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viernes, 28 de septiembre de 2007

28 de septiembre de 1973. Muere W.H. Auden


W.H. Auden, hombre de letras inglés nacido en 1907 en la ciudad de York, fue el heredero indiscutilbe del prestigio de T.S. Eliot, quien a su vez lo había heredado de W.B. Yeats. La fama le llegó muy pronto, inmediatamente después de la publicación de su primer libro, Poems, en el año 1928, cuando apenas contaba veintiún años. Poco antes de morir, había preparado la edición definitiva de su obra poética (poemas y pequeñas obras dramáticas en verso y prosa), que aparecieron cinco años después, en la Editorial Faber and Faber, editadas por su albacea literario, Edward Mendelson, con el título de Collected Poems. Este libro es su testamento literario.
Collected Poems es un libro ordenado cronológicamente, en el que se han desestimado muchos poemas, algunos de los cuales habían llegado a ser muy famosos, como es el caso de "Spain", que el poeta rechazó luego por razones morales, como veremos más adelante. En realidad, la revisión de su poesía (casi tan drástica como la que en su momento llevó a cabo Carner) fue el resultado de una razón ética más que estética: la convicción que un poema no puede expresar creencias que no sean las del poeta, por mucho que éste las juzgue retóricamente efectivas. Considero que este punto de importancia suficiente para dedicarle nuestra atención.
Según Auden, la poesía no puede estar exenta de las normas éticas, de las nociones de "lo verdadero" y "lo falso": un poema puede ser una mentira y, es más, una mentira poética puede resultar más persuasiva que una verdad expresada con poca elocuencia. Las palabras poseen en potencia la facultad de hacer un bien, o de causar daño, tanto si se trata de un discurso político como de las imágenes ordenadas de un poema. Para Auden, el efecto del lenguaje poético difiere esencialmente de la teoría moderna, que situaba la poesía y el mundo real en ámbitos diferentes y autónomos. Afirmaba Auden que un poema debe ser bello, es decir: una especie de paraíso terrenal verbal; pero también debe ser verdad, y que no se puede aceptar un buen poema si nos obliga a comulgar con ruedas de molino. Ésta es una de las razones por las que se decidió a eliminar "Spain" de su corpus poético. En dicho poema se nos dice que la "lucha" es más importante que sus consecuencias, y también que la bondad se identifica con la victoria final. Por decirlo con sus propias palabras: "He desestimado algunos poemas que escribí -y, por desgracia, publiqué- porque eran deshonestos [...]. Un poema es deshonesto cuando expresa -por muy bien que lo haga- sentimientos o creencias que nunca han sido los del autor [...]. Una vez escribí: 'La historia, por los derrotados / puede decir ¡qué lástima!, pero no puede hacer nada ni puede perdonar.' Esa afirmación significa equiparar bondad y éxito. Ya hubiese sido bastante malo creer en esta perversa doctrina, pero decirlo simplemente porque me parecía retóricamente efectivo, me parece inexcusable".
También eliminó de la primera versión de "En memoria de W.B. Yeats" las estrofas en las que decía: "El tiempo, que es intolerante con los valientes y los inocentes, e indiferente [...] a un físico agraciado, adora el lenguaje y perdona a todo el que vive de él; perdona la cobardía y la presunción, y pone sus honores a los pies de quienes han dedicado la vida al lenguaje". Y continúa diciendo:

Time that with this strange excuse
Pardon Kipling and his views,
And will pardon Paul Claudel
Pardons him for writing well.

[El tiempo, que con esta extraña excusa / perdona a Kipling y sus opiniones, /y perdonará a Paul Claudel, / le perdona [a Yeats] por escribir bien]

Esto suponía que las ideas de la gente de izquierdas, como las del mismo Auden en aquel momento, así como las de sus lectores, estaban en la supuesta "buena dirección" de la historia y que, por lo tanto, no necesitarían ninguna clase de perdón. Auden comprendió pronto que creer semejante proposición implicaba una autocomplacencia en cierto modo peligrosa (por no decir de un dogmatismo inaceptable), por lo que en el momento de revisar su obra se mostró menos dispuesto a alentar a sus lectores a una complacencia de este orden. Cuestionar en esas fechas la apropiación, por parte de un grupo u otro, la dirección de la historia, revela su compromiso con la verdad, así como un grado extremo de lucidez.

