la historia misma, el interés del autor estaba en la descripción naturalista de América; son valiosas sobre todo por la información etnográfica que brindan. Fernández de Oviedo estaba dotado para ello porque era un observador minucioso y curioso, apasionado por la nueva realidad que encontraba en América. El suyo es el primer esfuerzo orgánico de catalogación de la fauna y la flora americanas, según los lineamientos de Plinio, cuya Naturalis historia está evocada en ambas obras del historiador indiano.
Pero, aun queriendo ser rigurosas, las descripciones del autor no son siempre frías ni tediosas: reflejan su fascinación por objetos nunca antes vistos y ni siquiera soñados. Lo más simple podía ser descrito como algo maravilloso. Por ejemplo, hablando en el Sumario... del colorido de los papagayos dice que es "cosa más apropiada al pincel para darlo a entender que a la lencua" (Cap. XXIX); y afirma que los murciélagos (en verdad, los vampiros) tienen una singular propiedad: "...si entre cien personas pican a un hombre, después [a] la siguiente u otra no pica el murciélago sino al mismo que ya hubo picado" (Cap. XXXV). El juego de comparaciones y contrastes con lo conocido por el lector español, no hace sino subrayar el novedoso interés del objeto; como en el caso de Colón, la capacidad para imaginar con los ojos abiertos suele ser más cautivante que su registro de la realidad como tal. Y en la Historia general... incorpora a veces detalles de su propia vida al relato y los envuelve en la misma aura fantasiosa de su observación americanista; así, recordando lo que leyó en Pero Mexía y Plinio, nos cuenta que su esposa Margarita de Vergara nunca escupió mientras vivió y que, tras un mal parto, encaneció por completo en una noche. Gracias a su esfuerzo descriptivo y nominativo, América empieza a existir como un mundo que, siendo real, no deja de ser fabuloso; esa visión de grandeza se convertirá en un gran motivo literario que recogerán, mucho después, autores como Bello y Neruda.
Esta magna obra confirma lo que hizo ver el Sumario: el interés del autor por el mundo natural no es pura coriosidad científica o intelectual, sino un modo de hacer alabanza de Dios como creador y así inscribir el descubrimiento de América a un designio providencialista; el mundo natural y sobrenatural, la observación científica y la especulación filosófica son dos órdenes de un mismo proyecto. La visión de un catolicismo universal y de un grandioso imperio español encargado de realizarla, encendían su entusiasmo, lo cual puede ayudar a explicar sus rencillas con Las Casas. El pueblo español le parecía el nuevo pueblo elegido y estaba orgulloso de ser uno de ellos. Ese finalismo lo convence de que los mismos abusos y males de la conquista que critica, son meros accidentes, lunaers en el rostro del gran proyecto. Para él las conquistas de México y Perú, siendo notables hazañas, son sólo episodios o escalones en un plan ecuménico que abre una nueva era en los tiempos modernos. Esa fe ciega en un orden político y espiritual regido por Castilla, es el impulso que orienta la visión histórica del autor, el origen de sus errores y sus aciertos. Con Oviedo, América empieza a cumplir un papel esencial en el curso de la historia universal.

Extraído de:
JOSÉ MIGUEL OVIEDO, Historia de la literatura hispanoamericana. 1. De los orígenes a la Emancipación, Alianza








jueves, 9 de agosto de 2007

Giner de los Ríos. Los fines de la Institución Libre de Enseñanza


"La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombre útiles al servicio de la humanidad y de la patria... Sólo en esta suerte, dirigiendo el desenvolvimiento del alumno, en todas direcciones, puede aspirarse a una acción verdaderamente educadora en aquellas esferas donde más apremia la necesidad de redimir nuestro espíritu: desde la génesis del carácter moral, tan flaco y enervado en una nación indiferente a la ruina; la severa obediencia a la ley contra el imperio del arbitrio; el amor al trabajo, cuya ausencia hace de todo español un mendigo del estado... En fin, el espíritu y la equidad y tolerancia contra el frenesí de exterminio que ciega entre nosotros a todos los partidos, confesiones y escuelas."


FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS, Ensayos
Noticia relacionada publicada en El País el 9 de agosto de 2007

Imagen: Residencia de Estudiantes
Institución libre de enseñanza
Krausismo

martes, 7 de agosto de 2007

La mujer sumisa. Dr. Talmey, O. Wilde, F.Khnopff y von Keller

"Un moderado grado de sumisión a los deseos y la voluntad del hombre que ama es [...] característico de la naturaleza femenina, y en absoluto anormal. Ni siquiera la total esclavitud sexual puede considerarse patológica, si es el medio de obtener o retener al hombre que manda. No es una perversión el que el temor a perderle y el deseo de tenerle siempre amigable, contento e inclinado al amor sean los motivos de la sumisión"
BERNARD TALMEY, Woman, 1908

"Me temo que las mujeres gustan de la crueldad, de la verdadera crueldad, más que de cualquier otra cosa. Tienen instintos maravillosamente primitivos. Nosotros las hemos liberado pero continúan siendo esclavas que buscan a sus amos, como si nada hubieran aprendido. Aman ser dominadas. Estoy convencido de que estuviste espléndido."
[Lord Wotton consuela de esta manera a Dorian de su sentimiento de culpa por el suicidio de la actriz Sibyl Vane]
OSCAR WILDE, El retrato de Dorian Gray, 1891

Fernand Khnopff (1858-1921). Un masque. 1899












































Albert von Keller (1844-1920). Die Tänzerin Madeleine. 1904

viernes, 3 de agosto de 2007

Francisco de Goya entrega las planchas a Carlos IV

"Excmo. Sr. : La obra de mis Caprichos consta de 80 láminas grabadas a Agua Fuerte por mi mano. No se vendieron al público más que dos días a onza de oro cada libro; se despacharon veinte e siete libros. Los extranjeros son las que más las desean y por temor a que recaigan en sus manos después de mi muerte quiero regalárselas al Rey mi Señor para su calcografía."

Francisco de Goya, Madrid, 7 de julio de 1803
Imagen: Dibujo preparatorio del Capricho 43


miércoles, 25 de julio de 2007

Miguel de Unamuno. La intrahistoria

Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del "presente momento histórico", no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros, y una vez cristalizadas así, una capa dura, no mayor con respecto a la vida intrahistórica que esta pobre corteza en que vivimos con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro. Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que, como las madréporas suboceánicas, echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia. Sobre el silencio augusto, decía, se apoya y vive el sonido, sobre la inmesa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la Historia. Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentida que se suele ir a buscar en el pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras.

MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo, 1905

25 de julio de 1898. EEUU invade Puerto Rico durante la guerra Hispano-Americana

"No queda ya esperanza. A la hora en que nuestros lectores pasen los ojos por estas líneas, la agresión legal que mister Mackinley ha formulado en un ultimátum a España, se habrá consumado. La agresión material de la fuerza bruta no tardará en consumarse. El gobierno español ha hecho para evitar la guerra cuanto humanamente es posible. Ni ante Dios ni ante los hombres tiene responsabilidad de la sangre que esta nueva guerra derramará"

Impresiones del día, en La Vanguardia, 2 de abril de 1898


sábado, 30 de junio de 2007

30 de junio de 1934. La noche de los cuchillos largos

"Nach Auschwitz ist alle Kultur Müll"

Después de Auschwitz toda cultura es inmundicia

Theodor Adorno.

sábado, 16 de junio de 2007

Los 300 de Esparta


En plena edad clásica, en el momento en que el sistema hoplítico es, en principio, la práctica militar tradicional, cuando las virtudes del ciudadano dan lugar a cualidades militares, varias ciudades griegas cuentan dentro de sus fuerzas armadas con soldados de élite, los "elegidos", algunas veces son trescientos, otras, mil. En Plateas, son tresciencientos atenienses de élite los que se encargan de romper los asaltos de la caballería persa. Élide dispone de un cuerpo de trescientos elegidos; Argos confía varias veces su fortuna a una armada de élite: a veces 300, a veces, 1000. Los cuerpos más célebres son los de Tebas y los de Esparta: los trescientos espartanos se enfrentan contra los argianos, contra los mesenos y contra los persas. En Delión, Tebas debe su victoria a un cuerpo de trescientos. No se trata de soldados, elegidos dentro de unas circunstancias excepcionales por sus cualidades de audacia y de coraje: los Trescientos y los Mil forman un grupo aparte. Dentro de la armada de los hoplitas-ciudadanos, ellos aparecen como una suerte de cuerpo muy especializado dentro de las empresas militares. Es precisamente dentro del cuadro de esos cuerpos de élite que se forman, en el cuarto siglo dentro de muchas polis, las unidades enteramente especializadas, consagradas a la guerra: el batallón "sagrado" de los Trescientos Tebanos o de los Mil jóvenes de Argos. Nutridos con los presupuestos de las ciudades, totalmente ocupados en ejercer el oficio de las armas, unidos entre ellos por relaciones de estrecha amistad , son los verdaderos guerreros profesionales que introducen dentro de la ciudad una auténtica clase guerrera. Por su conducta, por su actividad, estos guerreros encarnan todo un aspecto del pasado las polis griegas. Su tradición de especialización militar, sus títulos extrañamente arcaicos (Hippeis en Esparta, como recuerdo de los caballeros del siglo VII, cuando el acaballo era objeto de botín y de razias), nos devuelven a un momento de la historia social que se sitúa sin ambigüedades, en los orígenes mismos de la polis. El ejemplo de Esparta es muy sugestivo. En la época clásica, los 300 Hippeis forman dentro de la armada y dentro de la ciudad de Esparta un grupo doblemente privilegiado tanto como militares como políticos. Los privilegios militares: elegidos por su valor, sometidos a un adiestramiento especial, comandados para "imponer el orden", los Hippagretes juegan un rol militar muy importante; a menudo son los encargados de misiones especiales; también tienen las funciones de policía interior. Privilegios políticos: dentro de la ciudad de Egos, los "Caballeros" constituyen una segunda ciudad: ellos se reúnen en pequeñas asambleas, una especie de "consejo nocturno", convocado para tomar las decisiones políticas excepcionales de las que se excluyen totalmente a los otros ciudadanos de Egos.

