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sábado, 13 de octubre de 2007

La oralidad y la escritura según Paul Valéry

"Por mucho, mucho tiempo, la voz humana fue la base y la condición de la literatura. [...] Todo el cuerpo humano, presente bajo la voz y apoyo, condición de equilibrio de la idea... Vino un día en que supimos leer con los ojos sin deletrear, sin oír, y la literatura cambió de cuajo."

PAUL VALÉRY, citado en GÉRARD GENETTE, Figuras II, 1969 (el subrayado es del autor)

viernes, 12 de octubre de 2007

Luis Goytisolo. La realidad y las palabras

Resultado sorprendente. Por primera vez, al fijar las palabras en sus notas, tenía la sensación de estar creando algo y no -como el actor que una buena noche descubre el tedio de repetir por enésima vez su papel y se pregunta qué hace allí si nunca le ha interesado verdaderamente el teatro y si, en realidad, podría estar dedicándose a cualquier otra cosa menos monótona y repetitiva- la impresión de estar jugando un juego por jugarlo, no porque le interesara de veras. La sensación, en otros términos, de estar creando una realidad nueva en lugar de contar una historia más o menos acomodada a la forma de contar cualquier otra, el triunfo de una huelga que sea al mismo tiempo el triunfo de una toma de conciencia, o el vacío moral de quienes llevan una vida disoluta al margen de todo compromiso con la sociedad y demás cosas que se escriben, descripciones, diálogos, relato, monólogo interior, contrapuntos y puntualizaciones, los qué hay dijo Juan, los encenció un cirgarrillo, los ella soltó una carcajada, etcétera, tan pesados de leer como de escribir, incluso cuando se trata de un productivo medio de ganarse la vida.
¿Qué diferencia hay entre una flamencota que, entrevistada en la tele, habla con total desparpajo de su arte, y el escritor salido del anonimato por obra y gracia de algún premio literario, un maestro nacional o el secretario de un pequeño municipio, miope, con cara de rana, cuando se refiere al carácter intimista de su obra o a sus ideas sociales, y entonces, al dar lectura a alguna de sus cosas, sólo entonces descubre al maravillado espectador que bajo la feroz apariencia de aquella Bête que mantiene prisionera a la princesa late un corazón lleno de amor y que, tras aquella cara de rana, hay un hombre que ama y apostrofa, que habla de balcones sangrantes de geranios o del vigor que le alienta del pueblo soberano? No, nada parecido a eso. Al contrario, la sensación de estar configurando, con sólo palabras, una realidad mucho más intensa que la realidad de la que toda esa literatura pretende ser testimonio o réplica.
Más aún: era como si las palabras, una vez escritas, resultaran más precisas que su propósito previo y hasta le aclaran lo que, con anterioridad, sólo de un modo vago intuía que iba a escribir. Un libro que fuera, no referencia de la realidad sino, como la realidad, objeto de posibles referencias, mundo autónomo sobre el cual, teóricamente, un lector con impulsos creadores pudiera escribir a su vez una novela o un poema, liberador de tramas y de formas, creación de creaciones.
Se diría que así, como una célula humana fecundada contiene ya en germen todo lo que ha de ser la persona con cuyo nacimiento culminará su desarrollo, hay igualmente instantes en la vida del hombre que, por su fuerza metafórica, vienen a ser resumen o compendio de todas sus percepciones conscientes e inconscientes, la concentración, una dentro de otra, de toda experiencia implícita, instante y duración, un tiempo muy superior, en su elasticidad y amplitud, al tiempo cronológico. Y fijar ese instante, esa duración, supone un desarrollo centrífugo, círculos que se dilatan sucesivos, que se amplían como las ondas que se agrandan en torno a donde la piedra se hundió en el estanque o como una metáfora dentro de una metáfora supone un relato. El momento áureo, la sensación de que por medio de la palabra escrita, no sólo creaba algo autónomo, vivo por sí mismo, sino que en el curso de este proceso de objetivización por la escritura conseguía al mismo tiempo comprender el mundo a través de sí mismo y conocerse a sí mismo a través del mundo.
Más allá de las palabras, de su enuncidado escueto. Algo que no está en ellas sino en nosotros, aunque sean ellas, a su vez, las que nos dan realidad a nosotros.

