Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de septiembre de 2007

WOODY ALLEN. Novelización de los Tres Chiflados

"El destartalado Ford se detuvo ante una granja desierta y de él salieron tres hombres. Tranquilamente y sin razón aparente, el hombre de pelo oscuro agarró la nariz del hombre calvo con la mano derecha y lentamente se la retorció trazando un amplio círculo en sentido contrario a las agujas del reloj: un horrendo chirrido quebró el silencio de las Grandes Llanuras. 'Sufrimos', dijo el hombre de pelo oscuro. '¡Ay, la azaroza violencia de la existencia humana!'
Entretanto, Larry, el tercer hombre, había entrado en la casa y, no se sabe cómo, había conseguido acabar con la cabeza atrapada en un jarrón de loza. Andaba a tientas por la habitación y para él todo se había vuelto aterrador y negro. Se preguntaba si existía un dios o si la vida tenía sentido o si el universo obedecía a algún plan cuando súbitamente irrumpió el hombre de pelo oscuro y, tras encontrar un gran mazo de polo, empezó a golpear el jarrón para liberar la cabeza de su compañero. Con una rabia acumulada que ocultaba años de angustia por ese absurdo vacío que era el destino del hombre, el tal Moe destrozó la loza. 'Al menos tenemos la libertad de elegir', dijo Ricitos, el calvo, entre sollozos. 'Estamos condenados a muerte pero poseemos libertad de elección', repuso Moe, y dicho esto le metió los dedos en los ojos. ?Ay, ay, ay', gimió Ricitos, 'no hay justicia en el cosmos.' Cogió un plátano sin pelar y lo hundió entero en la boca de Moe."

WODDY ALLEN , Pura anarquía, Tusquets.

miércoles, 18 de julio de 2007

Somos palabras

En el principio

Si he perdido la vida, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua;
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios para desgarrármelos,
me queda la palabra.

BLAS DE OTERO, Verso y prosa, 1979

domingo, 15 de julio de 2007

Sueños

sábado, 14 de julio de 2007

Friedrich Nietzsche. Noche y música

"El oído, órgano del miedo, no ha podido desarrollarse tan ampliamente como lo ha hecho en la noche o en la penumbra de los bosques y de las cavernas oscuras, según el modo de vida predominante en la era del miedo, es decir, en la más prolongada de todas las eras humanas que jamás hayan existido: en la luz, el oído es menos necesario. De ahí el caráter de la música, arte de la noche y de la penumbra"

F. Nietzsche, Aurora


(A lo merjo por eso, a veces, se hace insoportable escuchar una canción hermosa)


Libro viejo

sábado, 23 de junio de 2007

Frank Sinatra. Ava Gardner


Los dos actores en el estreno de
Pandora and the Flying Dutchman
Fecha de la fotografía: 10 de enero de 1952
Imagen de Corbis

domingo, 17 de junio de 2007

sábado, 16 de junio de 2007

30 años de democracia en España. Lluis Llach. Respon-me


powered by ODEO

RESPÓNDEME
(RESPON-ME)

Amigo, que tantas veces me hablas
aquí sentado,
cabizbajo,
nunca has sabido
decir lo justo
De nuestro absurdo.

y hoy que tengo el cuerpo lleno de ansia,
mi sangre,
mis manos,
mis anhelos,
todos estos años
están gritando.

¿Quién venció?
¿Quién de los hierros forjados por las bombas
hizo un pueblo nuevo?
¿Quién venció?
¿Quién encima de tantos cuerpos chafados
levantó aquella casa para todos?
¿Quién venció?
¿Quién de la cama se levanta con el derecho
de ir por la calle sin tener miedo?
¿Puedes decírmelo tú?
¿Puedes decírmelo tú?
Sabes que nadie.
Todos somos vencidos;
todos hemos perdido.

Y, amigo, maldecirás con fuerza
esta noche
de la que somos hijos,
este destino,
nuestro ayer;
que nos ha traicionado.

Pero, amigo, más que buscar respuestas,
es necesario preparar
el fuego, el hogar,
tenemos que ganar
todos estos años
que están gritando:

¿Quién venció?

sábado, 9 de junio de 2007

Kevin Schwantz

En días como estos, en que disfruto viendo las carreras de moto GP, y cuando considero a Rossi el mejor piloto en muchísimos años, no puedo dejar de recordar otro gran piloto, que también hizo que vibrara de emoción con su manera de conducir. Recuerdo que vi la carrera del vídeo de abajo a las tantas de la madrugada y a pesar de la hora, ni pensaba en el sueño porque estaba viendo una carrera de aquellas que hace que te cueste mirarla sentada en el sofá.

domingo, 27 de mayo de 2007

domingo, 20 de mayo de 2007

Batalla naval. Historia de la Copa América


El País. Cayetano Ros 11/05/2007

La historia de la 'Jarra de las 100 guineas' está plagada de traiciones, armadores arruinados y reglamentos violados por los patrones más astutos. Todo ha valido a lo largo de más de 150 años con tal de acariciar su plata.