Salvador Oliva

lunes, 17 de septiembre de 2007

HUGO VON HOFMANNSTHAL, Balada de la vida exterior

Y crecen niños con ojos profundos,
Que nada saben, crecen y mueren,
Y prosiguen los hombres su camino.

Y los frutos acres se endulzan,
Y caen de noche como pájaros muertos
Y yacen unos días y se pudren.

Y siempre sopla el viento, y siempre de nuevo
Percibimos y hablamos muchas palabras
Y sentimos el placer y el cansancio del cuerpo.

Y los senderos cruzan la hierba y hay lugares,
Aquí y allá, llenos de antorchas, árboles y estanques,
Y amenazantes y mortalmente marchitos...

¿Por qué fueron creados? ¿Y nunca
Se asemejan y son inumerables?
¿Qué alterna risa, llanto y palidez?

¿De qué nos sirve todo esto, a nosotros y a estos juegos,
Pues somos mayores y eternamente solos,
Al caminar, no buscamos ya objetivo alguno?

¿De qué sirve haber visto a menudo tales cosas?
Y, sin embargo, mucho dice el que dice "anochecer",
Una palabra de la que chorrea melancolía y dolor

Cual densa miel de los huecos panales.


Texto extraído de:
HUGO VON HOFMANNSTHAL, Poesía lírica, seguida de Carta de Lord Chandos
Imagen extraída de:
deviantART

lunes, 10 de septiembre de 2007

Algernon Charles Swinburne

Nadie lo ha visto, nadie,
por encima de otros dioses y de las formas de las cosas,
raudo sin pies y volando sin alas,
insoportable, no revestido ni de muerte ni de vida,
insaciable, no conocido ni por la noche ni por el día,
el amo del amor y del odio y de la contienda,
que da una estrella y se lleva el sol,
que moldea el alma y la convierte en esposa estéril
del cuerpo terrenal, deplorable producto de arcilla,
que convierte las enormes ramas en llamitas
y limita el gran océano con un poco de arena;
que hace el deseo y decapita el deseo con la vergüenza;
que sacude el firmamento en su mano como si fuesen cenizas;
que viendo que la luz y la sombra son lo mismo
insta al día a que consuma la noche mientras el fuego devora un tizón,
golpea sin espada, flagela sin látigo,
Dios, ese mal supremo.

ALGERNON CHARLES SWINBURNE, extracto de Atalanta in Calydon

domingo, 9 de septiembre de 2007

Emily Dickinson. Poema 381 (1862)

No puedo bailar en puntas de pie-
nadie me lo enseñó-
pero a menudo, en mi mente,
un júbilo me posee,

que si tuviera conocimiento de ballet-
lo demostraría
en piruetas para palidecer a una compañía de ballet-
o enloquecer a una prima donna,

y aunque no tuviera túnica de gasa-
ni rulos en el pelo,
ni saltara en audicencias-como los pájaros,
con una pata en el aire,

ni sacudiera mis formas en bailes de plumas,
ni avanzara en ruedas de nieve
hasta quedar fuera de la vista, en sonido,
la casa me retiene tanto-

nadie sabe que conozco el arte
que menciono -placentera -aquí-
ningún cartel es mi propaganda-
me aclaman como en la Ópera-

Traducción de Silvina Ocampo

jueves, 6 de septiembre de 2007

Poética del Romanticismo

"La imaginación, más que la razón, es el camino para llegar a las más altas verdades, revelando sus poderes plenamente en la poesía más que en ningún otro lugar. Debe ser la poesía, por tanto -argumentan los románticos-, el instrumento supremo del conocimiento"

Hans Eichner, 1982

sábado, 1 de septiembre de 2007

DÁMASO ALONSO, Mujer con alcuza


"Conocemos la historia personal que generó uno de los poemas más impresionantes de las letras hispánicas del siglo XX: los Alonso contrataron en los primeros días de postguerra los servicios de una criada que los dejó, un tiempo después, para acudir a Murcia donde la reclamaba una antigua ama; supieron más tarde que, por culpa de un fútil descuido, la sirviente había sido despedida y que moriría al poco en un miserable asilo. En realidad, para eso se había ganado la guerra: para que todo fuera como antes y para que las criadas fueran poco más que un enser doméstico y los obreros saludaran quitándose ceremoniosamente la gorra... Nuestra criada, sin embargo, ha sido dotada por el poeta del atributo evangélico de las vírgenes prudentes (Mateo, 25) que es la alcuza con su buena provisión de aceite, o quizá de la lámpara de Diógenes, o quien sabe si de una luz parecida a la que viene del dramático quinqué que un brazo femenino aporta al apocalipsis en el Guernica de Picasso. Y el caso es que avanza -a medias entre la realidad y la escenografía simbólica- por un paisaje que pertenece, sin duda, a la guerra civil: "Entre zanjas abiertas a un lado y a otro, / entre caballones de tierra, / de dos metros de longitud, / con ese tamaño preciso / de nuestra ternura de cuerpos humanos."