LUIS GOYTISOLO, Recuento, 1973

viernes, 28 de septiembre de 2007

28 de septiembre de 1973. Muere W.H. Auden


W.H. Auden, hombre de letras inglés nacido en 1907 en la ciudad de York, fue el heredero indiscutilbe del prestigio de T.S. Eliot, quien a su vez lo había heredado de W.B. Yeats. La fama le llegó muy pronto, inmediatamente después de la publicación de su primer libro, Poems, en el año 1928, cuando apenas contaba veintiún años. Poco antes de morir, había preparado la edición definitiva de su obra poética (poemas y pequeñas obras dramáticas en verso y prosa), que aparecieron cinco años después, en la Editorial Faber and Faber, editadas por su albacea literario, Edward Mendelson, con el título de Collected Poems. Este libro es su testamento literario.
Collected Poems es un libro ordenado cronológicamente, en el que se han desestimado muchos poemas, algunos de los cuales habían llegado a ser muy famosos, como es el caso de "Spain", que el poeta rechazó luego por razones morales, como veremos más adelante. En realidad, la revisión de su poesía (casi tan drástica como la que en su momento llevó a cabo Carner) fue el resultado de una razón ética más que estética: la convicción que un poema no puede expresar creencias que no sean las del poeta, por mucho que éste las juzgue retóricamente efectivas. Considero que este punto de importancia suficiente para dedicarle nuestra atención.
Según Auden, la poesía no puede estar exenta de las normas éticas, de las nociones de "lo verdadero" y "lo falso": un poema puede ser una mentira y, es más, una mentira poética puede resultar más persuasiva que una verdad expresada con poca elocuencia. Las palabras poseen en potencia la facultad de hacer un bien, o de causar daño, tanto si se trata de un discurso político como de las imágenes ordenadas de un poema. Para Auden, el efecto del lenguaje poético difiere esencialmente de la teoría moderna, que situaba la poesía y el mundo real en ámbitos diferentes y autónomos. Afirmaba Auden que un poema debe ser bello, es decir: una especie de paraíso terrenal verbal; pero también debe ser verdad, y que no se puede aceptar un buen poema si nos obliga a comulgar con ruedas de molino. Ésta es una de las razones por las que se decidió a eliminar "Spain" de su corpus poético. En dicho poema se nos dice que la "lucha" es más importante que sus consecuencias, y también que la bondad se identifica con la victoria final. Por decirlo con sus propias palabras: "He desestimado algunos poemas que escribí -y, por desgracia, publiqué- porque eran deshonestos [...]. Un poema es deshonesto cuando expresa -por muy bien que lo haga- sentimientos o creencias que nunca han sido los del autor [...]. Una vez escribí: 'La historia, por los derrotados / puede decir ¡qué lástima!, pero no puede hacer nada ni puede perdonar.' Esa afirmación significa equiparar bondad y éxito. Ya hubiese sido bastante malo creer en esta perversa doctrina, pero decirlo simplemente porque me parecía retóricamente efectivo, me parece inexcusable".
También eliminó de la primera versión de "En memoria de W.B. Yeats" las estrofas en las que decía: "El tiempo, que es intolerante con los valientes y los inocentes, e indiferente [...] a un físico agraciado, adora el lenguaje y perdona a todo el que vive de él; perdona la cobardía y la presunción, y pone sus honores a los pies de quienes han dedicado la vida al lenguaje". Y continúa diciendo:

Time that with this strange excuse
Pardon Kipling and his views,
And will pardon Paul Claudel
Pardons him for writing well.

[El tiempo, que con esta extraña excusa / perdona a Kipling y sus opiniones, /y perdonará a Paul Claudel, / le perdona [a Yeats] por escribir bien]

Esto suponía que las ideas de la gente de izquierdas, como las del mismo Auden en aquel momento, así como las de sus lectores, estaban en la supuesta "buena dirección" de la historia y que, por lo tanto, no necesitarían ninguna clase de perdón. Auden comprendió pronto que creer semejante proposición implicaba una autocomplacencia en cierto modo peligrosa (por no decir de un dogmatismo inaceptable), por lo que en el momento de revisar su obra se mostró menos dispuesto a alentar a sus lectores a una complacencia de este orden. Cuestionar en esas fechas la apropiación, por parte de un grupo u otro, la dirección de la historia, revela su compromiso con la verdad, así como un grado extremo de lucidez.

Salvador Oliva

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Melchor de San Bartolomé. Las cartas

"... por sus escritos y más por las cartas se puede dar a conocer un sujeto, mucho más que por sus palabras. [...] en las cartas, más que en otros escritos largos , experimentamos este efeto porque ora sea que el ímpetu del ingenio se cansa y quebranta allí menos, ora que para lo brebe se escoje lo más vivo y vehemente, suele persuadir y mover más una carta que un libro muy prolixo. Declárase en ella más la calidad, espíritu y talento del que escribe y en aquella façilidad y llanesa familiar se representa muy al descuido lo que apenas con mucho cuidado se puede significar de un interior."

lunes, 17 de septiembre de 2007

HUGO VON HOFMANNSTHAL, Balada de la vida exterior

Y crecen niños con ojos profundos,
Que nada saben, crecen y mueren,
Y prosiguen los hombres su camino.

Y los frutos acres se endulzan,
Y caen de noche como pájaros muertos
Y yacen unos días y se pudren.