Cualquier aficionado a la vela recordará siempre dónde estaba y qué hacía ese día: 26 de septiembre de 1983. La BBC interrumpe sus emisiones para contar lo que está pasando en el puerto de Newport (Estados Unidos), a pesar de que no hay en liza ningún equipo inglés. Un revolucionario barco, el Australia II, se bate con el campeón más antiguo, Estados Unidos, que ha preservado la corona durante 132 años. Hay que deshacer el empate a tres. El defensor juega en casa y lo dirige Dennis Conner, conocido años después como Mr. America's Cup. El Liberty de Conner toma una ventaja que parece definitiva: 55 segundos a falta de la última vuelta. En un campo de regatas lleno de roles y una ligera brisa, muchos periodistas vuelven al puerto para anunciar los primeros la victoria estadounidense. Grave error. Tras la última izada del spinaker, el Australia II, capitaneado por John Bertrand, recorta tiempo y se pone en cabeza. Es una lucha feroz. La batalla más igualada. La más épica. Vence Australia por 41 segundos. Vence la tecnología. Escondida bajo las lonas que cubren el casco del Australia II, los aussies guardan un arma secreta: una quilla con alas, un diseño radical que da a la embarcación de 12 metros una velocidad superior en cualquier rumbo. Vence la psicología. Mientras iba avanzando en la Louis Vuitton (la selección del mejor desafiante), los australianos escondían cada día su nave. Ganaba y no lo veían. El defensor se asusta. Vence el deporte.

Abrumado por la victoria, casi avergonzado, el australiano John Bertrand murmura cuando ve llegar a Conner para felicitarle: "Dennis, no sé qué decir. Vaya regata, ¿no crees?". Secándose las lágrimas con un gran pañuelo rojo, Conner replica: "Lo hice lo mejor que pude, no puedo hacerlo mejor". Australia se lanza a la calle y su primer ministro, Robert James Lee Hawke, advierte: "Un jefe que despida a alguien por no trabajar hoy es un estúpido". Ha sido un shock comparable al día en que Maradona le marcó el gol del siglo a Inglaterra, el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca de México. O a cuando Mohamed Alí recuperó el título mundial de los pesos pesados ante George Foreman en Kinshasa (Zaire) el 30 de octubre de 1974.

Lo advirtió en su día el barón Bich: "Si quieres ganar a los americanos, tienes que actuar como un gánster atracando un banco". Su discípulo Bruno Troublé, fundador de la Copa Louis Vuitton, presenció en directo el atraco. "Me divertí mucho. Yo era capitán del equipo francés y, cuando lo eliminaron, pasé a trabajar para los australianos en su segundo barco", recuerda. "Ellos empezaron 3 a 1, sólo necesitaban una victoria, y Conner conocía perfectamente las aguas. Había ganado en 1977 y en 1980. Pero decidió jugársela. Arriesgó y perdió". Para Troublé, el genio del Australia II no fue su capitán, sino el diseñador, Ben Lexcen, inventor de la quilla alada. En realidad, Lexcen se llamaba Bob Miller, pero, tras un enfrentamiento con un socio en la empresa Miller and Whiworth, decidió cambiarse el nombre: Ben era el mote de su perro, y Lexcen, el primer apellido que encontró al azar en un listín telefónico.

"Britain rules the sea". Así fue durante siglos. El Imperio Británico gobernó en el mar hasta una tarde del 22 de agosto de 1851. Entre las brumas de la isla de Wight y la costa del sur de Inglaterra, una goleta adelanta la proa de un navío de la Armada británica. La reina Victoria otea el horizonte. La goleta que acaba de derrotar a lo más selecto de la marina real se llama América. La reina, que no ve al perseguidor, pregunta por el segundo, y la respuesta pasa a la posteridad: "Majestad, no hay segundo". Lo único que vale es ganar. El yate América, en representación del Club de Yates de Nueva York, ha desafiado al viejo mundo y se ha llevado las 100 guineas del Royal Yacht Squadron, el club de Cowes que dio la salida a esta primera regata. El trofeo pone rumbo a la joven democracia. Es el triunfo del Nuevo Mundo sobre el Imperio Británico. Así nace la Copa del América, que lleva el nombre de la goleta victoriosa, y no el del país vencedor. Los armadores del vencedor son jóvenes banqueros de Nueva York que venden su nave a un irlandés y regresan a casa convertidos en héroes.