Extraído de:
JOSÉ-CARLOS MAINER, Tramas, libros, nombres. Para entender la literatura española, 1944-2000, Anagrama, 2005.
Imagen:
A. Bouys. La fregadora


Mujer con alcuza
A Leopoldo Panero

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.

Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
...aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

...No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

...Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

martes, 7 de agosto de 2007

LUIS ROSALES, Porque todo es igual y tú lo sabes

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada del calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

LUIS ROSALES, La casa encendida, 1949

lunes, 6 de agosto de 2007

El verso, según Karl Vossler

"El verso es un Proteo: tal como Proteo surge tan pronto como el agua, tan pronto como fuego, tan pronto como culebra, tan pronto como buey, pero sin identificarse en ningún momento con el agua, el fuego, la culebra o el buey, así también puede surgir el verso ora con determinado número de sílabas, ora libre, ora con ritmo regular, ora con ritmo alterado, a veces ceñido en su sintaxis, otras con sintaxis entrecortada... y ninguna de estas propiedades señala su esencia más propia."

KARL VOSSLER, Formas poéticas de los pueblos románicos, 1960

viernes, 27 de julio de 2007

Octavio Paz. Las palabras

No me veo con los ojos: las palabras
son mis ojos. Vivimos entre nombres;
lo que no tiene nombre todavía
no existe: ADÁN DE LODO,
no un muñeco de barro, una metáfora,
ver el mundo es deletrearlo.

OCTAVIO PAZ, Pasado en claro, 1975

jueves, 26 de julio de 2007

Paradoja: figura retórica y desasosiego vital

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.
Lope de Vega

domingo, 22 de julio de 2007

Jorge Guillén. Sobre las palabras.

Entre lector y autor no hay más que idioma,
Palabras y palabras y palabras
Que siempre se trascienden a sí mismas:
Transportan nuestra mente, nuestro mundo,
Lo que somos tenemos y queremos.
— «Nords, nords, nords».
— «Words, words, words». —No. Palabras prodigiosas.

JORGE GUILLÉN, De la expresión

Garcilaso también juega con la [s]

En el silencio solo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba

Carlos Edmundo de Ory juega con la [s]

Soneto en eses

La díscola sílaba inconclusa
La hermosa sal inmensa en mi saliva
De tu salud sonora saco viva
sangre salvaje súbita y profusa

Música de sedienta cornamusa
Sones alisios de una brisa esquiva
Saltando suelta ysanta mi misiva
semántica en el seno de mi musa

Sede de seda de esos sabios labios
Salamandra secreta del soneto
Ósculo suave surto en mis escalas

Suma y simiente de mis sueños sabios
Serpiente musical soplo sujeto
siempre a sorpresas de sutiles alas.


viernes, 20 de julio de 2007

JOSÉ MORENO VILLA. "¿Para qué?"

¿Para qué todo esto: sacar esquejes y plantarlos,
soltar globos al polo, engendrar infelices niños,
leer de crímenes -todo es crimen en novelas, teatros,
cines y gacetas-,
aventar los delirios y mecer confianzas?
¿Para qué? ¿Para qué la rubia que se dilapida,
el chófer que apuñala en el merendero
y el libro de investigación criminal descubierto en el Vaticano?
¿Para qué la ceja fruncida y el aspaviento del marido,
la horca y la caja de la funeraria locuela?
¿Para qué la memtempsicosis, la mosca,
el canuto de recluta y la gota serena?
¿Para qué bendecir, maldecir, estrangular,
pavonearse sin sombrero y con junco,
decir a la joven mentiras sobre lo eterno
y sentarse con el wisky en los labios?
¿Para qué la ruta que termina en la selva,
el pájaro que no trae mensaje,
la novia que saca polvo de un pozo?
¿Para qué destrenzar y catalogar ideas
si luego viene el huracán y te arrodillas?
Hay, entonces, toda una claudicación
y tu plumero se empapa de barro.
¿Para qué los cincuenta años de amor
si has de entregar a tu novia un pelele de humo?
¿Para qué vencer resistencias inútiles
cuando la lechuza bebe aceite y le va bien?
¿Para qué los pasaportes internacionales
si las escaleras no llegan a su debido tiempo?
¿Para qué las gárgolas en agosto
y los tirantes en la bendita melancolía del Sahara?
¿Para qué yo, tú, él?
¿Para qué la brisa que orea los cementerios?