Y siempre sopla el viento, y siempre de nuevo
Percibimos y hablamos muchas palabras
Y sentimos el placer y el cansancio del cuerpo.

Y los senderos cruzan la hierba y hay lugares,
Aquí y allá, llenos de antorchas, árboles y estanques,
Y amenazantes y mortalmente marchitos...

¿Por qué fueron creados? ¿Y nunca
Se asemejan y son inumerables?
¿Qué alterna risa, llanto y palidez?

¿De qué nos sirve todo esto, a nosotros y a estos juegos,
Pues somos mayores y eternamente solos,
Al caminar, no buscamos ya objetivo alguno?

¿De qué sirve haber visto a menudo tales cosas?
Y, sin embargo, mucho dice el que dice "anochecer",
Una palabra de la que chorrea melancolía y dolor

Cual densa miel de los huecos panales.


Texto extraído de:
HUGO VON HOFMANNSTHAL, Poesía lírica, seguida de Carta de Lord Chandos
Imagen extraída de:
deviantART

domingo, 2 de septiembre de 2007

lunes, 6 de agosto de 2007

Charla



- ¿Sabes cómo me gustaría que fuera el mundo?
- ¿Cómo?
- Me gustaría que todo fuera invisible, incorpóreo.Y que nosotros tuviéramos la consciencia de que existimos sólo porque somos capaces de emitir palabras.
- "Hablo, luego existo" -le contestó sonriendo- Y eso, ¿qué ventaja tendría según tú?
- Pues... que entonces, las palabras serían la realidad. Si dijera árbol, el árbol sería la misma palabra. No sería el de la izquierda o el de la derecha, ni el más alto ni el más bajo, sería sólo eso, lo que he nombrado.
- Pero así, no habría diversidad, un árbol siempre sería igual a otro.
- No, porque para eso estarían los adjetivos. Si digo que hay un árbol de un verde maravilloso, sería maravilloso de verdad, para mí y para ti, si fueras el que me oyera nombrarlo.
- Ya hay cosas maravillosas en el mundo, no hace falta que seamos invisibles para que existan.
- Pero no todos tenemos acceso a ellas. Además, eso no es lo importante de la cuestión.
- ¿Que es....?
- Que si todo fueran palabras no habría dudas, ni mentiras. Si te digo que estoy caminando no podría engañarte porque el verbo sería el hecho. Me creerías.
- No sé si me gustaría un mundo en el que no existiera la duda, el misterio de lo que no conocemos o de lo que no queremos dar a conocer.
- Ya. Pero en un mundo así las cosas serían lo que son, no serían ambiguas ni falsas. No habría lugar para la mentira, las palabras no podrían usarse para la manipulación por muy bien engarzadas que estuvieran las unas con las otras, porque las cosas se harían reales a medida que las fuéramos nombrando.
- No sé cómo se te ocurren cosas tan..., tan...
- ¿Tontas? Porque me gustaría que todo fuera más simple.