O al menos así consta en la versión oficial. Luis Sáenz Mariscal, experto de la Copa y abogado español del Luna Rossa, entiende que los desafiantes estadounidenses regresaron a casa fracasados. ¿Por qué? Porque más que la gloria, lo que perseguían eran bolsas de dinero. Pretendían apostar grandes sumas con los ingleses, que se negaron tras haber visto cómo volaba el América. Y no habrían competido de no ser porque los estadounidenses se valieron de la prensa para llamar "gallinas" a los británicos y obligarles así a aceptar el reto.

En todo caso, la verdadera Copa del América no comenzó hasta 1887. Hasta entonces había sido "una regata de tres al cuarto", según Mariscal. Pero el 24 de octubre de ese año, el único armador superviviente del América, George L. Schuyler, decidió desempolvarla. "La Copa estaba muerta de risa en un armario, sus amigos se habían muerto todos, y a Schuyler se le ocurrió la genial idea de donarla con la condición de preservarla como desafío perpetuo para la competición amistosa entre naciones extranjeras", apunta Mariscal. Se trataba de una donación fideicomisaria: cedía la posesión, pero no la propiedad. Schuyler redactaba la versión definitiva del Deed of Gift, un documento de apenas dos páginas que establece las reglas del torneo. Y que incluye una frase convertida en infalible señuelo: cualquier club de yates del mundo podría retar al defensor. Éste se encargaría de organizar las regatas, por lo que arrebatársela sería una proeza. La única condición que ha perdurado hasta hoy es que el barco desafiante ha de ser construido en su país de origen. Schuyler donó la Copa al Club de Yates de Nueva York, del que era miembro, y designó a la Corte Suprema de Nueva York como árbitro en caso de disputas con el Deed of Gift.

Pasaron 100 años antes de que la Corte fuera requerida para mediar. Fue en 1988, y el aspirante neozelandés Michael Fay trató sin éxito de evitar que su monocasco aspirante, de 133 pies, se tuviera que enfrentar al ligero catamarán de Dennis Conner, del Club de San Diego. Una encerrona.

La brevedad del Deed of Gift ha sido una fuente interminable de interpretaciones. El primer desafiante, el inglés James Ashbury, fue obligado en 1870 a correr contra 14 yates de Nueva York. Toda la flota a por Ashbury, que luchó durante años hasta que logró, en 1871, que la pelea fuera barco contra barco (match race). Casi un siglo después, el 10 de agosto de 1964, se produjo la primera selección de los aspirantes de diferentes clubes en un formato parecido al que se mantiene hoy. Un paso fundamental que culminó el Australia II en 1983.

La Copa nació con un espíritu universal: el América ganó en 1851 con seis regatistas ingleses a bordo. Las restricciones nacionales son recientes. En 1958, el Club de Nueva York estableció que los diseñadores fueran del país de origen del barco. Y en 1980 se ordenó que los regatistas también fueran nacionales. No obstante, como la nacionalidad podía ser adquirida con apenas un caballo o un apartamento disponible, la regla tenía poca eficacia. Así que, cuando el Alinghi ganó la Copa, en Auckland 2003, retiró estas costosas limitaciones para diseñadores y tripulación. Y eso abrió el abanico a los participantes. Alemania, China y Suráfrica se han estrenado en Valencia.

Tras la derrota de 1983, la cabeza de Dennis Conner debería estar "cortada y puesta en el pedestal correspondiente al trofeo ausente", bromea Marcus Hutchinson, otro especialista entusiasta del trofeo. Lejos de eso, Conner volvió a competir en Perth en 1987 para recuperar la Jarra con el Star & Stripes de San Diego. Fue la gran revancha. Ronald Reagan recibió en la Casa Blanca a los tripulantes, aclamados por las calles de Nueva York. Conner se convertiría así, con cuatro triunfos, en el Señor de la Copa del América. Pero en el imaginario romántico de los aficionados está por detrás de Charly Barr, vencedor en 1899, 1901 y 1903. Hamish Ross, el historiador del Alinghi, retrata a Barr como un capitán escocés que se marchó a Estados Unidos, se nacionalizó y se enfrentó al establishment de los patrones norteamericanos. "Era bajito, pero muy agresivo. Corría muchos riesgos y murió joven, a los 46 años".