Extraído del artículo "La phalange: problèmes et controverses" de Marcel Détienne
Página oficial de la película 300
IMBD

domingo, 10 de junio de 2007

Roma Antigua. Los juegos



Enlaces
Naumaquia
Coliseo de Roma
Teatro y sociedad en el teatro romano
Hora sexta: la jornada de un romano

Esparta. Y 6


Las respuestas a tales preguntas han de ser simples conjeturas porque nuestras autoridades antiguas no se ocuparon de ello. Los conflictos internos aparecen en los documentos históricos que tenemos, al menos para el siglo VI, solo en los relatos de las carreras más espectaculares de unos pocos individuos, y entonces casi enteramente en el contexto de los asuntos exteriores. Heródoto se detendrá pra contar (V, 39-40) cómo los éforos primero y los ancianos depués presionaron al rey Anaxándridas, que no tenía hijos, a fin de que tomara otra esposa para preservar su linaje real, amenazándolo con alguna acción sin especificar de los espartanos en su totalidad contra él si persistía en negarse a ello con obstinación. Pero los conflictos sobre cuestiones más amplias o sobre el control de los negocios y algo de la mecánica real de la política no salen a la luz verdaderamente hasta que un hombre como Cleómenes I, rey desde 520 a 490 aproximadamente, empleó sus éxitos militares y sus maniobras diplomáticas para dirigir la política espartana hacia aventuras agresivas y peligrosas en el exterior.
Los escritores antiguos aceptaban la idea de que la clave de la política exterior espartana era la presencia de los hilotas. Para mantenerlos a raya, Esparta no solo tenía que mantener la paz en el Peloponeso -pues un estado enemigo podía soliviantar a los hilotas, si no intencionadamente sí por el mero hecho de comprometer demasiado las energías militares y de mano de obra espartanas-, sino que también tenía que ir con mucho cuidado antes de enviar un ejército fuera del Peloponeso. La política espartana no había sido siempre defensiva y no expansionista. Pero una derrota en Tegea y la incapacidad de conquistar Argos parece que acabaron por fomentar la nueva política a mediados del siglo VI. Guerras y conquistas fueron sustituidas por alianzas y pactos de no agresión, aunque naturalmente usaron la fuerza para imponer alianzas cuando fue preciso y también para mantenerlas frente a defecciones. hacia el final del siglo prácticamente todo el Peloponeso estaba dentro de la red, excepto Argos que era demasiado fuerte y Acaya demasiado lejana e insignificante. Además, para reforzar las alianzas, Esparta ayudaba amistosamente a las facciones dentro de los estados, normalmente oligarquías, y en el proceso se ganó la fama inmerecida de ser, por principio, el peor enemigo de los tieranos. De hecho, el comportamiento espartano para con los trianos fue oportunista, determinado por juiciios de egoísmo más que por la moral y los principios. Nunca se movió contra las tiranías de Corinto o Mégara, por ejemplo, mientras que intervino decisivamente para lograr la exupulsión de Hipias de Atenas en 510.
La aventura ateniense aparece en nuestras fuentes como parte de la historia de Cleómenes I, con el acento puesto en el rey. Quizá fue el principal promotor o incluso el iniciador de la política, pero es casi seguro que atacó Atenas en calidad de rey y con sanción oficial. Luego se produjeron complicaciones cuando dos bandos en Atenas se enzarzaron en una guerra civil por la sucesión de la tiranía. Cleómenes volvió para ayudar a un bando, dirigido por Iságoras, contra el de Clístenes. Sufrió una derrota, se marchó de Atenas y regresó una vez más con un ejército engrosado con tropas aliadas. Cuando estas se enteraron del motivo de su alistamiento, se rebelaron capitaneadas por Corinto, asegurando que la intervención en los asuntos internos atenienses era injusta y en cualquier caso no era asunto suyo. El otro rey espartano, Demarato, los apoyó y la empresa entera acabó en un fracaso para Cleómenes, con importantes consecuencias.
En lo sucesivo se consultaba a los aliados, en reuniones más o menos formales convocadas a tal fin, siempre que se pedía su ayuda militar, o al menos cuando se proyectaba una operación conjunta de importancia. Una red suelta de alianzas entre Esparta por una parte y cada uno de sus aliados individualmente por la otra se convirtió en algo parecido a una auténtica liga. Los historiadores modernos realmente la llaman Liga del Peloponeso, aunque los griegos siempre prefirieron "los espartanos y sus aliados", y sus miembros en diversos momentos comprendían estados situados fuera del Peloponeso como Mégara, Egina y Atenas. El nombre moderno va demasiado lejos en un sentido: la "liga" nunca tuvo un mecanismo administrativo, ni siquiera un tesoro, y su cohesión y efectividad varió de década en década, y de situación en situación. Sin embargo, tuvo bastante realidad como para dar a Esparta la mano de obra extra que necesitaba y la paz en casa, para convertirse en la fuerza militar mayo de Grecia y el líder reconocido de los griegos contra los persas.

FINLEY, M.I., La Grecia primitiva: Edad de Bronce y Era Arcaica

Aleksándr Radíschev. Viaje de Petersburgo a Moscú

En el siglo SVIII se fraguaron muchas de las ideas que son fundamentales en la sociedad moderna y por las que todavía se sigue luchando, tanto para conservarlas como para conquistarlas: libertad de expresión y de pensamiento, igualdad entre todos los hombres (con los siglos, este punto se extendería también a las mujeres), defensa de la educación como base esencial para conseguir lo que Kant denominó la "mayoría de edad" en su artículo (que podría ser tomado como un manifiesto de la Ilustración) "¿Qué es la Ilustración?", Rosseau planteó la doctrina de la soberanía nacional, Montesquieu postuló la separación de poderes...
La Ilustración fue una corriente ideológica que traspasó toda Europa y llegó a Estados Unidos. De una u otra manera, cambió la mentalidad de Occidente: fue el golpe de gracia definitivo para formas de administración que sobrevivían desde la Edad Media. Pero esta crítica de las antiguas instituciones y formas de organización política y social no se vivió con la misma intensidad en todos los países. Algunas monarquías, ante el peligroso avance de estas nuevas ideas, cerraron lo mejor que pudieron sus fronteras para evitar que sus súbditos recibieran tal influencia. Sin embargo, algunos ciudadanos de estos países que se protegieron de las ideas ilustradas, dada su privilegiada situación dentro del status social de su época tuvieron acceso a lo que se escribía fuera de sus fronteras. Muchos de ellos pagaron con su libertad, y algunos con su vida, esa adhesión a la modernidad. En España, Jovellanos es un ejemplo paradigmático de la opresión que sufrieron algunos miembros de esta avanzadilla intelectual. Creo que la indiferencia o el desconocimiento que existe en la actualidad sobre una figura tan excepcional como la de Jovellanos es injusta. Pero no solo España puso un fuerte candado en sus puertas ante las ideas ilustradas; también Rusia lo hizo. Hace poco he descubierto a un intelectual ruso, cuyos conocimientos comprendían un amplio abanico que abarcaba desde las ciencias naturales hasta la literatura, pero cuya gran pasión fue la filosofía: Alexander Radíschev. Su denuncia de las condiciones en las que vivían sus conciudadanos y el deseo de mejorar su situación siguiendo el programa que postulaban los ilustrados, le deparó un trágico destino.
Contexto histórico
En el verano de 1762, la mujer de Pedro III dio un golpe de Estado. El prusianófilo en el trono ruso fue forzado a dimitir. Poco después el antiguo emperador fue asesinado por uno de los conspiradores: Alkséj Orlóv a instigación de su esposa. La nueva zarina -Ekaterína Alekéevna (1762-1796)- fue la soberana más imponente, polifacética y exitosa de Rusia. A nivel militar y en asuntos exteriores, emprendió una política de expansión y de prestigio; su reino fue una victoria plena: la división de Polonia en tres partes (entra Austria, Prusia y Rusia) y la conquista de Crimea a los turcos. Realizó el sueño de Pedro I: dominar la zona entre el mar Bático y el mar Negro. En el campo social y económico, restituyó en 1785 con el Fuero para la Nobleza los derechos de los terratenientes sobre el campesinado. De esta forma, el zar gobernaría en el centro del país y la nobleza en el campo.
Los rusos despreciaban el carácter liberal de su gobierno. En 1767, la zarina constituyó una comisión de representantes del pueblo y mandó redactar un código. Como "ejemplo" ofreció su Nakáz (Instrucciones), en las que tomaba las ideas de la Ilustración como pautas para la reforma de Rusia. Las ideas progresistas de la zarina fueron moderadas por los representantes del pueblo noble. En 1768 se suspendieron los preparativos con el pretexto de la guerra con Turquía, y nunca más fueron retomados. La revuelta de Pugacëv, que transtornó gran parte de Rusia entre los años 1773 y 1775, fue un duro golpe para Catalina II.
En cuanto a la religión, la política fue más suave y tolerante; en el campo de la enseñanza su labor también fue importante. Durante su gobierno, el arte y la vida intelectual florecieron como nunca. Por tanto, la segunda mitad del siglo XVIII fue sin duda el período más rico y más interesante de la Ilustración rusa. Las obras más importantes de los grandes ilustrados (Voltaire, Rousseau, Diderot, Helvetius, Montesquieu) fueron traducidas y pertenecieron al discurso intelectual del ruso culto dieciochesco. La Ilustración penetró también en el campo (la "provincia"). Hubo por doquier fundaciones de asociaciones literarias y científicas. La Asociación Libre Económica propagó nuevas teorías sobre la agricultura. En la segunda mitad del siglo, la producción de libros fue tres veces mayor que en la primera mitad.
Además de adquirir fama por su liberalismo y tolerancia, Catalina II también fue célebre por su ostentación e inmoralidad. Era, según los contemporáneos, la "Semíramis del norte", reina legendaria de Asiria y Babilonia, a quien la tradición le atribuye la construcción de palacios maravillosos y jardines colgantes. Pero también tenía el sobrenombre de "Messalina del norte", esposa del emperador Claudio, temida por sus arrebatos y modelo de lujuria e insaciabilidad sexual. El ambiente en la corte era sensual y sus gabinetes de amor estaban llenos de imágenes plásticas eróticas.
Los últimos años de su reinado fueron eclipsados por los acontecimientos de Francia. Frente a la "tasca llena de borrachos" (Francia, según ella), la zarina llamábase a sí misma: "L'impératrice la plus aristocratique de l'Europe". Le decepcionó que los principios de los pensadores franceses actuasen como tapadera para los crímenes cometidos por los revolucionarios. Los últimos años de su vida fueron regidos por la opresión del "club de los jacobinos" (Radíschev) y la temida masonería, que era sospechosa de conspiración. Catalina II fue reconocida como liberal y bienhechora para con sus súbditos durante el primer período, y en Occidente supo ganarse las simpatías como "filósofa real". Pero con la llegada de la Revolución francesa, el papel filosófico de Rusia en Europa pronto terminó.