sábado, 4 de agosto de 2007

Descifrar lenguas desaparecidas


Los pueblos de la antigüedad hablaban lenguas diferentes de las actuales. Los sistemas para representarlas gráficamente, mediante la escritura, era muy variados y no siempre intuitivos. Podían consistir en sistemas fonéticos, como nuestro alfabeto, donde cada símbolo representa un sonido (un fonema); sistemas silábicos, en el que cada símbolo representa una sílaba; sistemas logográficos, es decir, donde cada símbolo se corresponde con una palabra o con un concepto; sistemas semasiográficos, formados por dibujos que representan el concepto cifrado... Incluso podía ser que los signos no se correspondieran con la manera de hablar.
Algunas de estas lenguas han evolucionado dando paso a las lenguas actuales, que conservan algunas características de las ancestrales. Eso nos pude dar algunas pistas sobre como interpretarlas. Pero la mayoría de ellas se extinguieron y llegaron a nosotros únicamente en forma de documentos escritos, que ya nadie sabía leer. Frente a un mensaje escrito en una lengua extinguida, ¿cómo se ha de abordar su interpretación? ¿Cómo se puede conseguir descifrarla?
En primer lugar, es necesario distinguir entre descifrar la escritura y descifrar la lengua. Cuando se descifra la escritura se trata de averiguar cómo se leían los mensajes escritos, es decir, a qué sonidos hablados correspondían los símbolos escritos, etc. Eso permite leer la lengua en voz alta, pero no significa que entendamos lo que se dice. Descifrar la lengua, entonces, corresponde al trabajo de entender el significado de los símbolos y la gramática que siguen, con el objetivo de comprender los mensajes que encierran. Existen lenguas, como el ibérico, cuya escritura se ha podido descifrar, pero poco se sabe del significado que ocultan sus textos.
Cuando se está delante de un documento escrito en una lengua desconocida y lo queremos descifrar, lo primero que se hará será aventurarse a suponer cuál deberá ser el sistema de representación gráfica que seguirá: ¿fonético, como el nuestro?, ¿logográfico?, ¿una combinación de ambos? Si se da una equivocación en la predicción del investigador, no podrá llegar a ningún sitio. Eso es lo que pasó durante muchos tiempo con los jeroglíficos egipcios. Los investigadores estaban convencidos de que se tenía que tratar de un sistema semasiográfico, donde los dibujos deberían representar precisamente eso que la imagen mostraba. Asimismo, Champollion, en el siglo XIX, apostó por un sistema mixto fonético y logográfico y acertó.
¿Hay alguna cosa que pueda hacer que el investigador se decante por un sistema u otro? Se pueden contar cuántos símbolos diferentes se utilizan. Si hay pocos, entre 20 y 40, probablemente se trate de un sistema fonético o silábico. Si hay muchísimos más, probablemente se trate de un sistema logográfico, como el chino.
Una buena estrategia para comenzar a descifrar es partir de los nombres propios. Los nombres propios (de reyes, faraones, de lugares) suelen pronunciarse de formas muy parecidas en las diferentes lenguas. Si podemos contar con documentos bilingües que contengan nombres propios podremos comenzar a descifrar los primeros símbolos. O bien, los podemos encontrar en monedas, inscripciones funerarias, etc. Una vez obtenidos los primeros símbolos descifrados, el resto del proceso suele seguir una "reacción en cadena", puesto que unos signos llevan a otros, y así sucesivamente.
Finalmente, es necesario interpretar la lengua, entender aquello que dice. Los textos bilingües resultan de gran ayuda en esta labor. Por otro lado, si resulta que al descifrar la escritura descubrimos que la lengua está emparentada con alguna otra, podemos partir de sus similitudes. Si no se cuenta con ninguna de estas opciones, podemos acudir a otras estrategias más originales. Así y todo, todavía quedan lenguas, como la maya o la minoica, que se resisten a desvelar los secretos que esconden.

Extraido de diferentes notas
Imagen: El disco de Festos

viernes, 27 de julio de 2007

Octavio Paz. Las palabras

No me veo con los ojos: las palabras
son mis ojos. Vivimos entre nombres;
lo que no tiene nombre todavía
no existe: ADÁN DE LODO,
no un muñeco de barro, una metáfora,
ver el mundo es deletrearlo.

OCTAVIO PAZ, Pasado en claro, 1975

jueves, 26 de julio de 2007

Juan de Valdés. La sencillez y la eficacia comunicativa en la escritura

"...que todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera que, esplicando bien el conceto de vuestro ánimo y dando a entender lo que queréis dezir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula o razón no se pueda quitar ninguna sin ofender o a la sentencia della o al encarecimiento o a la elegancia."

JUAN DE VALDÉS, Diálogo de la lengua, 1535

domingo, 22 de julio de 2007

Jorge Guillén. Sobre las palabras.

Entre lector y autor no hay más que idioma,
Palabras y palabras y palabras
Que siempre se trascienden a sí mismas:
Transportan nuestra mente, nuestro mundo,
Lo que somos tenemos y queremos.
— «Nords, nords, nords».
— «Words, words, words». —No. Palabras prodigiosas.

JORGE GUILLÉN, De la expresión

sábado, 21 de julio de 2007

JULIO CORTÁZAR. Tome la palabra, pero tenga cuidado

Cuando el catedrático doctor Lastra tomó la palabra, ésta le zampó un mordisco de los que dejan la mano hecha moco. Al igual que más de cuatro, el doctor Lastra no sabía que para tomar la palabra hay que estar bien seguro de sujetarla por la piel del pescuezo sí, por ejemplo, se trata de la palabra ola, pero que a queja hay que tomarla por las patas, mientras que asa exige pasar delicadamente los dedos por debajo como cuando se blande una tostada antes de untarle la manteca con vivaz ajetreo.
¿Qué diremos de ajetreo? Que se requieren las dos manos, una por arriba y otra por abajo, como quien sostiene a un bebé de pocos días, a fin de evitar las vehementes sacudidas a que ambos son proclives. ¿Y proclive, ya que estamos? Se la agarra por arriba como a un rabanito, pero con los dedos porque es pesadísima. ¿ Y pesadísima?
De abajo, como quien agarra una matraca. ¿Y matraca? Por arriba, como una balanza de feria. Yo creo que ahora usted puede seguir, doctor Lastra.

JULIO CORTÁZAR, Último round, 1983

miércoles, 18 de julio de 2007

Somos palabras

En el principio

Si he perdido la vida, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua;
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios para desgarrármelos,
me queda la palabra.

BLAS DE OTERO, Verso y prosa, 1979