En la vela contemporánea, el mito más potente es Peter Blake, asesinado por unos piratas en el Amazonas el 5 de diciembre de 2001, mientras desempeñaba, con 53 años, exploraciones medioambientales en las aguas de Brasil. Blake fue un carismático aventurero ?ganó una Vuelta al Mundo y un Trofeo Julio Verne? antes de conquistar la Copa del América gracias a sus dotes organizativas. Lo demostró en 1995, cuando ganó la Jarra para un país de tres millones de habitantes, Nueva Zelanda, con un cuarto del presupuesto de su rival: el estadounidense de Conner. El Black Magic venció por goleada: 5-0. "A la caña, el trabajo de equipo de Russell Coutts fue brillante", evoca Bob Fisher, periodista presente en 13 ediciones. "Los regatistas contribuyeron al diseño y consiguieron dos barcos muy rápidos. Iban mejorando uno y otro, sucesivamente", añade. No sólo eso: Blake defendió la Copa en 2000, batiendo al Prada también por 5-0. También con Coutts en el timón. Fue la primera vez que un país distinto a Estados Unidos retenía el trofeo. Se disparó la celebridad de Blake y él prefirió marcharse a vivir con su mujer, Pippa, al país de ésta, Inglaterra, donde fue nombrado caballero del Imperio Británico. Blake se quedó con la gloria mientras el joven Coutts (Wellington, 1962) eligió el dinero. El que le ofreció Ernesto Bertarelli, magnate farmacéutico suizo, que desmanteló al campeón neozelandés, fichó a los mejores y asió el trofeo en Auckland 2003. La primera vez que lo lograba un club europeo. Vencedor de tres Copas consecutivas (1995, 2000 y 2003), Coutts pasó a ser el gran traidor de Nueva Zelanda. Fue antes de pelearse con Bertarelli y de que éste le cerrara las puertas para participar en Valencia 2007.

La Copa ha sido una vieja dama que ha atraído a los magnates y a la tecnología. Entre 1934 y 1937, el aviador y fabricante de aviones inglés Thomas Sopwith (1888-1989) lideró tres desafíos con sus yates Endeavour I y II, introduciendo avances científicos. Su contemporáneo Harold Vanderbilt (1884-1970), rey del ferrocarril en Estados Unidos, que capitaneó con sus propios barcos tres victorias en los años treinta. Antes, el físico italiano Guglielmo Marconi (1874-1927) fue el primero en retransmitir una crónica a través de ondas electromagnéticas para el New York Herald. El dueño del periódico, James Gordon, le ofreció 5.000 dólares para que emitiera por radio la Copa. Marconi desarrolló un sistema de antenas en dos barcos de vapor y, el 16 de octubre de 1899, los datos de la victoria del Columbia, patrocinado por J. P. Morgan, sobre el Shamrock de sir Thomas Lipton viajaron a través del espacio. En 1907, Marconi obtuvo el Premio Nobel de Física por su invento. Otro avanzado de las ondas, Ted Turner, fundador de la CNN, timoneó al ganador de 1977, el Courageous, y se presentó borracho en una conferencia de prensa.

La Copa sedujo a gentes del ferrocarril, los aviones, la televisión y, por supuesto, la informática. Larry Ellison, la segunda mayor compañía de software y novena fortuna mayor del planeta, sigue obsesionado con la Jarra. A tal fin destina el presupuesto más alto de la presente edición: 120 millones. Desde la goleta América, en 1851, hasta la botadura del Sui 100, del equipo Alinghi, han pasado 156 años y cientos de cambios tecnológicos. Los sextantes dejaron paso a la telemetría, y la madera, al carbono. Sólo una condición no ha variado en todo este tiempo: el caprichoso gobierno del viento.

El perdedor simpático

Thomas Lipton (1848-1931) fue el mejor de los perdedores, el más persistente de los aspirantes. Un escocés de origen norirlandés hecho a sí mismo que aprovechó su popularidad en Estados Unidos para expandir sus negocios del té. Después de más de 20 años intentándolo, Lipton consiguió un acuerdo con el Club de Nueva York por el que los barcos se construirían bajo las mismas reglas de diseño. El acuerdo supuso la aparición de la ostentosa clase J, que reflejaba la riqueza de los armadores. La II Guerra Mundial frenó la opulencia. Competir con la gigantesca clase J (1930-1937) era prohibitivo. Algunos miembros del club pensaban que la Copa era una reliquia. Afortunadamente, hubo líderes más progresistas que optaron por recuperar las pequeñas embarcaciones de 12 metros, que compitieron entre 1958 y 1983. Ya no era necesario que los veleros navegaran desde su lugar de origen, abriendo la participación a los más remotos países. Un desafío de Australia fue botado el 28 de abril de 1960 y la Copa dejó de ser solamente angloamericana. Desde entonces, las embarcaciones han tenido una base de diseño común, con excepción de la controvertida edición 27ª, en la que un clase J compitió contra un catamarán.