Biografía de Alexander Radíschev
Aleksándr Nikoláevic Radíschev nació en Moscú en 1749. En 1762 tuvo la suerte de ser paje en la corte de Catalina II y, dos años más tarde, se trasladó con la zarina a San Petersburgo. Fue a estudiar Derecho, junto con unos diez muchachos, a Leipzig en 1766: Catalina II necesitaba juristas competentes para realizar una legislación rusa. A pesar de que su contemporáneo, Johann Wolfgang von Goethe, que por entonces también estudiaba en Leipzig, hablara del pedantismo mortan que reinaba en esa universidad, había varios profesores ilustres impartiendo clases. Radíschev no solo estudió Derecho (Derecho natural, Derecho común y civil), sino también Lenguas, Literatura, Ciencias Naturales, Medicina, algunos cursos de Solfeo, Historia, Metafísica y Psicología. Su pasión fue la Filosofía. Radíschev volvió a San Petersburgo en 1771, pero los estudiantes no obtuvieron los puestos altos en los órganos del Estado para los que habían sido preparados en Leipzig. Radíschev fue nombrado para trabajar en el protocolo del Senado. Durante catorce meses pudo leer los informes sobre la situacion en los distritos de la cosecha, el comercio, la deserción del campesinado, las revueltas, las enfermedades, el índice de mortalidad, la corrpcion, los abusos, etc. Dejó es Senado en 1773 y consiguió el puesto de Oberauditor en la división de Finlandia del ejército ruso. Radíschev se vio confrontado con la posición de los campesinos siervos sin derechos: había muchos reclutas fugitivos y desertores. Al final del año 1773 estalló la rebelión de Pugacëv. Un ejército de miles de siervos campesinos, cosacos, obreros y pueblos esteparios de procedencia extranjera transtornó a Rusia. El 10 de enero de 1775, Pugacëv fue procesado. Se estima que Radíschev fue testigo de la ejecución. Inmediatamente después el autor renunció a su cargo en el ejército: la razón se desconoce. En 1778, Radíschev se incorporó al llamado Kommerzkollegium, y en 1780, a las oficinas de la aduana, donde fue nombrado director en 1790. Catalina II decretó una ley en 1783 según la cual todo ciudadano tenía el derecho de imprimir libros. Radíschev aprovechó esta libertad de expresión, e instaló en su casa una pequeña imprenta. En mayo de 1790 terminó su Puteséstvie iz Peterbúrga v Moskvú (Viaje de Petersburgo a Moscú) e imprimió seiscientos cincuenta ejemplares. Un coetáneo escribió al respecto: "Corre el rumor de que ha salido alguno que otro Viaje en el que se amenaza a la zarina con el cadalso". El secretario de la zarina anotó en su diario "Se ha hablado mucho del Viaje de Petersburgo a Moscú. Está diseminando la peste francesa. Hay libertinaje. El autor es martinista". Los martinistas, seguidores de la doctrina del Marqués de Saint-Martin (1743-1803), eran una rama de la masonería, movimiento repudiado por Catalina II. Es sabido que CAtalina temía una conspiración masónica. Célebre es su frase: "Radíschev es más rebelde que Pugacëv". Unos amigos avisaron con antelación a Radíschev de su detención inminente. El autor destruyó a tiempo sus papeles, quemó los restantes ejemplares (probablemente habían salido solamente unos cincuenta a la calle) y esperó tranquilamente a la policía. Después de un largo interrogatorio en la Fortaleza de Pedro y Pablo, cayó rendido y confesó el destino trágico de su Viaje. Radíschev fue condenado a muerte. Sin embargo, , le impusieron a modo de indulto, una pena de diez años de destierro en Siberia. Radíschev se negaría a confesar por carta su arrepentimiento a la zarina. En Siberia se ocupó de la educación de sus hijos y de la población local. Su mujer había muerto antesdel destierro. La hermana del autor le siguió con sus hijos a Siberia. Radíschev fue uno de los primeros médicos del pueblo de Siberia; se interesó por las costumbres, la moral, la lengua y la religión de los lugareños.
Catalina II falleció a finales de 1796 y sucedió su hijo Pablo I. Este odiaba tanto a su madre que quiso anular todas sus decisiones. Radíschev pudo volver de Siberia y pasar los años 1797-1801 en su finca en el distrito de Kalúga. La policía local y los funcionarios de correos vigilaban sus pasos y su correspondencia. Aprovechó el tiempo para escribir Relato de mi finca, en el que aborda de nuevo el problema de la abolición del derecho a la propiedad de siervos. Es decir, Radíschev no se había dejado desmoralizar en Siberia.
El once de marzo de 1801, Pablo I murió asesinado. El nuevo zar Alejandro I concedió a Radíschev la libertad el 15 de marzo del mismo año. El Senado fundó una comisión para que se ocupara de la legislación. Radíschev fue incorporado al Comité secreto, órgano responsable de preparar las reformas. Un compañero del autor escribió sobre él quien miraba todo con ojos críticos y que siempre decía lo que pensaba, basándose "únicamente en el pensamiento librepensador filosófico". "Para él no todo merecía la pena, todos los rituales, costumbres, derechos, decretos, todo le parecía pesado y tonto para el pueblo". A través de varias conversaciones con Radíschev, el colega concluyó que el autor fue fiel hasta el final de sus días a sus "principios radicales, librepensadores expuestos en aquel libro fatídico". Alexándr Voroncóv, quien antes había sido mecenas de Radíschev, alcanzó el puestode canciller en Asuntos Exteriores, y no fue capaz de soportar su radicalismo. Sus superiores le hicieron saber que dejara el idealismo. Confuso y decepcionado, Radíschev se suicidó.