JOSÉ MORENO VILLA, La música que llevaba (1913-1947)

miércoles, 18 de julio de 2007

Si me llamaras...

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
- ¡si mi llamaras, sí; si me llamaras! -
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que beso,
nunca
desde la voz que dice: "No te vayas."

PEDRO SALINAS, La voz a ti debida, 1934




Somos palabras

En el principio

Si he perdido la vida, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua;
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios para desgarrármelos,
me queda la palabra.

BLAS DE OTERO, Verso y prosa, 1979

martes, 17 de julio de 2007

RAFAEL ALBERTI. La arboleda perdida.



"Yo no podía dormir, me dolían las raíces del pelo y de las uñas, derramándose en bilis amarilla, mordiendo de punzantes dolores la almohada. ¡Cuántas cosas reales, en claroscuro, me habían ido empujando hasta caer, como un rayo crujiente, en aquel hondo precipicio! El amor imposible, el golpeado y traicionado en las mejores horas de entrega y confianza; los celos más rabiosos, capaces de tramar en el desvelo de la noche el frío crimen calculado; la triste sombra del amigo suicida, como un badajo mudo repicando en mi frente; la envidia y el odio incofensados, luchando por salir, por reventar como una bomba subterránea sin escape; los bolsillos vacíos, inservibles ni para calentarse las manos; las caminatas infinitas, sin rumbo fijo, bajo el viento, la lluvia y los calores; la familia indiferente o silenciosa ante esta tremenda batalla que asomaba a mi rostro, a todo mi ser, que se caía, sonámbulo, por los pasillos de la casa, por los bancos de los paseos; los miedos infantiles que me invadían en ráfagas que me traían aún, remordimientos, dudas, temores del infierno, ecos umbríos de aquel colegio jesuita que amé y sufrí en mi bahía gaditana; el descontento de mi obra anterior, mi prisa, algo que me impelía incansablemente a no pararme en nada, a no darme un instante de respiro; todo esto, y muchas cosas más, contradictorias, inexplicables, laberínticas. ¿Qué hacer, cómo hablar, cómo gritar, cómo dar forma a esa maraña en que me debatía, cómo erguirme de nuevo de aquella sima de catástrofes en que estaba sumido? Sumergiéndome, enterrándome cada vez más en mis propias ruinas, tapándome con mis escombros, con las entrañas rotas, astillados los huesos.
Y se me rebelaron entonces los ángeles, no como los cristianos, corpóreos, de los bellos cuadros o estampas, sino como irresistibles fuerzas del espíritu, moldeables a los estados más turbios y secretos de mi naturaleza. Y los solté en bandadas por el mundo, ciegas reencarnaciones de todo lo cruento, lo desolado, lo agónico, lo terrible y a veces lo bueno que había en mí y me cercaba."

[ El estado de ánimo de Alberti, en medio del cual fraguó Sobre los ángeles]

lunes, 2 de julio de 2007

Charles Baudelaire. Le Vampire

EL VAMPIRO


Tú que, como una cuchillada,
Has entrado en mi corazón quejumbroso;
Tú que, como una manada
De demonios, enloquecida y adornada, viniste,

De mi espíritu humillado
A hacer tu lecho y tu dominio;
-infame a quien estoy ligado
como el forzado a la cadena,

como al juego el jugador empedernido,
como el borracho a la botella,
como a los gusanos la carroña,
-¡maldita, maldita seas!

He rogado a la rápida espada
Que conquiste mi libertad,
Y he dicho al pérfido veneno
Que socorra mi cobardía.