Bolígrafos, carreras y puñetazos

Marcel Bich (1914-1994), inventor e industrial francés, hizo fortuna con los bolígrafos que llevan su nombre. Y entre 1967 y 1980 lanzó cuatro desafíos franceses con escaso éxito. Invirtió 10 millones de dólares. En su afán por participar, promovió la aparición de la selección de desafiantes. Fue un millonario excéntrico recordado con cariño por quienes navegaron a sus órdenes. Paolo Martinoni, del Luna Rossa, estuvo entrenándose con él en octubre de 1979 en Newport. El barón Bich viajaba en un Rolls-Royce rosa acompañado de una secretaria rubia. Organizaba una gran fiesta por semana en su casa con candelabros de plata. Entonces, el barón cogía el micrófono y contaba historias divertidas. Una de ellas la vivió en persona Martinoni. En el entrenamiento del día anterior había habido una pelea furibunda entre el capitán Bruno Troublé y el táctico Marc Bonduel, después de un choque entre sus barcos.

A la mañana siguiente, Bich mandó construir un ring en el muelle y ordenó que Troublé y Bonduel se vistieran de púgiles y se golpearan hasta que vio derramarse la primera gota de sangre.

Pasiones de ?Il Avvocato?

Gianni Agnelli también se sintió cautivado por la Copa en 1983. Il Avvocato (1921-2003), fundador de Fiat, patrocinó el primer desafío italiano (el barco Azzurra) junto a Karim agá Jan, el príncipe heredero de una rama del islam, filántropo e hijastro de la actriz estadounidense Rita Hayworth. Entre Agnelli y el agá Jan atrajeron a un enjambre de empresarios. También se interesó John Fitzgerald Kennedy, amigo de Il Avvocato. El resultado fue la popularización de la Copa en Italia, enamorada de sus regatistas y de sus barcos. Sobre todo desde que Il Moro di Venezia, patroneado por el carismático francoamericano Paul Cayard, ganó la Copa Louis Vuitton en San Diego en 1992. Italia vivió las noches de las regatas pegada al televisor. Un éxito multiplicado ocho años después, en Nueva Zelanda. El Luna Rossa de Francesco di Angelis venció al América I de Paul Cayard, esta vez frente a los italianos, en lo que fue definido por Bruno Troublé como ?una pelea callejera? que acabó 4-3 para los latinos. La cultura velística había prendido definitivamente en Italia, el país, junto a Nueva Zelanda, más apasionado por la Copa.

domingo, 13 de mayo de 2007

El 2% restante.

No hace falta haber estudidado antropología para saber que todas las sociedades, en sus inicios, se han caracterizado por creer en fuerzas superiores que dirigían sus destinos. La hostilidad de la naturaleza, el dolor, la lejanía de las estrellas, hacen comprensible que buscaran una causa por la cual la subsistencia se les hacía tan difícil y finalmente, imposible, al menos a título individual. Estamos en los inicios del siglo XXI y las cosas no han cambiado tanto. Seguimos teniendo los mismos miedos a pesar de los avances tecnológicos, así que no es tan difícil de entender que el 98% de la población mundial siga creyendo en una fuerza superior y que el 50% la llame Dios.

Incluirme en el 2% restante se puede tomar como el deseo de formar parte de una minoría, y las minorías siempre se han relacionado con el concepto de élite. Mi caso no es este, ni tampoco un furibundo positivismo, ni siquiera se debe un rechazo a la espiritualidad. Tampoco me caracterizo por el escepticismo exacerbado. Mis conocimientos de ciencia y de teología son casi nulos, pero a pesar de mi ignorancia en esos temas me he formado una opinión con respecto a la existencia de Dios, dioses o el panteísmo.