Viaje de San Petersburgo a Moscú
Más de un siglo después de la muerte de Avvakum, la vida política rusa ha experimentado un cambio radical. En la corte de San Petersburgo, más parecida a Versalles que a cualquier otra ciudad rusa, reina una zarina de ascendencia extranjera que coquetea con los enciclopedistas y firma decretos para la creación de universidades que no se fundarán. Las victorias, cantadas en Odas triunfales por los poetas, se suceden, las fronteras del imperio se pierden cada vez más lejos por el Sur y el Este. Potiomkin, el delicado y atento favorito de la Emperatriz, construye, al paso de su Augusta persona en sus viajes, poblados de cartón que cubren la mugre y la miseria del campo ruso. De modo que hasta cuesta creer que Catalina II, que mantiene amables carteos con irreverentes ilustrados, sea la misma persona que manda a Siberia a un pobre escritor que osó poner a prueba en la ficción literaria el talante ilustrado de Su Majestad...
Lo cierto es que la cultura, que, como los poblados de Potiomkin[1], florece en sus manifestaciones más aparentes, se ve sin embargo perseguida y censurada en sus dimensiones más peligrosas. Los acon-tecimientos que se producen en Francia no prometen nada bueno y las ideas francesas, al principio motivo de "boutades" o ocurrentes juegos de palabras, se convierten en un peligro, una epidemia que en algunas enfebrecidas mentes puede soliviantar los ánimos de los pacíficos y sumisos súbditos e inocular en ellos la peste de la revolución.
En lo que se refiere a la actitud hacia lo foráneo, durante el reinado de Catalina la Grande hay un antes de las sublevaciones internas y de las revoluciones europeas y un después. Hay un período en que la emperatriz pretende adornar su magnífica corte con pensamientos y obras literarias de oropel que iluminarán la versallesca corte cual fuegos de artificio, y luego, otro, de involución, en que la hábil gobernante descubre en las barbas de sus vecinos los peligros que entraña jugar con las palabras bellas y los pensamientos osados.
En los primeros años de su reinado aún se mantienen frescos los aires a los que abrió Rusia Pedro I. Se hace perceptible la influencia de pensadores de la Ilustración como Jean Jacques Rousseau, Mabli, Reynal o Diderot, de iluministas como Holbach, Helvetius o Herder. Además, siguiendo los pasos de Lomonósov y de otros jóvenes despiertos, prosiguen los viajes al extranjero en los que nuevas generaciones de nobles ávidos de saber se instruyen y entran en contacto con el pensamiento y las letras occidentales. Así, en las alforjas de los retornados, penetran en Rusia las ideas y las logias masónicas. Perdura, a pesar de todo, una imagen idealizada del monarca ilustrado, que en el caso de Catalina II se adorna además con alguna que otra creación propia.
Pero la dura realidad rusa se impone a los jóvenes idealistas formados en Heidelberg, Marburg o Leipzig. De vuelta a casa, llenos de nuevas poesías, de historias entre divertidas e ingeniosamente satíricas narradas en el género popular de la prosa, traen imágenes e ideas también nuevas, que harán cambiar, así lo creen, la detenida y silvestre realidad de su país, de su pueblo ignorante, esclavizado y embrutecido.
Brotan las rebeliones populares, como la de Pugachov. En la lejanas colonias inglesas de América del Norte surge una nueva nación que proclama los ideales de la libertad y la democracia. Y finalmente en el ombligo de la admirada cultura europea, en Francia estalla la Revolución.
Poco antes de soliviantarse los ánimos en la lejana Europa retorna a su país Aleksandr Radíschev, uno de estos jóvenes educados en el extranjero para mejorar la cosa pública de Rusia. Radíschev, gracias a su conocimiento de las lenguas, entra a trabajar en la Comisión que controla las publicaciones llegadas de otras tierras. Afortunado por no habérsele cortado el alimento espiritual, el joven desea hacer algo semejante a lo que realizan sus mae­stros.
Tras el desencanto en el monarca prudente e ilustrado, quedan de todos modos algunas esperanzas. Y Radíschev, a semejanza de sus predecesores, se pone a escribir. A expresar en el nuevo estilo, como hará en 1783 en su oda Libertad [Vol'nost'], su amor a la nueva diosa. Pero su obra más querida es aquella en la que, a imitación de los cáusticos y sensibles autores que en la trama lineal de un viaje vierten sus consideraciones filosóficas, mo­rales y sociales, da rienda suelta a su espíritu conmovido ante las injusticias que padece su pueblo.
En 1790, en la imprenta de un amigo, tras sortear la censura gracias a sus contactos, publica su Viaje de Petersburgo a Moscú. Pero an­tes de comentar este nuevo ensayo de prosa rusa, ya a caballo entre los rigores del clasicismo y los desafueros anímicos de los sentimentalistas, detengámonos en la vicisitudes de la obra y del autor.
Hemos dicho que Catalina era amante de la lectura; en sus primeros años de reinado leía y escribía por el placer que las bellas letras le deparaban, pero en los tiempos en que los libros empezaron a adquirir cualidades explosivas, se interesaba por ellos más que por gusto, por prudencia política, con el ánimo de conocer lo que pensaban sus súbditos ilustrados.
Aunque lo más prob­able es que fuera un diligente servidor de la patria quien atrajera la atención de la ilustrada emperatriz sobre la inusitada obra de Radíschev, lo cierto es que la reina leyó el Viaje..., e incluso se dignó escribir en los márgenes del libro algunos comentarios poco halagüeños para su autor. La emperatriz se sintió profundamente dolida por las opiniones que se vertían en el infausto "Viaje", expresiones injustas, maliciosas y torcidas que sólo se podían explicar por la ruindad y los celos de aquella depravada criatura que, al no conseguir el favor que creía merecer de sus superiores y so capa de practicar el noble arte de las bellas letras, se había arrojado en brazos de la calumnia y la mentira... Un desagradecido más que "posee dema-siada imaginación y es harto insolente en sus palabras..." -escribirá la emperatriz en los márgenes de la obra-. Y el desdichado escritor fue a dar con sus huesos a Siberia, donde Radíschev pasó largos años, hasta la natural muerte de la au­gusta lectora y dueña del país.
El libro fue prohibido y durante lar­gos tiempo sólo circuló en copias manuscritas o en ediciones publicadas en el extranjero. En cuanto a su autor, tras pasar una temporada en Siberia, fue perdonado por el zar siguiente, Alejandro I. Incluso se le invitó a formar parte de una comisión que debía articular el marco legal de las ideas liberales que profesaba el joven zar. Radíschev, que se entregó con renovado fervor a hacer realidad sus sueños, se excedió en su celo lib­eral y democrático. De modo que se le tuvo que llamar al orden recordándole que las puertas de Siberia seguían abiertas. Sea por desesperación o por el horror que ex­perimentó al imaginarse de nuevo en tierras de hielos y penales, el hombre se envenenó y murió.
Y pasemos a la obra de Radíschev, sobre la que nos detenemos más como fenómeno social que dibuja de modo claro la evolución del pensamiento ruso a través de la literatura, que propiamente como obra destacable en el panorama literario ruso.

El Viaje... -esta "llamada satírica a la indignación" como la llamó Pushkin- es la plasmación de un conjunto de temas que preocupaban a la intelectualidad liberal de su tiempo. Aspectos de la vida rusa, heridas sangrantes en la conciencia del escritor, lacras morales y sociales que se despliegan en una sucesión de capítulos, jalonan de posta en posta el viaje de nuestro reflexivo, sensible y locuaz viajero. Y empecemos por el primero y tal vez el más importante tema: el régimen de servidumbre, la condición prácticamente esclava en la que vivía el campesino ruso. Aunque antes de entrar en el meollo, acerquemos al lec­tor español al verbo florido de este ilustrado, que empieza dedicando su obra a un amigo en los términos siguientes, vertidos a un castellano que pretende remedar el ruso de Radíschev:
"Quiéranlo o no el sano juicio y el corazón, a ti, mi afecto amigo, dedico esta obra. Aunque mis opiniones se alejan mucho de las tuyas, tu corazón, no obstante, late al compás del mío y eres mi amigo.
"He contemplado mi derredor y el sufrimiento me ha herido el alma. He dirigido la vista a mi interior y he observado que las penas del hombre vienen del hombre, y ello sucede a menudo tan sólo porque éste no mira rectamente a los objetos de su entorno. ¿Será posible, me decía yo, que la Naturaleza hay sido tan cicatera con sus hijos que al extraviado inocente ha hurtado por los siglos la verdad? ¿O tal vez esta terrible madrastra nos haya creado sólo para padecer mas no experimentar dicha alguna? Mi entendimiento se azoró ante semejante idea y el corazón la arrojó lejos de mi. He hallado en el hombre su propio consuelo. "Si aparto el velo a los ojos de la percepción natural, seré bienaventurado". Esta llamada de la naturaleza resonaba con fuerza en mi fuero interno. Me alcé de mi estado de postración al que me había sumido mi sensibilidad y compadecimiento, vime con fuerzas suficientes para enfrentarme al extravío y -¡oh, alegría inenarrable!- sentí que a todo hombre le es dado contribuir a la prosperidad de sus semejantes. Ésta es la idea que me ha empujado a escribir lo que has de leer acto seguido..."

Con este talante sensible y azorado empieza el autor su obra y el narrador su viaje. De posta en posta, que es la medida de sus relatos, el espectáculo que se ofrece al viajero, sazonado de sueños, visiones y pesadillas ejemplares, lo llevan a compartir amablemente con el lector sus profusas reflexiones. Resumamos algunas de ellas:
-La condición esclava del siervo envilece el alma del sojuzgado y el espíritu de quien lo oprime.
– La ignorancia es la fuente de la injusticia de los gobernantes y de la sumisión del pueblo hundido en la oscuridad de la superstición.
– La contemplación de Nóvgorod llevará al viajero a una reflexión histórica sobre las libertades pisoteadas de los antiguos rusos por gobernantes despóticos y crueles.
– Se da una recurrente mirada a las pasiones que impiden el flujo sereno de nuestros buenos sentimientos y oscurecen nuestra razón.
Radíschev se detiene en diversas claves sobre la inclinación natural a los placeres de la carne, a la que al parecer no era ajeno el propio autor. Nos narra, por ejemplo, en un estilo volteriano, la leyenda de un monje que por las noches cruzaba a nado las aguas de un lago para reunirse con su amada, hasta que se ahogó; o, nos ofrece, en el estilo en boga a la sazón del sentimentalismo, los desgarradores lamentos de un padre que transmite a su hijo difunto una horrorosa enfermedad venérea, etc.
-la herencia rousseauniana, que tanto predicamento tendrá en Rusia, es la constante idealización del pueblo que, o bien se nos muestra humillado, provocando nuestro "compadecimiento", o bien luce "lozano y sano", en contraposición de la macilenta e lujuriosa existencia urbana.