¡Ay! El veneno y la espada
me han desdeñado y me han dicho:
"No eres digno de que te liberen
de tu maldita esclavitud,

¡imbécil! -de su imperio
si nuestros esfuerzos te libraran,
¡tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro!"


Le Vampire

Toi qui, comme un coup de couteau,
Dans mon coeur plaintif es entrée;
Toi qui, forte comme un troupeau
De démons, vins, folle et parée,

De mon esprit humilié
Faire ton lit et ton domaine;
— Infâme à qui je suis lié
Comme le forçat à la chaîne,

Comme au jeu le joueur têtu,
Comme à la bouteille l'ivrogne,
Comme aux vermines la charogne
— Maudite, maudite sois-tu!

J'ai prié le glaive rapide
De conquérir ma liberté,
Et j'ai dit au poison perfide
De secourir ma lâcheté.

Hélas! le poison et le glaive
M'ont pris en dédain et m'ont dit:
«Tu n'es pas digne qu'on t'enlève
À ton esclavage maudit,

Imbécile! — de son empire
Si nos efforts te délivraient,
Tes baisers ressusciteraient
Le cadavre de ton vampire!»

lunes, 25 de junio de 2007

El artista de minoría o entre la espada y la pared

Pedro Salinas, "Defensa de la minoría literaria", en El defensor. Intr. de J. Marichal. Madrid, Alianza Editorial, 1967, págs. 219-21

"Mucha gente hay, ingenuos y superficiales, que, embrollado el juicio por esas denuncias contra el artista de minorías, creen a pie juntillas que cualquier escritor por su libérrimo albedrío puede opatr entre ser un artista para todos o serlo para pocos. Se supone que el mozo enfrentado con su porvenir de creador se detiene cogitativamente ante las dos formaciones, literatura primaria y literatura de minoría, hasta que de pronto, alcanzado por el soplo divino, se alista en el ejército de los escritores universales, o encantado por el murmullo seductor de las sirenas de minoría se embarca con rumbo a la isla fatal. (Lo cual me recuerda una función de teatro de allá de mis mocedades en que dos caballeros, felices habitantes de dos armaduras de guardarropía y en una decoración de sala de homenaje, se decían: "Nosotros los hombres de la Edad Media...".)
El argumento es malicioso porque propende a arrojar sobre el capricho o la voluntad del escritor difícil la explicación de su modo de ser artista, presentándole como voluntario reo de minoritarismo y dejando de lado otros factores esenciales. La verdad es que el temperamento de cada quien, las circustancias en que vive, el vaivén de las fuerzas literarias de su momento, un mandato superior a la simple decisión particular son los que deciden por qué camino va a echar el artista. No, el escritor minoritario no es un jovenzuelo que una mañana se levanta y empujado por el ardor de su nueva vocación exclama jubiloso: "¡Voy a ser artista de minoría, voy a ser artista de minoría!".
Todas esas extraviadas presunciones se fundan en la ignorancia del fenómeno de la creación artística. El escritor honrado (queda aparte, claro, el buscón literario que se despepita picarescamente para darle por el gusto al público más sencillo y busca a las gentes las cosquillas donde quiera que las tenga con tal de sacarse unas pesetas más) al poner la pluma en el papel no está calculando cantidades de público, no piensa en sus lectores aritméticamente. Sin duda, detrás del acto de escribir tiene que sentirse como indispensable la presencia invisible del prójimo, de otras almas presentes y futuras; porque sólo cuando lo escrito se reaviva en ellas, alcanzará la evidencia de lo que ya es, de lo que existe por sí.
La faena del poeta es hacer comunicable a otros la experiencia de vida que constituye el poema. Ni piensa en docenas, ni se imagina millones. El poema es una soledad; abierta sí a todos en cuanto que es comunicable y convivible, pero cerrada en su origen, la intuición inicial del poema, donde un hombre solo, y en su resultado, las palabras inalterables, la forma única, distinta de todo lo demás, que toma para vivir. Su peculiaridad consiste en su hallarse en esa zona fronteriza entre insobornable soledad e inmensa compañía, entre el individuo que sintió a solas en el seno de su alma la voz de ángel, y el poeta que la convierte en una realidad participable a un número indefinido de gentes."

Extraído de:
JUAN MANUEL ROZAS, La generación del 27 desde dentro. Ed. Istmo, 1986

domingo, 24 de junio de 2007

JAIME GIL DE BIEDMA, No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Poemas póstumos, 1968