Creo que la única fuerza que determina nuestra existencia, y la existencia de cualquier elemento, ya sea orgánico o no, es el azar. Una de las razones que me han dado más a menudo sobre la creencia de algo superior es el mecanismo de la propia naturaleza: la naturaleza es sabia y tiene que existir un plan superior que la dirige o una mano divina que está dentro y fuera de ella de manera omnipresente y omnipotente. Pero yo a esto me pregunto ¿en base a qué se dice que la naturaleza es sabia? ¿simplemente porque tenemos cabida en ella? No creo que los dinosaurios estuvieran de acuerdo con esta afirmación: la naturaleza no tenía cabida para ellos, sencillamente desaparecieron del planeta y no les debió parece una sabia decisión natural (en el caso de que a un dinosaurio le pudiera "parecer" algo). Creo que han exisistido más formas de vida que se extinguieron de las que existen en la actualidad. Y a mí eso me hace pensar que muchas formas de vida no eran perfectas puesto que no se pudieron adaptar al medio. Esto me recuerda más a las prácticas de un científico que no ha aprobado con buenas notas la carrera que a la inteligencia de la naturaleza. Churchill decía algo así como que los norteamericanos siempre aciertan pero después de haber agotado todas las soluciones equivocadas. Esta afirmación (que creo se puede aplicar a todas las naciones, no solo a los EEUU) se ajusta, más o menos, la opinión que yo tengo de la naturaleza.

Quizá nuestra existencia se deba sencillamente a que se dio la circunstancia de que dos o más elementos (células, átomos o lo que sea) se cruzaron en el momento oportuno, por lo visto en el océano, y surgió la vida de la que nosotros derivamos. ¿Por qué ese encuentro tiene que formar parte de un plan? Yo opino que existe un alto porcentaje de probabilidades a que ese nacimiento de la vida como nosotros la entendemos podría no haberse dado. A lo mejor existen planetas con las mismas características que la Tierra y sin embargo, no existe la vida. O planetas con características muy distintas, que harían imposible nuestra existencia en ellos, y sin embargo está habitado por seres muy distintos a nosotros. Todo esto me suena más a fruto del azar: un encuentro, una forma de vida; un desencuentro, una vida en potencia que no existe.

Otra de las razones que me han dado para la existencia de un ser trascendental es que nuestra vida no tendría sentido si estamos en este valle de lágrimas por casualidad y nos vamos de él sin saber por qué ni a dónde. Y no me explico por qué no puede ser así. A lo mejor no hay ningún sentido. Claro que esto es bastante angustioso y parecería un chiste absurdo (si no fuera porque cuesta un poco reírnos de nuestra propia muerte) sufrir tanto por algunas cosas sin importancia (casi todas) si al fin y al cabo, irremediablemente, pasaremos a ser nada, al menos nada "pensante". Creo que los existencialistas, abrumados por esta angustia, fue cuando empezaron a hablar de "la nada" y de "la náusea". Quevedo tampoco convivía cómodamente con el asunto de dejar de ser ("polvo sin sosiego"; "Fué sueño ayer, mañana será tierra;/poco antes nada, y poco después humo"). Debe ser un gran consuelo creer que nuestros actos terrenos tendrán una u otra consecuencia en un más allá, a ser posible, paradisíaco. Creo que también debe ser bastante tranquilizador (no tanto como lo del paraíso) creer que formamos parte de una plan trascendente que da un sentido a nuestra efímera existencia. Yo opino que no existimos por necesidad, sino por casualidad, y que lo único que tenemos es a nosotros mismos y a nuestras circunstancias (perdón por el tópico) y que por eso, a pesar de que el ser humano es un ser político, estamos abocados a la soledad y a la perplejidad que nos produce estar dentro de un universo infinito que se expande ciego, sordo e indiferente.

Siglo XXI: el 98% de la población mundial cree en una fuerza superior y el 50% la llama Dios

¿Está Dios en los genes?

El País. Ángela Boto 11/05/2007

El auge de la ciencia, que ha hallado una explicación racional a casi todo lo que sucede, no ha desanimado al 98% de la población mundial, que dice creer en una fuerza superior. Ante esa evidencia, algunos científicos se han puesto a buscar a Dios dentro del ser humano.

En los pucheros, en los que sufren, en los laberintos virtuales de la Red? Omnipresente, se busca a Dios por todas partes. El florecimiento del pensamiento científico parecía esbozar el final de la fe, el desvanecimiento de la espiritualidad trascendente. Dios dejaría de ser la justificación de los hechos inexplicables de la naturaleza porque la ciencia encontraría las respuestas, las razones. Han pasado dos siglos y el 98% de la población mundial afirma creer en una fuerza superior; el 50% la denomina Dios. Ante la evidencia, parece que la ciencia no ha tenido más remedio que plegarse a la búsqueda. Se busca a Dios entre las moléculas. Algunos investigadores escudriñan en el entramado celular del complejo cerebro Sapiens sapiens y otros rastrean la elegante doble hélice del ADN. ¿En qué lugar de la bioquímica se encuentra el templo del Altísimo? ¿Por qué tenemos fe?