En fin, nos encontramos ante un recorrido por los vicios e injusticias de la sociedad de su tiempo. Malparados quedan soberanos, jueces, amos, terratenientes lúbricos, padres licenciosos y hasta monjes de débiles carnes. Encumbrados en su casi santo martirio, mujics, siervos y lozanas mozas. He aquí un alegato en favor de la libertad natural de los hombres, personas que, en el contrato mutuo que habría de ser el Estado, deberían ser tratados con justicia y como iguales.
Aleksandr Pushkin, poco amigo de la lisonja, escribía sobre el autor:
“En Radíschev se ha reflejado toda la filosofía francesa de su siglo: el escepticismo de Voltaire, la filantropía de Rousseau, el cinismo político de Diderot y Reynal, pero todo ello en forma torpe y deformada, como se reflejan los objetos en un espejo torcido... [Radíschev] es el representante de la semi-ilustración. El ignorante desprecio hacia todo lo pasado, el necio asombro ante su propio siglo, la ciega afición hacia lo nuevo, los conocimientos fragmentarios, superficiales, acomodados sin ton ni son, todo eso es lo que vemos en Radíschev."
Aunque años más tarde, en un borrador de El monumento (1836), Pushkin escribirá: "y tras Radíschev... he exaltado la libertad", y en una carta a Bestúzhev : "En lo que se refiere a la letras rusas, ¿cómo es posible olvidar a Radíschev? ¿A quién vamos a recordar?".

Tras los pasos de El viaje sentimental de Sterne, el escritor ruso "contagiado del mal francés" –en expresión de la emperatriz–, expresándose en una prosa aún deudora de la elocuencia clasicista, pero ya heterodoxa -ora satírica, coloquial y popular, ora pomposa y monumen­tal-, plasma las preocupaciones de su tiempo: la esclavitud de la sociedad rusa, la ceguera de los poderosos, la corrupción de la justicia, las malas costumbres, el pernicioso orden social y organización de la vida política, la ciencia, la administración; la apatía trocada de maldad en que se hallan sumidos los venales funcionarios y servidores del Estado, y la miseria, la humillación que soportan los siervos.
Todo ello se plasma en el papel, paso a paso, posta a posta, por el ora perplejo, ora indignado narrador. La obra es un ejemplo más de cómo la realidad rusa puede convertir un "viaje senti­mental" europeo, en un itinerario moral, en un alegato so­cial contra la injusticia, la opresión y la ignorancia.
Es, pues, fruto de esta constante influencia de Occidente sobre la intelectua-lidad rusa, el traslado al mundo ruso de las ideas de la Ilustración; pero junto a este hecho, aparece otro no menos importante, es el traslado a las letras rusas de un nuevo género literario. En lo que se refiere al lenguaje, como se ha apuntado antes, la obra constituye una de las primeras pruebas de la prosa rusa. Una prosa marcada por la impronta de las obras originales. Pero mientras otras lenguas europeas ya han encontrado su tono, han ido integrando en la lengua culta los elementos populares y vulgares del habla, no ocurre igual con Radíschev, sobre el que pesa la tradición ornamental y noble del estilo clasicista y el obligado uso de lo que ya a Pushkin se le antojaba pesados y torpes arcaísmos. Con Radíschev, como tampoco con Karamzín -otro paso de la prosa rusa- la prosa no encuentra aún su lengua literaria; la reflexión no halla su soporte escrito; sólo el lenguaje popular o la digresión satírica colgada del ruso vulgar halla acomodo en el texto.
Otro de los aspectos que convierte esta obra en texto episódico en la formación de la prosa literaria, es el híbrido que representa la poco afortunada combianción de dos estilos: el clasicista, del que sólo queda en la prosa su hinchada monumentalidad, y el sentimentalista, nacido para socavar la pesada imponencia del anterior.
El sentimentalismo, reflejo de una nueva manera de pensar y de sentir, de entender al hombre más allá de su privilegiada razón, llegará a Rusia de la mano de otro viajero, Nikolái Karamzín.

domingo, 27 de mayo de 2007

Lucrecia. Algunas de sus representaciones en el arte

Lucrecia era una noble romana casada con Colatino de la que se prendó el hijo del rey Tarquino; ante el rechazo de la joven a las solicitudes amorosas, el hijo del rey violó a Lucrecia. La patricia reunió a su padre, Lucrecio, a su esposo y a sus familiares para contarles lo que había ocurrido, acabando inmediatamente con su vida para lavar la afrenta. Bruto, presente en el suicidio, arrancó el puñal que Lucrecia había clavado en su corazón y juró venganza, en lo que sería el fin de la monarquía en Roma y la proclamación de la república en el año 510 a.C.

"Bruto, dejando al padre y al marido de Lucrecia inmersos en el dolor, extrajo el cuchillo de la herida de ésta, y manteniéndolo ante sí, aún lleno de sangre dijo: “ Por esta sangre tan pura antes de la ofensa real, juro, poniéndoos a vosotros dioses por testigos, que he de expulsar de Roma... a L. Tarquinio el Soberbio...” Llevaron entonces al foro el cuerpo de Lucrecia y excitaron los ánimos de las gentes.... Todos se lamentaban de la violencia criminal del rey... Los más ardientes de entre los jóvenes se presentaron armados como voluntarios. A estos les siguieron todos los demás. El rey recibió en el campamento estas noticias y se dirigió a Roma bajo el temor de esta revolución, para reprimir el movimiento... Este encontró las puertas cerradas, con lo que se le indicaba el camino del exilio....
En los comicios centuriados, convocados por el prefecto de la ciudad de acuerdo con las disposiciones de S. Tulio, fueron designados dos cónsules: L. Junio Bruto y L. Tarquinio Contatino." (TITO LIVIO, 59, 155)

sábado, 19 de mayo de 2007

Esparta. 5


A la cabeza de la estructura gubernamental había dos reyes hereditarios, institución anómala difícil de definir (y la coexistencia de dos casas reales escapa a cualquier explicación). Eran los jefes del ejército en el campo de batalla. Pero en la patria no solo carecían de poder real autoritario sino que etaban sujetos a supervisión por parte de los éforos. Por otra parte, conservaban algunas funciones sacerdotales tradicionales; recibían por derecho diversos emolumentos; y a su muerte eran llorados de una modo que Heródoto (VI, 58) encontraba tan extraño que consideraba los ritos funerarios reales "semejante a los de los bárbaros de Asia". Eran ex officio miembros de la gerusia, consejo de treinta ancianos, de los cuales los demás eran hombres de por lo menos sesenta años de edad elegidos de por vida. Parece que los reyes nunca presidieron la gerusia ni tuvieron prerrogativas en sus deliberaciones por encima de los demás miembros. Tampoco presidían las reuniones de la asamblea, que aparentemente no tenía capacidad para iniciar acciones o incluso presentar o incluso presentar enmiendas a las propuestas que se le hacían, pero que, sin embargo, tenía el voto final en cuestiones básicas de política que se le presentaban. Y luego estaban los cinco éforos, elegidos anualmente de entre el cuerpo entero de ciudadanos y cuya función estaba limitada a un solo año durante el cual tenían poderes de gran alcance en la jurisdicción criminal y la administración en general.
La propia existencia de dos familias reales indica que el ideal de una comunidad de Iguales era incompleto en la realidad. La constitución es posible qe haya mantenido atados a los reyes, pero la aureola que los envolvía estimulaba y ayudaba al más capaz y ambicioso de los dos a extender su autoridad de un modo que a veces ponía en peligro el equilibrio de poder de la sociedad. Heródoto está casi obsesionado con los relatos acerca de la susceptibilidad de los reyes espartanos para con el soborno. Cuando Aritágoras, tirano de Mileto, buscando la ayuda espartana para la revuelta jónica contra Persia, había aumentado su oferta a Clómenes I de diez a cincuenta talentos, el rey se libró de la tentación solo porque su hija Gorgo de ocho o nueve años gritó: "Padre, el extranjero te corromperá si no te alejas" (V, 51). Algunos éforos también consideraron la enorme autoridad que se les concedía como un vino muy embriagador que intentaban apurar en el único año de función que les estaba permitido. Y ocurrió a menudo, de acuerdo con Aristóteles (Politica, 1270b, 7-15) "que alcanzaban la magistratura hombres sumamente pobres que por su indigencia eran venales"; y tal era su autoridad que incluso los reyes "se veían obligados a cortejarlos".
Todo esto quizá es enormemente exagerado (o en el caso de Aristóteles se refiere a la Esparta decadente del siglo IV), pero con todo indica que la austeridad espartana nunca fue tan total en la realidad como sobre el papel. Además, había desigualdad entre los Iguales. Algunos eran incluso bastante ricos para presentar equipos en las carreras olímpicas de carros, signo supremo de riqueza excepcional entre los aristócratas griegos; se han conservado listas con los nombres de nueve vencedores espartanos (con doce victorias entre ellos) entre 550 y 400 c.C., de los cuales uno es un rey, Demarato; otro, Arquesilao, dos veces victorioso, fue seguido por su hijo veinte años más tarde. ¿Acaso estos hombres tan ricos no usaron nunca su riqueza para su propio beneficio en las elecciones, o para sus hijos, en algún momento? Sería difícil de creer, así como también es difícil de apreciar el tono de una reunión de la asamblea espartana que no era heterogénea como la ateniense, sino más bien, con otra capacidad, una reunión del cuerpo del ejército altamente disciplinado para el cual la obediencia se presentaba como la principal vitud de toda su vida. ¿Podían escuchar los debates con una mente abierta, olvidándose de la categoría de los oradores en la jerarquía militar o sus hazañas individuales en el campo de batalla?

FINLEY, M. I., La Grecia primitiva: Edal del Bronce y Era Aracaica, Grijalbo, 1987

lunes, 7 de mayo de 2007

La civilización. Historia del concepto. 2


La definición de civilización como conjunto de características


Otra perspectiva para una devinición de la civiliación prestnea una combinación de elementos de delimitación con la información sobre la naturaleza de estas sociedades a partir de la compilación de listas de características de los diferentes niveles de organización social. Gorden Childe (1950) confeccionó una lista de diez características de las ciudades, seleccionadas para ser indentificadas a partir del registro arqueológico. Su concurrencia en un yacimiento antiguo suponía la existencia de una comunidad urbana que formaba parte de una civilización. Childe empleó estas características para definir y reconocer las formas tempranas de urbanismo e intentó demostrar cómo funcionaban y cómo se interrelacionaban. No resulta difícil distinguir en los diez índices de Childe distintas características primarias y secundarias de las civilizaciones antiguas. Las cinco características primarias se refieren a los testimonios de cambios fundamentales en la organización de la sociedad, mientras que las cinco secundarias están en relación con las diversas formas de evidencia que señalan la presencia de las cinco características primarias.


Características primarias



  1. Tamaño y densidad demográfica de las ciudades: el crecimiento de una población organizada implica un nivel más amplio de integración social.


  2. Especialización del trabajo a tiempo completo: la institunalización de la especialización productiva de los trabajadores, al igual que de los sistemas de distribución de intercambio.


  3. Concentración de excedente: existencia de medios para recaudar y gestionar el excedente productivo de campesinos y artesanos.


  4. Estructuración social de clases: organización y dirección de la sociedad por una clase dirigente privilegiada, compuesta por funcionarios religiosos, políticos y militares.


  5. Organización estatal: existencia de una organización política bien estructurada basada en la adscripción residencial, que reemplazaría a la identificación política basada en el parentesco.

Características secundarias




  1. Obras públicas momumentales: existencia de empresas colectivas en forma de templos, palacios, almacenes, y sistemas de irrigación.


  2. Comercio a larga distancia: expansión de la especialización y el intercambio más allá de la ciudad en un marco de desarrollo comercial.


  3. Obras de arte normalizadas y monumentales: formas artísticas altamente desarrolladas que expresan identificación simbólica y gusto estético.


  4. Escritura: la técnica de la escritura como instrumento en los procesos de organización y gestión.


  5. Aritmética, geometría y astronomía: inicio de las ciencias exactas y predictivas y de la ingeniería

Si se separan y reordenan estos diez puntos, se puede apreciar la profundidad de la comprensión y la perspicacia que caracterizan gran parte de los escritos de Childe. Las características primarias se relacionan con los cambios demográficos, económicos y organizativos que constituyen aspectos esenciales de los inicios de la civilización. Las características secundarias documentan la existencia de ciertas características primarias. Por ejemplo, una comunidad capaz de construir obras públicas monumentales ha de contar con artesanos especializados con el excedente suficiente para financiar esos trabajos. El comercio a larga distancia y a gran escala también resulta indicativo de la existencia de las características primarias. La especialización artesanal para crear bienes de consumo, la habilidad para concentrar excedentes y una organización política capaz de organizar el comercio se imbricarían en una red de comercio a gran escala. Dos de las características de Childe han sido objeto de fuertes críticas; la escritura y las obras de arte normalizadas. A primera vista, estos rasgos parecen tener una importancia muy secundaria, pero son indicadores de cambios fundamentales en la organización social. La escritura era utilizada, especialmente en las civilizaciones antiguas de Mesopotamia para llevar la contabilidad. La escritura, o algún sustituto que sirviera para el registro de transacciones complejas, resultaba necesaria para el tipo de sistema económico a gran escala que requería la civilización del Próximo Oriente. La utilidad de las convenciones artísticas no es tan aparente como la de la escritura, pero los temas del primer arte normalizado parecen reafirmar la estructura y los códigos sociales de la civilización antigua. La escritura, el arte normalizado y las civilizaciones antiguas, cuya aparición se produjo simultáneamente, estaban claramente relacionados y formaban parte de un mismo proceso.


Elman Service ha propuesto otro sistema de características para diferenciar las civilizaciones y los estados de otras formas de organización. A partir de información etnográfica procedente de todo el mundo, Service (1962) ha formulado una serie de niveles teóricos de organización. Service utiliza el término "estado" para evitar muchas de las connotaciones del término "civilización". Considera al estado como la forma más elevada de organización sociopolítica, caracterizada por un gobierno centralizado muy fuerte y una clase dirigente profesional divorciada, en gran medida, de los lazos de parentesco. El estado estaba muy estratificado y diversificado internamente, con patrones residenciales frecuentemente basados en la especialización de las actividades más que en las relaciones de consanguineidad o afinidad. El estado trataba de mantener el monopolio de la fuerza y se caracterizaba por la aparición de la ley. Su estructura económica se fundamentaba en el intercambio recíproco y en la redistribución, y estaba controlada por una élite con acceso preferencial a los bienes y servicios estratégicos.


CHARLES L. REDMAN, Los orígenes de la civilización. Desde los primeros agricultores hasta la sociedad urbana en el Próximo Oriente, Ed. Crítica, 1990

domingo, 6 de mayo de 2007

6 de mayo de 1937. Incendio del "Hindenburg"


El eterno sueño de la humanidad ha sido siempre volar.; la obsesión de los hermanos Montgolfier. Los inventores del globo esférico de aire caliente (1783) dieron las primeras pistas para que a principios del siglo XX naciera el globo dirigible. Popularizado simplemente como "dirigible", en sus inicios este aerostato tenía un vuelo muy errático, un defecto que con el tiempo se fue corrigiendo. Gracias a la invención de una estructura más rígida para contrarrestar la resistencia del aire y la incorporación de un motor, el dirigible se convirtió en el primer artefacto volador capaz de ser controlado en un vuelo de larga distancia. Autopropulsado y gobernado libremente como cualquier aeronave, el dirigible era, hace cien años, un icono del progreso técnico que se paseaba por el cielo de todo el mundo.
La época dorada del dirigible se tiene que situar entre el 1900 y la década de los treinta, no solo por sus usos militares (sobre todo durante la Primera Guerra Mundial) sinó también como medio de transporte de pasajeros. De vuelo silencioso, con una gran autonomía y poco contaminante, el dirigible podía transportar grandes cargas y aterrizar en cualquier lugar, sin necesidad de una gran infraestructura. Pero, por contra, estos enormes aparatos eran muy vulnerables a las inclemencias del tiempo y dependían para ascender, de un gas que fuera más ligero que el aire, y la mayoría de estos gases son tóxicos e inflamables. Dos inconvenientes que fueron causantes de más de una catástrofe.
El primer dirigible totalmente operativo a cielo abierto fue construido por Renard y Krebs en 1884 para el ejército francés. Le France, tal como fue bautizado, tenía 51,8 mts de lontigud y consiguió un vuelo de 8 kms en 23 minutos gracias a un motor eléctrico de 8,5 CV. Cerca ya del siglo XX, el brasileño Alberto Santos-Dumont también empezó a hacer carrera en este campo. En 1898 diseñó su primer dirigible, inflado con hidrógeno, que llamó Número 1. Al cabo de un año lo probó con suerte el 2 y el 3 respectivamente y a partir de entonces su trayectoria no se detuvo hasta llegar secuencialmente al Número 22 y al avión 14-bis, al principio acoplado a un dirigible.
Otro nombre propio que se ha de tener presente es el del conde Ferdinand von Zeppelin, propietario de la compañía de dirigibles que llevaba su nombre. Fue el encargado de iniciar una época de esplendor cuando el julio de 1900 bautizó su Luftschiff Zeppelin (LZ1), uno de los aparatos más famosos de la historia. De hecho, sin tener nada que ver con la fábrica Zeppelin, los dirigibles que posteriormente utilizaron su tecnología (algunos de los cuales, construidos en el Reino Unido y en EEUU entre 1920 y 1930) se pasaron a llamar zepelines. De estos dirigibles alemanes se usaron más de cien en la Gran Guerra como arma ideal para combatir la superioridad naval británica. Pero, a la hora de la verdad, resultaron ineficaces y, además, los ingleses también fabricaron los suyos: más de 225 no rígidos, algunos de los cuales vendieron a Rusia, Francia y EEUU. Mientras tanto, en España, Leonardo Torres Quevedo, que había trabajado en los dirigibles desde 1902, en 1928 diseñaba el dirigible trasatlántico Hispania, un proyecto que fracasó por la falta de financiación.
Durante el período de entre guerras, diversos países aprovecharon para perfeccionar sus dirigibles. En Norteamérica, construyeron el primer dirigible rígido, el USS Shenandoah (ZR-1). Se estrenó en 1923 y era el primero que volaba inflado con helio, muy raro en aquel tiempo. De hecho, el dirigible alemán que se estaba construyendo entonces, el Graft Zeppelin (LZ127), funcionaba con gas azul, similar al propano. Pensado para el transporte de pasajeros, este último voló más de dos millones de kilómetros, incluyendo la primera circunnavegación del planeta, sin tener ningún accidente. Pero esta no fue la tendencia general de aquel período. El USS Shenandoah se estrelló en 1925 en una tormenta y hubieron 14 víctimas mortales. Ocho años después, una fuerte ráfaga de viento provocó que el USS Akron cayera al mar y murieran 73 personas. Y de este hecho solo habían pasado dos años cuando el USS Macon también se accidentó y perdieron la vida dos personas. Ninguno de estos accidentes superó la espectacularidad del incendio del dirigible alemán Hindenburg (LZ 129), en 1937.
Como consecuencia de esta último incidente, la confianza en los dirigibles quedó gravemente afectada. No solo como transporte comercial sino también para usos militares. Aunque los norteamericanos, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, continuaron con su programa de construcción de dirigibles. En 1941, Los EEUU tenían operativos diez dirigibles no rígidos.
Pero acabada esta guerra, gradualmente los dirigibles fueron desapareciendo del paisaje aéreo. No fue hasta hace poco que compañías como la Zeppelin, que en 1997 hizo el vuelo inaugural del Zeppelin NT para transporte de pasajeros, recuperaron el negocio de los dirigibles. La posibilidad de transportar carga o utilizarlos como satélites, además de usos publicitarios y fotográficos, son puertas que se vuelven a abrir para estas máquinas.