Andrew Newberg, investigador de la Universidad de Pensilvania cuyo último libro se titula Por qué creemos lo que creemos, asegura que nuestro cerebro "es esencialmente una máquina creyente porque no tiene otra opción". Por su parte, Dean Hammer, genetista de los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU, afirma en El gen de Dios que "la espiritualidad es una de nuestras herencias básicas. Es, de hecho, un instinto. (?) Tenemos una predisposición genética para la creencia espiritual". El fundamento de tal afirmación no sólo lo sitúa en sus investigaciones, sino en una encuesta realizada por la institución a la que pertenece. Más de un tercio de los participantes aseguraba haber tenido algún tipo de contacto con una poderosa fuerza espiritual. Conviene apuntar que al mismo tiempo que se ha constatado un aumento de la fe, han disminuido las prácticas religiosas, subrayando de nuevo que, aunque a menudo se identifican, no es lo mismo religión que espiritualidad.

El área de la ciencia que más pistas ha recabado sobre la posible morada de Dios es la neurología; de hecho, hace años que se habla de una subdisciplina cuyo nombre lo dice todo: neuroteología. Claro que la realidad depende de los ojos que la miren porque los resultados de los experimentos sirven a unos para demostrar la existencia de Dios, y a otros, para afirmar que son la constatación de que el Supremo es sólo un producto mental más. Los más prudentes dicen: "Estamos biológicamente determinados para encontrar sentido a nuestras vidas. Sin embargo, si Dios es una mera creación de nuestro cerebro o no, todavía no está probado científicamente". Así contestaba Newberg por correo electrónico.

Newberg tiene experiencia en la exploración de lo divino en lo humano. Ha tomado numerosas imágenes de los cerebros de monjes de distintas confesiones y de otros voluntarios en estado de meditación u oración profunda. De este modo, ha visto que en los momentos álgidos se producen varios fenómenos neuronales simultáneamente. Aumenta la actividad en las áreas frontales encargadas de focalizar la atención, lo cual corresponde con la concentración propia de los estados de recogimiento profundo; también se observa una sobreactivación del sistema límbico, un grupo de estructuras asociadas a las emociones y a la memoria. Pero el hallazgo más sorprendente fue que al mismo tiempo se desactivan los lóbulos parietales, las regiones situadas aproximadamente debajo de la coronilla en los dos hemisferios. Se podría decir que esta área es la residencia del sentido del yo, es donde radica el concepto de individualidad. La reducción de la actividad durante la meditación o la oración tiene como consecuencia la disolución de las fronteras entre el yo y el entorno y conduce a la sensación de comunión con el universo, de pertenencia a la totalidad. Exactamente lo que describen los que alcanzan un estado profundo de trascendencia espiritual, de misticismo.

Uno de los pioneros de la búsqueda de Dios en el laberinto neuronal es Michael Persinger, neurocientífico de la Laurentian University (Canadá), que hace 20 años escribió un libro titulado La base neurofisiológica de la creencia en Dios. Persinger estaba interesado en descubrir por qué personas de distintas confesiones, culturas y estatus sociocultural podían experimentar estados de iluminación tan similares. Para ello comenzó a aplicar campos electromagnéticos débiles, pero muy precisos, al cerebro de quienes se prestasen. El objetivo era encontrar el área cerebral y la configuración electromagnética que permite a algunas personas experimentar la presencia de seres sobrenaturales. El 80% de las personas que se pusieron el famoso casco de Dios describieron cómo se habían encontrado con la divinidad. Aquellos que ya tenían experiencias previas aseguraron que las sensaciones generadas por el casco eran las mismas que las espontáneas. El propio Persinger, no siendo creyente, experimentó un contacto con Dios mientras aplicaba los campos magnéticos a otro. Para este neurocientífico, la morada de Dios se encuentra en los lóbulos temporales, las regiones del cerebro situadas sobre las orejas. Las conclusiones de Persinger estuvieron en entredicho cuando un grupo de investigación sueco no pudo reproducir sus resultados. La polémica se cerró sin un acuerdo claro.

Los más evolucionistas se preguntarán qué interés evolutivo puede tener para el ser humano la capacidad para tener experiencias místicas. "El cerebro nos da dos funciones básicas: automantenimiento y autotrascendencia. Nos ayuda a adaptarnos y cambiar a lo largo de la vida. La religión y la espiritualidad también nos proporcionan estas funciones básicas, así que ofrecen beneficios sustanciales al individuo", dice Newberg. Dean Hammer comparte su opinión: "Sostengo que uno de los papeles más importantes de los genes de Dios en la selección natural es proporcionar a los humanos un innato sentido del optimismo". Y el optimismo, opina, "mejora la salud humana y prolonga la vida". De hecho, la mayoría de las personas que han vivido una experiencia mística dicen que su vida mejoró y su percepción del mundo cambió. Según Hammer, ese efecto se debe a que esas personas están obligadas a plantearse "la cuestión más importante de la vida: la consciencia. (?) Sin ella no sabríamos quiénes somos ni adónde vamos. Sin embargo, nunca pensamos en ella". Cabe añadir aquí los estudios que indican que la meditación y las creencias religiosas tienen un impacto positivo en la salud y en la longevidad.

Los trabajos de Hammer para buscar los genes de Dios parten de estudios con gemelos. Éstos indican que los gemelos coinciden en sus creencias espirituales más que los hermanos no gemelos. Tras rastrear fragmentos de ADN, el investigador identificó un gen conocido como VMAT2. Como todos, presenta unas cuantas variantes que se diferencian entre sí por algunas de las letras que lo componen. Hammer postula que las personas que tienen en su genoma una de ellas tienen mayor tendencia espiritual, más disposición a lo que describe como autotrascendencia. Curiosamente, el supuesto gen de Dios nos remite de nuevo al cerebro porque el VMAT2 controla el uso de un grupo de neurotransmisores muy interesantes. Entre ellos, la dopamina y la serotonina, dos moléculas asociadas con el placer y la felicidad y también con sus reversos: la adicción y la depresión.

Hammer no es el único experto que relaciona la doble hélice con la divinidad. Un científico del prestigio de Francis Collins, responsable del consorcio público que secuenció el genoma humano, afirma que estudiando el código genético ha encontrado a Dios porque una complejidad semejante sólo puede ser obra de un Creador. Eso sí, aclara que no cuestiona la evidencia de la evolución, pero en su opinión la teoría de Darwin no está reñida con la existencia de una inteligencia superior. Gregg Braden, un ingeniero que ha trabajado en el desarrollo aeroespacial e Internet, es otro buscador de lo divino que ha unido elegantemente ciencia y tradiciones espirituales y que también ha encontrado la huella del Creador en la doble hélice. En El código de Dios expone sus investigaciones sobre la Cábala, la lengua hebrea y su paralelismo con los elementos químicos que componen el código genético. Braden propone que el nombre de Dios está escrito en el ADN de cada una de nuestras células, Dios está en nuestro interior.

Buena parte de la comunidad científica no quiere ni oír hablar de Dios; unos, porque consideran que son campos radicalmente diferentes, y otros, porque los consideran incompatibles. Entre los últimos se encuentra el ferviente ateo y apasionado discípulo de Darwin Richard Dawkins. Este biólogo británico despliega su armamento para fulminar a Dios y defender la teoría de evolución, que, según él, explica la vida ?su último libro se titula El espejismo de Dios?. Dawkins habla sobre todo de religión, no de espiritualidad, y la considera una amenaza para la ciencia y para los espíritus racionales. Hammer, que lo menciona en varios capítulos de su libro, escribe que "irónicamente, al final ha resultado que Dawkins cree en una religión ?la ciencia? que sigue más por fe que por lógica". Por su lado, Newberg afirma que, "puesto que siempre estaremos atrapados en nuestro cerebro, todos nosotros, desde el más devoto hasta el ateo más recalcitrante, tenemos creencias. Simplemente son diferentes".

Y en el repaso de la búsqueda científica de la divinidad, es obligado mencionar la física. Michael Faraday, el descubridor de la inducción electromagnética, decía que "toda la materia se mantiene en su lugar gracias a una fuerza. Tenemos que asumir que detrás de esa fuerza existe una mente consciente e inteligente". Casi dos siglos después, la física persigue la llamada partícula de Dios, es decir, el bosón de Higgs. El apodo viene de que esta escurridiza partícula parece haber existido sólo durante una decena de segundos después del Big Bang, pero en su corta existencia podría haber originado toda la materia. A pesar de que los físicos la buscan desde los años sesenta, aún no ha sido detectada. Dios se hace de rogar.

Algunos metafísicos proponen que Dios ha caído del cielo y que se está despertando en cada individuo para crearse a sí mismo a través de su propia criatura. De modo que tal vez haya que buscar a Dios en las acciones.




sábado, 28 de abril de 2007

miércoles, 25 de abril de 2007