Hingenburg 248 mts
Boeing 747 70,7 mts
Titanic 267 mts






Extraído del Suplemento Presència del 13 de abril de 2007

martes, 1 de mayo de 2007

Esparta. 4


Finalmente, Esparta no tuvo más elección que tomar un camino radicalmente distinto al de cualquier otro estado. El momento decisivo llegó en la llamada segunda guerra mesenia, que, dice la tración, duró diecisiete años y que hay que fechar probablemente en el tercer cuarto del siglo VII. Mesenia se rebeló y los espartanos se vieron muy apurados para sofocar el alzamiento, principalmente, a lo que parece por Tirteo, a causa del descontento, desorden y casi rebelión en sus propias filas.
Durante este conflicto Tirteo abogó por la eunomía, "obediencia a las leyes", que iba a ser, según la opinión de algunos griegos, la mayor virtud espartana en época clásica. (Vale la pena señalar que en todas sus exhortaciones al patriotismo y eunomía, Tirteo nunca mencionó al legislador Licurgo.) Y una vez que los mesenios fueron sometidos de nuevo, los espartanos se dedicaron a elaborar una solución común a sus problemas más apremiantes, la eliminación de stasis en casa y el mantenimiento de un dominio seguro sobre los hilotas que sobrepasaban grandemente en número a los hombres libres. No podemos seguir con precisión los pasos por los que la solución (un comproniso entre diversos grupos y peticiones contradictorios) fue lograda. No hay acuerdo entre los estudiosos, por ejemplo, respecto a la fecha o el significado exacto de un documento clave, la llamada Gran Retra, conservada por Plutarco ene un texto corrupto dentro de un contexto confuso. Según alguna interpretación, este breve texto, que distribuye el poder decisorio entre los reyes, el consejo de ancianos y la asamblea de todos los iguales, señala la primera vez en la historia griega en que la asamblea popular recibe fomalmente poderes, aunque restringidos, en una fecha probablemente anterior a la segunda guerra mesenia. La Retra no hace referencia a los éforos que ya existían y que más tarde, a mediados del siglo VI, se convirtieron en el poder ejecutivo más importante del gobierno espartano. Tanto la medida de nuestra ignorancia como el valor de la evolución en las instituciones espartanas, que hemos de tener en cuenta, están suficientemente ejemplificadas en este texto único.
La eunomía fue terminada, según Heródoto en el reinado de León y Agasides, esto es, a principios del siglo sexto. "Mucho antes -escribe- se gobernaban con las peores leyes de toda Grecia, tanto en lo interno como con los extranjeros, con quienes no tenían comercio." Si esto tiene algún fundamento, significa que dos generaciones después de la segunda guerra mesenia se vio el resultado de la harto compleja estructura de la sociedad espartana en época histórica. Los Espartiatas varones, los Iguales, se convirtieron en un cuerpo militar en régimen de jornada completa. Sus vidas, en principio, estaban enteramente moldeadas por el estado y enteramente dedicdas a él. Incluso para decidir si se permitía sobrevivir o no a un niño se dejaba a un lado a los padres y se encargaban de ello los oficiales públicos. Este era uno de los sistemas que servían, simbólicamente y también en la práctica, para minimizar los lazos de parentesco y reducir, por tanto, una importante fuente de lealtades contradictorias. A los siete años un niño era entregado al estado para su educación, que se concentraba en la audacia física, la habilidad militar y las virtudes de la obediencia. En la niñez y adolescencia se desarrollaba a través de agrupaciones íntimas con gente de su edad; cuando era adulto su principal asociación era con su regimiento militar y su comida en común. Diversos ritos reforzaban el sistema en las etapas fijadas de crecimiento del hombre.
La concentración en un solo objetivo de la vida de los Espartiatas se veía fortalecida por su abandono de todas las preocupaciones y actividades económicas. Esto incumbía a los hilotas y periecos que, de distintas maneras, producían la comida y las armas y se ocupaban del comercio. Los hilotas trabajaban por pura coacción, pero los periecos eran los beneficiarios de una situación de monopolio, libre de competencia tanto por parte de los mismos espartanos como de los extranjeros. A los Espartiatas incluso se les prohibía el uso de la moneda acuñada, y los de fuera no tenían permiso para accedera la economía salvo por mediación de los periecos o del estado. Esta situación probablemente ayuda a explicar por qué oímos hablar poco de desórdenes por parte de los periecos, pese a su carencia de autonomía y su contribución militar obligatoria. También explica el fracaso de Esparta en desarrollarse dentro de una comunidad urbana.
Desde la niñez, también, a los espartanos se les fomentaba la competición recíproca, no en realizaciones intelectuales o para el provecho económico, sino en proezas y resistencias físicas. Los premios eran honoríficos más que materiales en cierto sentido, pero entre ellos había puestos de autoridad y liderazgo. A los dieciocho años ya se podía ver uno recompensado por la admisión por la admisión en un cuerpo juvenil de élite llamado hippeis, cuyas funciones eran servir de escolta personal a los reyes y llevar a cabo misiones gubernamentales secretas. Luego venía la posibilidad de conseguir una jefatura en el ejército y finalmente un puesto en el gobierno.

FINLEY, M.I., La Grecia primitiva: Edad del Bronce y Era Arcaica, Crítica-Grijalbo, 1987

domingo, 29 de abril de 2007

Civilización. Historia del concepto. 1


La obra de los evolucionistas de finales del siglo XIX, como Edward B. Tyler y Lewis Herny Morgan, encasillaba el desarrollo de las formas culturales en una serie de etapas por las que habrían de pasar todas las sociedades. La primera era el "salvajismo", caracterizado por una escasa organización social y una bse subsitencial basada en la caza y la recolección. La siguiente etapa era la "barbarie", más o menos equivalente a una organización tribal con una subsistencia basada en una agricultura primitiva. El tercer y superor "período ético" concebido por Morgan era la "civilización", cuyo rasgo característico era la escritura.
Este esquema clasificatorio tripartito constituia un intento de categorizar todos los elementos de las culturas conocidas por la etnografía y de explicar la aparición de la civilización en términos evolucionistas. Al igual que otros muchos "sistemas mundiales" que intentaron explicar el desarrollo humano de manera simplificada, este esquema fracasó en muchos aspectos. Además de presentar problemas con los datos y sus interpretaciones, existen dos deficiencias básicas en el sistema de Tyler y Morgan. En primer lugar, cualquier esquema clasificatorio que asume la existencia de relaciones diacrónicas (a través del tiempo) sobre la base de ejemplos sincrónicos (en un momento determinado en el tiempo) cae por su propio peso. El estudio de diferentes formas sociales contemporáneas no permitiría la proyección de una o más de ellas hacia el pasado como formas ancestrales de las sociedades actuales. Es cierto que el registro etnográfico proporciona modelos que pueden ser contrastados con datos arqueológicos reales, pero no es posible utilizarlo simultáneamente como moedelo y como comprobación. La segunda deficiencia radica en el uso de términos peyorativos para clasificar las formas sociales. En los términos "salvajismo", "barbarie" y "civilización" se halla implícito un juicio de valor, ya que la barbarie se considera mejor que el salvajismo, y la civilización mejor que la barbarie. También puede dar lugar a la falsa idea, asociada a cualquier sistema de evolución unilineal, de que existen fuerzas inherentes guiando el desarrollo de las culturas que conducen necesariamente de una etapa a la otra. Muchos pueblos en diversos puntos han seguido esta trayectoria general de desarrollo, pero no es el único camino posible y, en ciertas circunstancias, el salvajismo puede resultar más eficaz para la supervivencia que la barbarie e, incluso, que la civilización.
Algunos historiadores del siglo XX, como Oswald Spengler y Arnold Toynbee, también intentaron construir historias mundiales. Estos intentos resultaron inadecuados por su carácter de síntesis universales basadas en datos muy escasos, procedentes exclusivamente del modelo de la civilización occidental. A pesar de ello, Spengler y Toynbee desarrollaron conceptos importantes para las investigaciones posteriores sobre la emergencia de la civilización. Spengler trataba de oponerse al etnocentrismo del mundo occidental de su época, al teimpo que sus ideas reflejaban un pesimismo generalizado y sugerían que progreso e historia no son equivalentes. Utilizó un modelo biológico de desarrollo en un intento de reducir el sesgo humanístico de sus interpretaciones. Spengler creía que existían similitudes entre la estructura y la forma de animales y plantas y las de las civilizaciones, y afirmaba que las civilizaciones experimentan un ciclo vital con las mismas fases de desarrollo, juventud, madurez y senectud. Spengler era un determinista ambiental y suponía que las características de una civilización estaban estrechamente relacionadas con las de su territorio. En su opinión, si una civilización llega a completar su potencial demográfico, artístico y científico, pasa rápidamente a la fase de senectud y muere. Las ideas de Spengler sobre la estrecha conexión entre la civilización y su entorno, y su preocupación por las etapas de cambio en el crecimiento de las sociedades, influyeron de manera notable en teóricos posteriores.
La obra de Arnold Toynbee Estudio de la Historia es otro intento monumental de explicar el curso de la historia mundial (1934). El concepto de progreso y la creencia en el "movimiento ascendente" de la historia impregnan toda la obra. Toynbee veía una elación directa entre la forma de la civilización y su entorno físico. El mecanismo primario de crecimiento y "progreso" social sería la aceptación por parte de la sociedad del reto procedente del medio físico con una respuesta a ese reto específico que provocaba la aparición de un nuevo desafío. Toynbee llegó a esta conclusión por medio de la comparación, un tanto superficial, de pares de sociedades eu se desarrollaron en ambientes diferentes. En cada caso el estímulo civilizador aumentaba en relación directa a las dificultades del medio. Toynbee citaba la superioridad de los pobladores de Nueva Inglaterra sobre los de regiones de características más acogedoras como un ejemplo de su hipótesis de "estímulo y respuesta". Abogaba por la idea de que una combinación de factores físicos tiene influencia en la aparición de la civilización en determinadas regiones. Los mecanismos que iniciaban la civilización eran en gran medida psicológicos y no fueron definidos con rigor. Actualmente tienen poca vigencia los detalles de sus hipótesis, pero del determinismo ambiental propugnado por Toynbee surgieron hipótesis de gran importancia, como la tesis hidráulica de Wittfogel, que se tratará posteriormente.
Varios antropólogos han intentado definir la civilización con finalidad clasificatoria y explicativa. Alfred L. Kroeber usó el concepto de "civilización" para dividir la historia humana en unidades analíticas (1953), definidas primordialmente por los valores y las cualidades conocidas como estilos. Este método de acotar civilizaciones es particularmente útil en las propuestas de investigación que utilizan restos materiales, como las obras de arte o el vestido, pero aporta muy poco a la explicación de las diferencias y similitudes entre civilizaciones y su desarrollo. En todo caso, se trata de un sistema clasificatorio a partir de un grupo seleccionado de atributos.
Otro método para definir las civilizaciones consiste en señalar sus diferencias respecto a su entorno. Robert Redfield caracterizaba las sociedades a partir de la oposición de constructos ideales, como lo rural y lo urbano, o las pequeñas y las grandes tradiciones. A diferencia del enfoque de Kroeber, concebido primordialmente para distinguir diferentes civilizaciones, la perspectiva de Redfield ayuda a entender el funcionamiento de las civilizaciones y estimula al investigador a buscar las pautas de interacción de los diferentes sectores sociales que constituyen la globalidad de la civilización. La contribución más importante de Redfield es la idea de que las características esenciales de la civilización, personificadas en la élite urbana, no pueden ser totalmente comprendidas sin hacer referencia a las pequeñas tradiciones del campesinado rural. Estas pequeñas tradiciones de la civilización se encuentran frecuentemente arraigadas en las comunidades tribales anteriores a la civilización. Aunque los tipos ideales de Redfield son demasiado generales para un análisis detallado, el énfasis en los aspectos de relación entre los componentes de un complejo civilizacional fue de importancia crucial en estudios posteriores.

CHARLES L. REDMAN, Los orígenes de la civilización. Desde los primeros agricultores hasta la sociedad urbana en el Próximo Oriente, Ed. Crítica, 1990

sábado, 28 de abril de 2007

Esparta. 3


Cualesquiera que sean los orígenes del sistema (cómo, por ejemplo, se creó una diferenciación originaria entre las dos categorías de gente sometida, tan diferentes, periecos e hilotas, o cómo los espartanos monopolizaron a los hilotas que nunca fueron asignados a periecos, los cuales a su vez eran libres de obtener y poseer esclavos genuinos si lo deseaban) las consecuencias en tiempos históricos son bastantes inteligibles. Como veremos, los hilotas, mucho más numerosos que los esclavos de cualquier otro estado griego, incluso Atenas, fueron fundamentales para el establecimiento del sistema único espartano y para la política adoptada por Esparta en el extranjero.
Nuestra ignorancia de la Esparta de la Edad Oscura va todavía más allá, a la totalidad de su primitiva evolución institucional. La arqueología aquí ha sido aún menos útil que de costumbre. El único camino prudente, por lo tanto, es dedicarse inmediatamente a la época arcaica, desde el comienzo del siglo VII, dejando de lado todos los esfuerzos por reconstruir algo coherente a partir de las tradiciones tardías que están impregnadas de ficciones descaradas, incluyendo las que se relacionaron con Licurgo, el legendario legislador. Tampoco nuestros testimonios de la Esparta del siglo VII son abundantes, pero por lo menos tienen bases más firmes; algunos son contemporáneos y se sujetan a los controles normales del análisis histórico. Podemos, por ejemplo, leer los fragmentos del poeta lírico Alcmán, que permiten suponer de inmediato que Esparta en su época estaba aún dentro de la corriente de la evolución cultural griega, cosa que no iba a ocurrir más tarde. Otros signos apuntan en la misma dirección, tales como los hallazgos arqueológicos o la admisible tradición del papel preponderante de Esparta en la evolución de la música griega (tanto si uno cree, como si no, que fue un lidio, de nombre Terpandro, inventor de la lira, el que emigró a Esparta y fundó allí la tradición musical). Podemos leer los fragmentos del poeta Tirteo, que revelan que la Esparta del siglo vil estaba también dentro de la corriente general en su condición de stasis crónica (de nuevo, como ya no le iba a ocurrir nunca más), provocando peleas por la distribución de las tierras, peticiones políticas de los plebeyos (importante factor junto con el nuevo ejército de hoplitas) y conflictos con otros estados del Peloponeso, especialmente con Argos y con Tegea, ciudad destacada de Arcadia.
Hay incluso una curiosa historia de una colonia que Esparta fundó en Taras (actual Tarento) en el sur de Italia hacia el año 700 a.C. En realidad hay dos versiones, cada una de ellas con variantes, que provocaron amargos debates en la antigüedad. De acuerdo con una de ellas (Estrabón IV, 2) los Espartiatas que no habían participado en la conquista de Mesenia, que duró muchos años, fueron después esclavizados por los guerreros que regresaron vencedores, mientras que "los niños nacidos durante la guerra fueron llamados partheníai ( de la palabra parthenos que significa a la vez 'virgen' y 'soltera') y privados de sus derechos. Los partheníai, que eran numorosos, se negaron a aceptar su suerte y conspiraron contra el demos". La conspiración fue descubierta, el oráculo de Delfos aconsejó que se les embarcara hacia Tarento y allí se unieron con los bárbaros y los cretenses que ya se habían instalado en el lugar. En la otra versión, también registrada por Estrabón (VI, 3, 3), las mujeres espartanas enviaron una delegación al ejército cuando la guerra llevaba arrastrándose diez años, protestando por la despoblación, consecuencia inevitable de la guerra. Los mejores jóvenes fueron enviados a casa para procrear, pero cuando todo el ejército regresó, dejaron de "honrar a los partheníai como a los otros y los trataron de ilegítimos. Estos, acto seguido, conspiraron con algunos hilotas y se rebelaron"; la conspiración fue delatada por los hilotas, y de nuevo la fundación de Tarento fue el resultado final.
Aparte de Tarento ( y la participación de Esparta en su establecimiento es cierta aunque uno se tenga que abrir paso por cuentos contradictorios), Esparta nunca estuvo involucrada en el movimiento colonizador arcaico. La razón está en que su territorio era extenso, especialmente después de la conquista de Mesenia, y este factor junto con el sistema de periecos e hilotas constituyó una ruptura fundamental del modelo griego "típico" de desarrollo.

FINLEY, M.I., La Grecia primitiva: Edad el Bronce y Era Arcaica, Crítica-Grijalbo, 1987